(10 AÑOS DE WHATEVER PEOPLE SAY I AM, THAT’S WHAT I’M NOT)
Venga, esta vez vas a ser educado. Respira, rey. Toma aire. Cuenta hasta tres. Suéltalo. 1,2,3. Así. Eso es. Recuerda que esa forma de hablar tan violenta no te va a llevar a ningún sitio. Y no vale que digas que no es violencia, que es pasión. Nadie te va a creer. Seguramente tengan razón los hijos de puta. Los desdichados, quiero decir. Eso es, los desdichados. Vas a ir a la barra y te vas a rascar el bolsillo y le vas a invitar a un quintico. Cuando veas que te saca al de la coleta, le vas a decir que parece que el Madrid tiene mejor pinta con Zidane, ¿no? Después dirás: Vale que Zidane no tiene experiencia, pero yo creo que sabe gestionar al grupo, y, a estos niveles, lo más importante es la gestión de grupo. Él asentirá. ¿Qué otra cosa va a hacer? Asentirá. Todo va a ir bien. No te enfadarás y él a lo mejor mueve unos hilos y te consigue curro. Raro sería que mañana por la mañana no tuvieras una oficina en la empresa de su padre. SANTINI ROSE, RESPONSABLE DE PRENSA. Suena bien. Lo que pasa es que…no me jodas, rey. ¿Otra vez esa batería saliendo a matar y esa guitarra y ese zagal de 20 años escupiendo Anticipation has the habit to set you up? Mierda. No contaba con esto.

Se me va todo a la mierda. Adiós a la educación, adiós al oxígeno, adiós a la mesura política, adiós a la oficina en la empresa de su padre, adiós a la placa en la que pone SANTINI ROSE, RESPONSABLE DE PRENSA. ¿Pero sabes qué te digo? Es su puta culpa. No sé, no tengo nada contra los muertos que caminan, me parece muy bien que seas un señor de 65 años en el cuerpo de uno de 25. Me parece genial que digas que los periodistas tenemos que ser objetivos y que Spielberg no sabe hacer películas malas. Admiro que te hayas leído todos los libros de Vila-Matas. Me flipa que me cortes las alas cada vez que bebo de más y grito ¡VAMOS A LIARLA! Lo entiendo. Envidio que ahora pongas posavasos debajo de los vasos y que me mires mal cuando se me olvida que los vasos solo se pueden posar sobre los posavasos. No tengo nada contra ti, muerto viviente, puto zombi, pero no me toques los huevos. No me digas que Arctic Monkeys son para la adolescencia y que tú ahora escuchas Arcade Fire y Alt-J porque son súper trascendentales y viven al servicio de su musa. No sé, muerto viviente, déjame estar vivo. Déjame que salte cuando en cualquier bar suene una canción suya. Déjame que dé codazos y que alguien se me revuelva. En serio, déjame. Deja que siga cantando canciones sobre salir todos los fines de semana a los mismos bares y tirarle a las mismas chicas y que ellas te vuelvan a decir que no. Deja que siga volviendo a casa diciéndole a mi colega Gonzalo: eh, tío, pues creo que ESA me ha mirado. Déjame que me siga peleando con gente que dice que los Strokes y los Libertines y los White Stripes y los Arctic Monkeys son niñatos. Déjame que siga faltándoles el respeto. Déjame vivir, copón.
Piénsalo, muerto viviente. ¿De verdad te merece la pena esa rutina que llevas? Dime, puto zombi, ¿qué ganas dándome consejos rollo tío, deja de hacer el tonto por la calle o deja de hacer el ridículo o deja de escribir como si alguien le importara lo más mínimo que tu colega Checo fue a más revisiones de exámenes que a exámenes o creo que vas demasiado rápido con esa chica? ¿Qué ganas? Piénsalo, muerto viviente.
Joder, sabía que me iba a pasar esto. Yo quería escribir un texto sobre los diez años de Whatever people say I am, that’s what I´m not (Domino). He puesto el disco y ha pasado esto. Siempre me pasa. Pensaba utilizar palabras como hype y next big thing y revival. Va a ser imposible. Es que este disco…yo qué sé. Es oír a Alex Turner vomitar So what do you know?/ Oh you know nothing!/ Yeah, but I´ll still take you home/ Said I’ll still take you home y se me llevan los demonios. Descubrí a Arctic Monkeys poco después que a ese binomio salvador Libertines/Strokes. Ya había dejado de ponerme pantalones anchos para caer bien a los raperos y de intentar que me gustasen Estopa y Extremoduro y La Fuga y Marea. Whatever people say I am, that’s what I’m not va de eso: de estar perdido y de ser consciente de que estás perdido, de tener dos millones de contradicciones adentro, de agarrarte a cualquier cosa aun sabiendo que esa cosa tiene menos consistencia que la mierda de alguien con gastroenteritis, de saber que no todos tenemos los cojonazos de Bukowski para montar un ejército de uno solo. Y entonces resulta que escuchas a un tío de tu generación decir cosas rollo Bueno, puede que lleven Reebok clásicas/ O unas Converse destrozadas/ O pantalones de chándal metidos en los calcetines/ El tema es que no hay nada de romanticismo por ahí/ Y ahí está la verdad que ellos no pueden ver/ Probablemente les gustaría darme un puñetazo/ Si los pudieras ver, estarías de acuerdo en que no hay nada de romanticismo ahí. Y TE MEAS ENCIMA. Te habla a ti. Y han pasado diez años desde que se publicó.
Es la primera vez que tengo una sensación tan acojonante del paso del tiempo. Ayer se lo dije a mi viejo. Le dije: Papá, hace diez años del primer disco de Arctic Monkeys. Seguramente me habría entendido mejor si hubiera dicho: Papá, hace diez años que se publicó ese disco con el que yo estudiaba matemáticas, cuando me dijiste que normal que suspendiera matemáticas si estudiaba con esa jaula de grillos al lado y que yo pasé un poco de ti porque no podía parar de escuchar esas canciones. Mi padre se me acercó y me dio un abrazo y me dijo: tempus fugit, hijo. Entonces se ajustó su monóculo y me dijo que debería pasar por la barbería de su amigo Gregorio. Na, es mentira. Pero es gordo, ¿eh? Diez putos años.
No sé adónde va este texto. Suena Riot Van. Alex Turner canta que no es que hicieran nada malo, que solo corrían delante de la policía por la diversión. Mi colega Perico hizo su TFG sobre alcoholemia y su cita al margen fue ¿Has estado bebiendo, hijo?/ No me pareces lo suficientemente mayor/ Lo siento, agente, ¿hay una cierta edad que se supone que deba tener?/ Porque nadie me lo dijo. A veces cuento esa historia delante de él. Es una forma de decirle a las personas que no le conocen: joder, mirad cómo mola mi colega. El caso es que la cuento y él asiente todo el rato y cuando termino siempre dice: ¡¡MI TRABAJO, MIS REGLAS!! Es rara la noche que salgo con él y no discutimos con algún pinchacanciones. La más gorda fue en la planta de arriba de Sala B. Después de dos horas pidiendo Reptilia y de que el pinchacanciones pusiera un remix canceroso de Reptilia y de que yo estuviera al borde del colapso, mi colega no paraba de reír. La tenía guardada. Cuando nos fuimos, se acercó al pinchacanciones y le dijo: Mi abuela, ¡MI ABUELA!, pone mejor música que tú, ¿sabes?¡MI ABUELA! El pinchacanciones no se lo tomó muy bien, pero esa es otra historia. Salimos disparados. Me acuerdo de esa noche siempre que escucho From the Ritz to the Rubble. Alex diciendo Last night these two bouncers
And one of em’s alright y yo me froto las manos o me cojo la cabeza igual que con la batería de Reptilia. A veces grito: ¡¡Madre mía la que se nos viene encima!! A veces pataleo o pego puñetazos. A veces mi colega me pregunta cómo ha ido el finde y yo le digo: tío…last night these two bouncers…y el cabrón se parte el ojete.
Y suena A certain romance y esa estampa de Sheffield y Alex diciendo que, pese a todo, es de ahí y pienso en cómo han desarrollado su carrera y me siento extrañamente orgulloso de que él y Pete Doherty sean los Ray Davies y Paul Weller de mi generación y que quiero saltar y llorar y reír con estas canciones hasta que tenga las rodillas más jodidas que Ronaldo y no me queden lágrimas y no tenga fuerzas para reírme.
Y bueno, muerto viviente, puto zombi, dile a tu viejo que paso de su oficina. Dile que ya me buscaré la vida por otro lado. Ah, ¿que tampoco le ibas a decir nada? Bueno, ya. Qué raro.

