Lo único que me queda

ought-sun-coming-down-disco

Hugo y yo estamos en el balcón del piso de Jhonni. Hugo acaba de decir: “¡Puto Jhonni, siempre se pilla pisos con vistas de la hostia!”. Desde el balcón se ve media Barcelona.  El Barça se acaba de ir 0-2 al descanso y la mayoría de catalanes está eyaculando frente a un televisor. En la calle no hay casi nadie. Hugo encuentra a una persona paseando por un parque y estira el brazo con el dedo extendido y dice entre risas: “¡LO APLASTOOOOOO!”. Yo pienso que si me tiro desde este undécimo piso de Sants sí que no dejo ni el pendiente. Jhonni sale al balcón. Dice: “Mirad qué terraza tiene ese piso”. Hugo y yo seguimos su dedo y encontramos un ático con una terraza del tamaño de 200 cabezas de José Manuel García-Margallo juntas. Una puta terraza gigante. Hugo se agacha y suelta: “¡MIRA, ESTÁN VIENDO PORNO!”.  Me agacho y veo una tele en la que hay manchas que se mueven siguiendo una cadencia folladora. Yo digo que sí que es porno y Jhonni se ríe y dice que seguro que no y vuelve adentro. Va a empezar la segunda parte.

Iniesta acaba de marcar un puto golazo y Jhonni da un salto y lo celebra y Hugo y yo resoplamos y entrecerramos los ojos. Yo me hundo en el sofá. Luego Luis Suárez marca otro y Hugo dice: “Mierda, ya no voy a ganar la porra” y yo le pregunto si se acuerda de lo que le he dicho mientras veníamos aquí. Le he dicho: “mmm un 1-0 me parece un buen resultado para una porra, tío, es un resultado muy de Benítez”. Muy de Benítez. Puto pusilánime sin personalidad. Entonces Hugo y yo nos despedimos de Jhonni y caminamos un rato y Hugo se pilla una bici y se va a cenar con su novia y, de vuelta a casa, yo pienso en la rabia que me da ser del Madrid ahora mismo. Llego a Entença y comienza un nuevo capítulo de lo que mi colega Tomás llamó, con una precisión espantosa, Miedo y asco en Barcelona. De pronto me da por caminar rápido. Siento una necesidad imperiosa de llegar a casa. No sé por qué. No sé para qué. En casa no hay nada. Probablemente, tampoco nadie.

En el ascensor me doy cuenta de lo fumado que voy. Abro la puerta de mi habitación y enciendo el ordenador y me tumbo boca arriba. El elemento común a todos los episodios de Miedo y asco en Barcelona es estar tumbado boca arriba escuchando música.

Me estoy meando. De camino al baño me cruzo con mi compañero gallego. Creo que se llama Héctor. Me dice que su primo se ha dejado un trozo de tarta, y que si la quiero. No me fío un pelo de este tío. Nuestras conversaciones nunca han pasado del “¿Qué tal?” y ahora me ofrece un trozo de tarta. Le cuento que acabo de ver el fútbol con mis amigos albano kosovares y él dice que le parece estupendo. Meo y vuelvo a mi habitación. Me vuelvo a tumbar y busco en la carpeta de discos pendientes algo que me saque del fango.

Pongo el  de Cloud Nothings & Wavves y lo quito a los dos minutos. No me apetece. Encuentro Sun Coming Down, el segundo de Ought. Aprieto el botón derecho del ratón y se despliega un menú y le doy a la opción Reproducir con VLC.

Suena una guitarra mareada y aparece Tim Darcy. Estoy mirando el techo. Justo en la mitad hay un cable del que cuelga la pieza en la que encajas la bombilla. No sé cómo se llama esa pieza. Cuando llegué a este piso, Giorgio, mi casero, me dijo que la bombilla se había fundido y que pillara una. Hace tres meses de eso y aún no he pillado ninguna. Creo que no voy a pillarla nunca. Darcy sigue a lo suyo. No sé qué mierda hacía este disco en la carpeta de discos pendientes.

Ought molan un capazo. More than any other day, su anterior disco, fue la cosa más imperfecta y emocionante e inflamable que escuché el año pasado. La banda sonaba a mala hostia envuelta en ironía. Darcy, Beeler entonces, se ponía a divagar y de pronto decía: “¡COÑO, QUE A NOSOTROS NOS MOLA WIRE Y TELEVISION!” y entonces la cosa se iba a tomar por culo y tú dabas palmas y decías: “¡JODER, QUÉ GUAPO!”.

Ahora suenan más centrados. Darcy sigue escribiendo como un Mark E. Smith menos cínico y cantando como un Tom Verlaine hijo de la edad del xD. Se siguen acordando de Wire, de Mission of Burma y de los primeros Talking Heads. Suena The Combo y por mi cabeza campa a sus anchas una frase en Times New Roman 72. No la puedo decir hasta que termine el disco, ¿vale? Soy periodista y mi capacidad de anál…

ought

Mierda. Se me ha escapado. Quería decir que lo más guapo de Ought es que han entendido que en la palabra Postpunk, la parte del post es tan importante como la parte del punk. No hace falta tener una voz grave y llevar un abrigo elegantísimo para utilizar esa palabra. Y solo un integrante de Protomartyr puede pillarme a la salida de un bar y pegarme una hostia por afirmar esto.

Papa-pa-papa-pa-papa-pa. Se llama Beautiful Blue Sky. Television, pero ahora a través de Guided by Voices. Suena guapo. Un minuto. Aparece Darcy entonando como si siguiera siendo (solo) un poeta. Se está enfadando. Tiene un papel delante lleno de renglones torcidos. Está en un ascensor y quiere ser simpático. Dice: How’s the church?/ How’s the job?/ Beautiful weather today. Lo repite: How’s the church?/ How’s the job?/ Beautiful weather today. Se da cuenta de que no puede parar de repetirlo. Y entones suelta: I´m no longer afraid to die/ Cause that is all that I have left/ Yes! Yes!/ And I´m no longer afraid to dance tonight/ Cause that is all that I have left/ Yes! Yes! Te cagas. La banda ha frenado un poco, pero él sigue adelante. Guapísimo cómo se recrea en la s: YESSSSSSSSS!. Aquí está todo, joder: ese momento en el que estás buscando curro y te preguntan por tu nivel de neerlandés y tiras el ordenador por la ventana y te diriges a tu habitación a taparte hasta la cabeza y a dejar que pase el temporal pero a la mitad del pasillo te das la vuelta y dices ¿QUÉ HOSTIAS? y te pones a saltar y a bailar y a reírte. Acabo de gritar: ¡DIOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSS! Abro los ojos y veo que he extendido los brazos y tengo los puños apretados. Entonces la banda para y se quedan solos Darcy y Tim Keen, batería. Darcy coge el micrófono como si fuera a violarlo. Repite: I´M NO LONGER AFRAID TO DIE/ CAUSE IS ALL THAT I HAVE LEFT/ YES! YES!/ AND I´M NO LONGER AFRAID TO DANCE TONIGHT/ CAUSE IS ALL THAT I HAVE LEFT/ YES! YES! Pura catarsis. Una puta pasada.

Llaman a la puerta. Es Yiannis, mi compañero griego. Dice: “Perdón, ¿me puedes explicar cómo funciona el horno? Es que no lo entiendo”. Pongo mi sonrisa de: “Tranquiiiiiiiiiiiiiiiiiiilo, maldito heleno ensandaliado, voy a ayudarte. Estás salvado”. Él respira. Se lo explico y me dice que gracias. Vuelve a pedirme perdón. El cabrón se pasa los días pidiendo perdón. Tío, si tus charlas con tus compañeros de piso no sobrepasan las 15 palabras, no puedes malgastar 8 diciendo “perdón”. PERDÓN. PERDÓN. PERDÓN. Hasta los huevos del perdón. Pobre diablo. No sé qué le pasa.

Vuelvo a mi habitación. Darcy sigue cantando. Se arrastra y luego se levanta. Sigue hablando de la épica de lo cotidiano a un nivel al que solo están hablando cuatro o cinco: Kurt Vile, Courtney Barnett, Parquet Courts, Protomartyr…y pocos más. Ought huele a banda de sesudos que piensan en lo estúpido que es decir en una entrevista cuáles son tus influencias. Desbordan inteligencia. Y son divertidísimos. Yo no sé qué más le puedes pedir a una banda, de verdad. Entonces pienso en que hace tres meses que no puedo decir la palabra JUGOSO y digo en voz alta: “¡QUÉ DISCO TAN JUGOSO!”.

Me acuerdo de un fragmento de El Cadillac de Big Bopper que Muriel me pasó ayer. El fragmento dice: “Sería una tontería decir que la música me salvó o curó, pero en mi rutina diaria de baños calientes, abrir latas de cerveza y comida, lo que más me sostenía era la música: no porque me ofreciese salvación (eso no hay nadie que te lo solucione) sino por el consuelo que me daban sus promesas, sus chispas de vida, su salvaje y poderoso arco sináptico que enlaza espíritu, mente y carne”.

Eso es lo que llevo un rato queriendo decir.

Entonces pienso en Yiannis y saco el portátil al salón y vuelvo a poner el disco y llamo a su puerta y abre y lo cojo del pescuezo y lo llevo al salón. Nos decimos:

-Tío, tienes que escuchar esto y dejar de ser tan correcto.

-Ah, gracias, pero es que tengo que estudiar. Perdón. –dice, agachando la cabeza.

-¡QUE LO ESCUCHES, COPÓN! –le suelto, sobrexcitado.

Entonces se sienta y lo escucha y cuando suena Beautiful blue sky y Darcy dice que ya no tiene miedo a morir porque es lo único que le queda y que ya no tiene miedo de bailar esta noche porque es lo único que le queda, Yiannis me sorprende. Se pone de pie y cierra los ojos y empieza a mover los brazos a lo Ian Curtis.

El disco termina y Yiannis abre los ojos. Dice: “Me tengo que ir a estudiar”. Le digo que vale. Justo cuando va a decir PERDÓN trago mucho aire y extiendo mi dedo índice y lo coloco a diez centímetros de su cara y creo que los ojos se me van a salir de las órbitas y él balbucea: P…P…PER… Y se calla. Está acojonado. Le cojo del hombro. Sonrío y le digo: “Tío, somos muy feos, somos feísimos, pero tenemos la puta música”. Me quita el brazo de su hombro y se da la vuelta. Entra en su habitación. Oigo el sonido de un pestillo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio