King Gizzard & The Lizard Wizard: Esas bombas están cogiendo polvo (repaso discográfico)

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Este texto va a morir joven. Como todos en este campo de lágrimas virtual, oigo que dices, pero no.  Este texto va a morir joven porque, seguramente, cuando hayas terminado de leer este párrafo, King Gizzard & The Lizard Wizard habrán publicado otro disco. La cosa empezó así: Stu Mackenzie juntó a seis sangones de Melbourne y les explicó que tenía un plan. Era 2010. Seis años –y diez discos– después, el tipo sigue refiriéndose a la banda como ‘un gran proyecto’. Suenan armónicas, flautas y theremines. Bien, hagamos recuento: banda-como-gran-proyecto, armónicas, flautas y theremines. Estás en lo cierto, King Gizzard tienen todas las papeletas para ser el último peñazo interplanetario. Pero olvídate. No son los herederos de Arcade Fire. De hecho, son el anti Arcade Fire. Y por eso molan tantísimo. Ya no son un secreto: Castle Face se fijó en ellos hace dos años y están empezando a copar portadas. Ojalá salgan hasta en Jara y Sedal, copón. Hay quien dice que malgastan su talento publicando tanta música. No se han enterado de nada: lo de KGLW no puede ser de otra forma. Aquí tienes uno de los sacos de canciones que puedes estampar en la cara a ese «viejoven» que dice Desde los 90…na de na. Aquí tienes una de las tres o cuatro bandas más excitantes y divertidas y emocionantes de nuestros días. Dios les bendiga.

  • ANGLESEA / WILLOUGHBY’S BEACH (2011, AUTOEDITADOS)

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King Gizzard & The Lizard Wizard saludaron al mundo con este par de epés. Aunque estaban lejos de lo que son hoy, ya se perciben ciertos matices de su personalidad: garaje suicida, distorsión e imaginario fantástico. Ahí están Eddie Cousin Lunch meatSi solo hubieran publicado esto, jugarían en la -gloriosa, eso sí- segunda división de esa liga que han fundado entre Melbourne, Brisbane y California. Lo mejor es que solo se estaban desperezando.


  • 12 BAR BRUISE (2012, FLIGHTLESS)

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Primer largo, primera (gran) muestra de personalidad. En 12 Bar Bruise, Mackenzie y sus zanguangos dejan claro qué tipo de banda pueden llegar a ser. Aquí hay riffs de la hostia, melodías salvavidas, homenajes convertidos en parodias, garaje, surf, rock and roll y psicodelia incipiente. El hilo conductor, que sublimaron años después, es la consciencia de que no se necesita ningún hilo conductor que no sea la excitación. Y que el resto es para los mediocres. Los críticos que hablan de música-como-si-la-música-fueran-matemáticas dirán que 12 Bar Bruise carece de unidad estructural y que las canciones no tienen nada que ver entre sí. Yo no me atrevo a decir esas gilipolleces cuando cada canción me provoca espasmos de felicidad. Quiero decir: escucha esto. Y esto. Y esto. Esta es la obra maestra de los primeros King Gizzard. Y recordad, amigos, que es su primer largo.


  • EYES LIKE THE SKY (2013, FLIGHTLESS)

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Publicas un álbum que te encumbra como una de las bandas a las que seguir la huella. Se empieza a hablar de ti. ¿Qué haces en tu siguiente disco? Está claro: un audiolibro narrado por el padre de uno de tus cantantes en el que cuentas la historia de un tipo que se llama Miguel O’Brien y se convierte en un héroe llamado, claro, Eyes like the sky. Esta frikada sigue presentando en sociedad  aspectos de la personalidad de King Gizzard: son los reyes del troleo y recuperan y desarrollan hilos de sus discos anteriores (Eyes like the sky es la continuación de Sam Cherry’s last shotsexta canción de 12 Bar Bruise). Esto es spaghetti western: Ennio Morricone, vaqueros de mirada torva, indios…ese rollo. PD: narra el padre de Ambrose Kenny Smith, Broderick Smith.

PD2: Smith padre fue el cantante de The Dingoes.


  • FLOAT ALONG-FILL YOUR LUNGS (2013, FLIGHTLESS)

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Y la psicodelia apareció. Es cierto que ya estaba, pero no era protagonista. En su quinto disco, King Gizzard se suman de una forma más explícita a la ola colocada australiana. Lo hacen sin dejar de ser ellos: Mackenzie y los suyos no son psicodélicos a la manera de Tame Impala. Son menos canónicos, y entienden esa corriente estilística como un hilo conductor que vertebra su sonido y les permite explorar sin corsés. Lo dejan claro en la jam que abre el discoCuando los cánones dicen que hay que hacer guiños a la psicodelia y acabar el álbum con una canción larga, los de Melbourne le dan la vuelta a la tortilla.  Head on/Pill  son 15 minutos de sonidos frondosos que marcan el principio de los nuevos King Gizzard. La banda que mezcla garaje y psicodelia como si quisiera acabar con las fronteras entre ambos empieza aquí. El resto del álbum es interesante, pero no está a la altura de la primera canción. Y no importa un pijo, honestamente.


  • ODDMENTS (2014, FLIGHTLESS)

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En su cuarto álbum en 18 meses, KGLW bajan el pistón. Sin ser un mal disco, Oddments supone el primer trabajo de los australianos –estaremos de acuerdo en que la broma de Eyes like sky es divertida– que no resulta brillante y excitante y emocionante. Podría ser el mejor disco de muchas bandas, pero Mackenzie y los suyos ya habían demostrado que lo suyo está muchos pasos por delante. Oddments transmite la sensación de ser un compendio de descartes de sus anteriores discos. El rollo es que, cuando tus referencias anteriores son tan descomunales, las sobras siguen siendo sabrosas. Ahí está el humor de Vegemite, el blues –o el blues según KGLW– en It’s got old,  y la melodía melancólica ¿y autoparódica? de Crying. No es un paso en falso, ni siquiera un derrape. Es como si estuvieran tomando oxígeno para lo que vendría después. Porque ojo con lo que vendría después.


  • I’M IN YOUR MIND FUZZ (2014, CASTLE FACE)

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Este disco es para dejarlo todo y dedicar tu existencia a (volver a) darle al play cuando termine. No es una exageración. KGLW sublimaron su sonido en una colección de canciones que se te mete en los sesos y te los fríe y provoca que te pegues cabezazos contra la superficie que tengas más cerca. Las cuatro primeras canciones son lo más animal que he escuchado en mi vida. Suenan encadenadas. Exploran recovecos y vuelven a la melodía principal, que dura menos de tres segundos. Mackenzie, vacilón, repite I´m in your mind. Todo eso a una velocidad del carajo. Luego bajan el pistón, porque no quieren matarte; solo hurgar en tu cabeza. Lo consiguen. Se recrean. I’m in your mind fuzz no es un disco redondo –ninguno de KGLW lo es–, pero tiene momentos que superan todo lo que se ha hecho en los últimos 16 años. Así que escúchalo, por los clavos de cristo.


 

  • QUARTERS! (2015, CASTLE FACE)

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Quarters! es el álbum más clásico de KGLW. A lo largo de cuatro canciones -de diez minutos y diez segundos cada una- los australianos interpretan su versión del canon psicodélico. Quizá sea el álbum en el que están más cerca de Tame Impala. Al menos, espiritualmente. Quarters! parece el resultado de una fumada monumental con marihuana de mierda.  Todo está bien tocado y cantado y estructurado, pero falta algo. No hay rastro del garaje enloquecido ni de las melodías pegajosas que desbordan el resto de sus discos. Por primera vez, son predecibles. Hay momentos brillantes –fíjate en ese folk alucinógeno escuela Pentangle o Led Zepp de The river–pero Quarters! acaba siendo aburrido. Y deja algo muy claro: King Gizzard & The Lizard Wizard son grandes –gigantes– cuando le dan la vuelta a los cánones y se ríen y se cagan en ellos. Cuando siguen las reglas, son una (buena) banda más.


  • PAPER MÂCHÉ DREAM BALLOON (2015, FLIGHTLESS/ATO)

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Esto me ha pasado dos veces: le hablo a alguien de KGLW. Le cuento que me follan la cabeza cada vez que los escucho. Salivo. Hablo de mezclar garaje y psicodelia como si se quisiera destrozar las fronteras de ambos. A los pocos días, la persona en cuestión me cuenta que ha escuchado el último disco de la banda…y que no ha encontrado nada de eso. Es lo que pasa cuando una banda es demasiado buena para estar encasillada en términos como neo garaje psicodélico. En su noveno largo, KGLW se lanzaron al folk-pastoral-de-botas-manchadas-de- mierda-de-vaca-y-tallo-de-trigo-en-la-boca. Lo guapo es que aquí –a diferencia de lo que pasa en Quarters!– sí son ellos. Fíjate en TrapdoorEstá todo eso y también el nervio maniático que les ha hecho grandes. Paper Mâché dream balloon es la enmienda a Quarters! y deja claro que KGLW no necesitan pisar el acelerador para robarte el alma.

 


  • NONAGON INFINITY (2016, FLIGHTLESS/ATO)

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Después de la psicodelia clásica y el folk campestre, KGLW decidieron volver a pisar el acelerador. Dice Stu Mackenzie que este disco estaba grabado antes que Paper Mâché…, pero que no era el momento de publicarlo. Lo dice como si pensara que no estábamos preparados. Y puede ser. En Nonagon infinity, los australianos se acuerdan de los cuatro primeros cortes de I´m in your mind fuzz y tiran del hilo. ¿El resultado? Una bomba -psicodélica, garajera, casi metalera, casi progresiva, casi punk, ya sabes- de 40 minutos que recupera la idea de bucle. En 2016, cuando nadie escucha discos enteros. Vaya huevos molineros. Como si fueran negros en una iglesia buscando la respuesta en la repetición de la fórmula, estos siete zanguangos le dan vueltas y vueltas a un par de melodías. Las moldean, las pulen, las paren, las escupen. Delante de ti. Dice Mackenzie: «Para escuchar apropiadamente este disco hay que reproducirlo en un aparato digital». La última canción enlaza con la primera y tú te ves envuelto en un bucle. Eterno. Obra maestra.

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