Ha publicado un nuevo álbum, Elements. Un disco que, según afirma el artista en una entrevista concedida al diario El País, le sirve para experimentar los elementos que componen una composición musical, ya sean rítmicos, melódicos, etc. En el disco se aprecia un valor añadido de experimentación sonora, tanto como instrumental. Y para resaltar esa búsqueda de los elementos podemos ver en Drop una simplificada melodía de piano que marca las negras de un 4 por 4. Es una delicia escuchar una repetición a forma de delay manual en un tema como Mountain o el frenesí de Twice con las manecillas de un reloj atacando al tiempo. Nada en este disco está muerto, el reloj, los ecos, las notas, su escritura en el papel, hasta la intensidad del grafito, todo eso es visible con la mayor de las delicadezas. Elements es metal puro, quien no haya escuchado metal nunca no podrá entender esa cadencia absorbente que marca la guitarra y en este caso un cello. La piedra angular de este disco deshace lo dicho hasta hoy. Ludovico ha creado una obra obnubilante para el clásico, para el moderno y para el metalero.
Si bien el minimalismo emotivo de Ludovico es estremecedor hay que apuntar a una repetición estilística en cierto tema, Night. No es un paso atrás, pero quizá una limitación que se impone a la evolución de una obra. Las principales diferencias que uno puede ver es que Ludovico ha dejado de hacer música programática para hacer música supraprogramática. Se desmarca con este disco de su anterior obra, de un Le Onde más cercano al new age calzado por Suzanne Ciani y a los inicios del género que propició Satie. Este es un disco coral en el que integra dentro de su piano primitivo los instrumentos que la matemática ha creado, los sonidos que artificialmente se han generado en el modernismo. Y lo más importante: este disco por primera vez no pinta un cuadro, propone una selección de colores y los pincha en el hueso. Aún así, víctima de sus pasiones relame el final del LP con tres variaciones a piano solo.
Todo esto lo he escrito mientras escuchaba el disco por tercera vez. Cuando estaba sonando Twice, ha pasado algo. Sin querer he puesto un tema de Wavves que sigue absolutamente el mismo tempo con una guitarra que el que marca Ludovico con las manecillas del reloj que antes mencionaba. No me he sobresaltado, ha sido cuasi natural. Quizá es porque por esta noche Elements ha desnudado mi concepción obstinada de la música aprendida, y he entendido que las distancias entre el tempo, el vals, un piano clásico y una guitarra punk son simplemente temporales, y que en ningún caso atenderán a los engarces de la trascendencia humana.
Elements – Elements (2015)
+10 minutos


Con elements estoy escribiendo yo mi novela. Es sencillamente brutal (curiosamente Night es mi canción favorita).