Voy a derribar tu puerta: «Sorry ma, forgot to take out the trash» y los discos sobre preguntas

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El tío no es Shane McGowan. Dice que es el más punk de Murcia, pero no es Shane McGowan. Lleva las gafas de Jorge Javier Vázquez y una gorra con una visera plana homologada como pista de aterrizaje de Boeing 747. Dice que no hay nadie más macarra que él. Me he acordado de Shane McGowan porque el tío tiene un jaleo de cojones en la boca. Los Alpes, los Andes, el Himalaya y los Urales juntos, me cago en dios. Ha venido a decirme que por qué voy de guay. Como el pobre diablo no es capaz de regular el flujo de mierda que sale de su hocico, me baña en saliva. Dice: ¿Por qué vas de guay? Yo me quedo mirando al billar. El tío dice: ¿Es que no sabes que yo soy el más punk de Murcia y el más macarra? Yo llevo años perfeccionando una sonrisa salvavidas –salva la mía, en concreto– que dice: Pues mira, me has pillado de buen humor y no te voy a matar a palos, cuéntame tu vida. Le pregunto por qué es el más punk de Murcia. Él dice: ¿Por qué vas de guay? Yo no sé qué decir.

¿Por qué voy de guay? ¿Por qué voy de algo? ¿Voy de algo? ¿De qué voy? ¿Voy? Yo qué mierda sé. Sé que el primer disco de los Replacements me voló la cabeza. Sé que hace dos años que lo descubrí y que constantemente me vienen a la cabeza frases de esas canciones. Sé que este álbum me rebanó el pecho y me llegó al corazón y superó ese filtro mío que consiste en que algo me provoque espasmos y apretar los puños y gritar ¡¡UUUUUUUUH!! ¡ES ESTO, ES ESTO, ES ESTOOOOOO!! y dar palmas mientras lo escucho. Sé que leí que este disco fue publicado en 1981 y que me quedé pasmado porque pensé que se había editado la tarde anterior. Sé ese tipo de cosas.punk-sin-dientes

Han pasado varios días. Sigo sin tener la respuesta a la pregunta del falso Shane McGowan, pero no dejo de pensar en el debut de los Replacements y en el resto de discos que han dado respuesta a las preguntas que me han surgido durante los últimos 23 años o que me han dicho que igual no hay respuesta. Ahora estoy escribiendo esto y suena Kick your door down. Paul Westerberg canta como si le hubieran pegado una paliza y siguiera farfullando desde el suelo. Tiene la boca llena de sangre y nadie le entiende. Dice:  Your radio is playin’ rather loud / It don’t sound like me/ Your attitude you know, not so proud/ That don’t bother me/I’m gonna keep on knockin’/ Gonna keep on poundin’/I knock, I’m gonna pound/ I’m gonna knock. Nadie entiende una palabra. Él se da cuenta y aprieta la mandíbula. Sintetiza. Suelta: I’m gonna kick, kick your door down/Gonna kick, kick your door down. Y yo me vuelvo a cagar en dios e intento buscar una parcela de mi vida a la que no pueda aplicar esas palabras. Y entonces me doy cuenta de que esa parcela no existe y me pregunto qué mierda hago pensando en mi vida como si esto fuera de levantar tabiques entre tu vida profesional y emocional. Y me acuerdo de preguntas que me han hecho mientras sonaba esta música.

Preguntas que me han hecho mientras sonaba el debut de los Replacements:

¿Pero por qué estás tan enfadado? Contexto: Este disco sonando a todo trapo en mi habitación y una exnovia entrando en mi habitación y quedándose ojiplática. Yo no sé qué estaría haciendo ni qué cara tendría.

 –¿Me estás diciendo que quieres comprarte un tocadiscos para escuchar discos como ESTE? Contexto: Mi padre y yo en su viejo Citröen Xantia. Sonaba este disco. Hablábamos de aspiraciones vitales.

¿The Ripleisqué? Contexto: Sábado por la noche en Sala B. Mi colega Perico y yo pidiendo Takin’ a ride. Este disco sonaba en nuestras cabezas.

¿Y por qué parece que no duermes? Contexto: La redactora jefe de Cultura de El Periódico diciéndole a un fotógrafo que me distinguiría por tener mucho pelo, ser delgado y tener cara de no haber dormido. Este disco se disparó en mi cabeza.

Ahora que lo pienso, cuando el falso Shane McGowan me preguntó por qué iba de guay, este disco también se disparó en mi cabeza. Todo en él es para ir de rodillas hasta Minneapolis –océano incluido- y besarle los pies a la madre de Paul Westerberg. Posiblemente tenga el mejor título de la Historia: Sorry ma, forgot to take out the trash. BAM. Mira, mamá, se me olvidó sacar la basura. Y aquí está. Toda la puta basura: 18 canciones cantadas y tocadas como si 1977 nunca hubiera existido; como si esta fuera la primera vez que la premisa para tocar rock n´roll fuera tocar A TODA HOSTIA.  Frustración, agitación, emoción desbordante, mala hostia, ídolos a punto de caer, juventud…aquí está todo, tío.

Paul Westerberg fue Renton antes de que Renton existiera. Guapo, inteligente, rabioso, enamoradizo, borracho y con una pluma que robó el alma a los que no se creen a Springsteen. Y perdedor. Pudieron ser más grandes que Nirvana, Pixies y REM juntos, pero no. Dice Xavi Sancho que The Replacements encontraron un bar por cada puerta al éxito que se les abrió. Y claro, siempre ganó el bar: Westerberg, los hermanos Stinson y Chris Mars fueron expulsados de su primer concierto por llevar la cerveza de casa, tocaron crujidísimos en Saturday Nigh Live y se les vetó de por vida y gastaron casi todo el presupuesto del vídeo de Bastards of young en alcohol y luego decidieron que el clip mostrase el movimiento de un altavoz mientras sonaba la canción; y terminaron de petarlo, si es que la canción no era ya una razón de peso para crear la iglesia «Westerbergiana» y cagarle en la cara a todas esos seres inmundos de menos de 287 años que llevan náuticos y votan a partidos conservadores porque creen que tampoco es que necesitemos reventarlo todo para comenzar de nuevo.

Y entonces yo me acuerdo de mi padre preguntándome si de verdad quiero comprarme un tocadiscos para escuchar a grupos como este. Un grupo que se llama Los sustitutos. Un grupo que metió en un minuto y medio una historia que te vale para quemar bancos y para decirle a una chica que te gusta y que no ves del todo mal la idea de encamarte con ella. I’m in love with the girl who works at the store /where I’m nothing but a customer. Yo me meo encima. Y estoy pensando en buscar al falso Shane McGowan y ponerle esta canción y decirle que el punk no va de insignias ni de aburrir con charlas estúpidas. Ponerle Customer y dar una palmada. Decirle: Mira, tío, la definición de punk: tengo algo que contar, lo cuento y a tomar por culo.

Guiños a sus vecinos Hüsker Dü, canciones sobre reglas, buenos y malos y otras gilipolleces –acojonante ese Tell my about the city ordinance/Tell me that we’re insubordinate/Plan tomorrow, money to borrow/I couldn’t care less, de Careless–  y, en medio de todo, una oda romántica a un ídolo. Johnny’s gonna die. Otra letra para ponerte de rodillas y agradecer al cielo que La Unión venciese a los Estados Confederados. Westerberg anuncia la muerte de Johnny Thunders: se casca dos estrofas y un estribillo que son una tesis doctoral sobre cómo escribir sobre decadencia sin parecer retrasado y se apaga con un bye bye que pone los pelos de punta. Cómo no me voy a sentir identificado. Cómo no me iba a enfadar con mi colega Muriel cuando los vimos en el Primavera y ella dijo que vaya unos soseras.

Y, bueno, te propongo un trato: tú me dices cómo se le explica a un señor de 64 años que un grupo que suene a chicharras en celo se puede escuchar en vinilo y yo te cuento lo del día en que The Replacements fueron más grandes que los cuatros esos de Liverpool. ¿Hecho? Hecho.

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