Que sigan hablándonos

8/15/1983, Carol Guzy/Miami Herald Staff: Left to Right -Dick Yager; Martin Sher; Don Purvis; Les Schwartz browsing through old records. The South Florida Record Collectors sponsored a record- swap meet at American Legion Hall, Harvey Seeds Post No. 29, 6445 NE Seventh Ave. Admission $1. The meet featured various types of music, including classical, sound tracks, jazz, rock 'n' roll, pop, and rhythm and blues. It will also include music from such stars as Elvis Presley, the Beatles, Rolling Stones, David Bowie and Buddy Holly.

De entre los muchos colectivos animales o arbóreos por cuya supervivencia claman los siempre totalitarios adalides del ecologismo, bien sea el lobo asturiano, la orca patagónica o la medusa de Antigua y Barbuda, echo en falta el de un grupúsculo cada vez más reducido: los tenderos de discos. Quedan todavía –y que duren– no pocos especímenes de este sacrificado pero noble oficio, que aúna, a saber, las siguientes características: jovialidad y enternecedora guía de los chavales, contadores de batallitas con los de su generación, ávidos de interés por cualquier propuesta o movimiento que puedan ver o intuir en marcha; es decir, alguien que conoce y sabe distinguir la mercancía que está manipulando, por la que además siente singular respeto y pasión, como un viejo camarada de fatigas. Son, de hecho, tan reconocibles los distinguidos miembros de este disperso gremio, que uno, al entrar en los por lo general cálidos y abarrotados –no pocas veces caóticos– establecimientos, se siente como en casa, esté uno en el centro de Valencia, el último anillo suburbial de Madrid o en la Finisterra.

Sin embargo, hete aquí su principal amenaza: grandes almacenes o modernas cadenas especializadas, aquellas asilos de dinosaurios sin conocimiento alguno a no ser que se trate de Bertín Osborne, estas contratantes de jóvenes de buena pinta para sus fines –comerciales– a cambio de una miseria salarial, siendo así que al referirse a uno de estos grupúsculos cualquier consumidor desatento a las novedades, o interesado en rarezas varias, la principal reacción será la que mayor irritación produce: en lugar de disculparse por su desconocimiento, puesto que así debería ser exigido en su trabajo, se dirigen prestos al ordenador y, al término de la introducción del título demandado (si es en inglés dios nos asista en el entendimiento de los dinosaurios), te confirman “no lo tenemos pero te lo podemos pedir” o “se ha agotado, pronto recibiremos más”. De este modo, cual venta de zapatos, cojines o percebes, funcionan los centros mayoritarios de difusión cultural en España, sólo diferenciados ya de Amazon en una presencia física que, habida cuenta de una falta de humanidad inquietantemente similar, viene a importar bien poco.

Por estas razones no es de extrañar que, con total desfachatez, en los grandes almacenes de Murcia se me mostraran, en la misma puerta, unos horrendos y grandes cestos negros, casi ataúdes, a rebosar de discos, bajo un cartel que rezaba “LLÉVATE 3 POR SÓLO 15 EUROS”. Huelga decir que los imperativos publicitarios son particularmente ofensivos en tanto que presuponen en el comprador una idiotez congénita al mismo hecho de que esté comprando –ya se sabe, son los publicistas los que “mejor” nos conocen–, no hay más que ver el  reclamo de otro gran almacén de relativamente nuevo cuño, aquel del “Yo no soy tonto”, para constatarlo. Por otra parte está el hecho de que pagar, haciendo cuentas, cinco euros por disco, no termina de ser una cifra baja, teniendo presente que no se trata de novedades, sino discos salvo alguna excepción de escaso encanto; es más, la mayoría del conjunto lo conforman auténticas birrias o álbumes populares en su día, hoy arcaicos sin remedio. No obstante, también por iniciativa publicitaria, en esta serie de prácticas se omite la parte fundamental del asunto, que viene a ser el de una “Oferta de ocasión”, “Grandes rebajas de la Cultura” o “Liquidación de la Cultura”, cosa que, sabida la índole de las estrategias de la gran empresa y la globalización, efectivamente pasan por ahí y quizá sería una redundancia recordar.

En contraposición, es admirable la existencia de iniciativas prolongadas en el tiempo como el Record Store Day, combatiente incansable de tan lamentables procederes, y que si bien no busca –por imposible– ocupar el cada día más peregrino lugar que van dejando las viejas tiendas de discos, sí por lo menos pone a disposición de quien por allí pase, de una buena remesa en la que no entra cualquier mierda, actuando de paso como intermediadora entre compradores y vendedores; se propicia un diálogo en el que uno se puede dirigir al vendedor preguntándole por tal banda o este disco de aquella otra, y no recibir el frío espaldarazo del tecleo de ordenador, sino más bien lo contrario, un reconocimiento mutuo que reside en las huellas del territorio común, saber también, aunque de otro modo, que estás en tu casa y, solo por la mirada, os estáis diciendo : “Que no mueran y sigan hablándonos, impidamos mientras nos quede aliento que los sepulten antes de su verdadera hora”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio