El parking del SOS 4.8 vive en todos

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¿De verdad no había otra opción mejor que venir a la puta puerta del SOS 4.8? Llevo 10 horas seguidas trabajando en un lugar cerrado con luz artificial y este lugar me agobia 7 veces más. Pero bueno, un par de codazos entre el gentío nunca sobra. Casi todos vienen por eso: los codazos, los pitillos, las camisas ombligueras, el calor testicular de los machos alfa, el alcohol, la desinhibición, la amiga que te dice de espaldas “te está mirando”, por la masa, por los brasas, por la violencia. Ni siquiera buscamos pasarlo bien, asumimos que lo haremos por estar entre vómitos. Nos gusta esa barbarie consentida, somos muchos justificando el destrozo, y el ayuntamiento debería dar gracias a que nuestros padres nos obligaron durante 18 años a llevar muda y dientes limpios. Me llama Elena. Dice que está discutiendo sobre la inmigración húngara con un polaco. Le digo que solo ese plan mejora quedarse en la puerta de un festival oliendo uretras. No entiendo que vaya a venir, pero lo hace. Mientras la espero, un argentino exige que compartamos un litro de cerveza. Digo que no y corriendo corrijo añadiendo ¿por qué no? Luego viene el cubano y un italiano y solo me falta preguntarle a alguien cuantos palomos le caben a cada uno en la polla (un chiste). El cubano me pregunta que si no voy a escribir nada. Le digo que no, que no me interesa este festival. Que ya hay muchos idiotas escribiendo sobre la misma historia y no creo que pueda aportar nada. Pero es mentira, todos mentimos. En realidad sí quería hacerlo. ¿Habéis estado en el parking del Eroski? Bueno, si sois festivaleros o simplemente os gustan las fiestas de las ciudades o los pueblos sin historia (véase Murcia) no os sorprenderá demasiado lo que os tengo que contar.

Según La Verdad, el dispositivo especial de limpieza ha recogido algo así como 17 toneladas de mierda que la gente amablemente ha depositado en la calle, coches y cualquier parte del mobiliario urbano. Esto se entiende si alguna vez has visto las pinturas rupestres con trazos de heces con las que los festivaleros decoran los meódromos portátiles. También se entiende dándose un paseo por el parking del Eroski. A ti, lector preocupado por el civismo, seguro que te da por pensar en la clase de gente que los puebla y no puedes dormir por sus motivaciones de asistir a la fiesta de la música. Bueno, seguro que ya has deducido que al SOS 4.8, como pudiera ser a cualquier otro, acude un gran porcentaje de gente por puro y necio ocio. Basta justificar tu asistencia por dos grupos que a penas conoces y esgrimir, más que cuestionablemente, un «así descubro más grupos». Aunque insultaría hasta desmayarme a esos pusilánimes sinsangre, les otorgaría un estimable grado de curiosidad felina de no ser porque a la hora de la verdad se quedan en el parking discutiendo o mofándose sobre Dios sabe qué. Es legítimo ser imbécil, pero hay que reconocerse en el espejo. Convendremos, por salud, que esa gente existe y confiaremos en que son los menos.

Me largué de donde estaban el argentino, el italiano y el cubano, buscando un poco de sosiego. Pero cuando uno pasea consigo mismo no puede evitar escuchar. «La gente no cambia, socio» revelaba un tío con tupé y costados rapados a otros dos con tupé y costados rapados. Conforme me acercaba al parking la intelectualidad solo crecía. Jóvenes, adolescentes, niños bebiendo. En el primer tercio coches abiertos con 1200W de reggaetón. Garrulos peripuestos babeándose, otros gritándose, la garrafa de jagger en una mano y el chorizo criollo en la otra, y la mirada perdida buscando vagina o pelea y debajo, sobre un charco, dos amigas que no se hablan y se preguntan por qué no llevan hoy zaragüelles para evacuar el chorro. En el segundo tercio una zagalica hablaba por teléfono sosteniendo a otra mediomuerta sobre sus muslos «¿Vas a tardar mucho? Porque vamos a llamar a una ambulancia, pero si quieres te esperamos». Sabes que estás ante la siguiente generación de oro cuando escuchas que una borracha con un cadáver encima puede esperar a otra a que venga de mear porque bueno, aunque el cadáver tenga los ojos en blanco y haya potado seis veces sobre su vientre, los comatosos son así de exagerados. La normalización del niño hambriento en TV. Y eso con 16 años. En el tercer tercio se esconden los leones viejos. Jóvenes que atravesaron los 30 y, renqueantes, se resbalan en el barro del guateque y acaban en una esquina, alejados porque no soportan el jaleo, alejados riéndose de sus novias y de sus jefes, para luego acabar limpiándose los calzoncillos al llegar a casa. Ratas cobardes.

Un McDonalds para gobernarlos a todos. Un McDonalds para encontrarlos, un McDonalds para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.

Paco Martínez vende discos, lleva gafas y un día me dio las buenas noches a las 22.00 horas metido ya en la cama. Por costumbre solo compro discos en vinilo de música clásica. Su frecuencia se adapta mejor a las limitaciones que impone el vinilo y siento justificado su uso en la era digital. En un costado del puesto de discos de Paco lo vi, un gordo calvo con gafas, el hombre que salvó a la guitarra española del flamenco más zafio y la devolvió a los entornos letrados; el filósofo y guitarrista Andrés Segovia. Claro que uno espera que un disco de este hombre tenga un gran valor. Pues no, 3€ por soltar frases como Interpretar es darle vida a la música, decirle como a Lázaro “levántate y anda”. Es vergonzoso puesto que el disco no tenía más surcos que los musicales ni más fisuras que las arrugas «segovianas» de la vejez. Le dije a Paco que lo quería y al ver el ridículo precio me dijo: ¿No quieres algo más y este te lo regalo? Por supuesto que quería algo más. Entre  todas las portadas brillantes, obscenas, minimalistas, ingeniosas, rosáceas, muchas llenas de miradas penetrantes posadas por los propios músicos, vi un arpa en mitad de un campo de cultivo (ahora es cuando puntualizo que muy de vez en cuando practico sexo a pesar de…). El disco lo firma Wim Mertens y atesora toda la belleza del mundo que, solo a través de él, podremos enseñarle a nuestros hijos cuando éste se vaya a criar malvas.

The Fosse suena en mi cabeza mientras paseo por el Eroski. Educes Me (1986) es uno de esos discos que hablan sobre el drama del ser sin perder la perspectiva de la emoción y su conexión con la naturaleza. Soberbio. Pero, ¿sabéis? Yo quería escribir sobre la buena gente. Joder la hay. El argentino era buena gente. El argentino era un apátrida dirigido por sí mismo y sustentado por un negocio de pulseras ambulante. Decía con ese acento obnubilante, «¿Cómo voy a venderle a un empresario mi tiempo por unas monedas? Mi tiempo es mío y yo le doy valor» ¡Joder! ¡Sí! Incluso vivió cómo unos hijos de puta esperaban a ver morir a su padre como los cazadores que aguardan la salida del corzo. Pensaba yo que no toda la gente en estos lugares es deplorable. Este hombre amaba la vida y la tierra, conocer, experimentar, pero, ¡ah! Siempre hay un, ¡ah! Este hippie abandonó a su hija a los nueve y con 36 años afirmaba que su hija viviría a través de la experiencia de su papá. Luego intentó vendernos las pulseras, luego desapareció. Se acabó el chiste: ni argentino, ni cubano, ni italiano ni palomos en la polla. El chiste resultó ser lo cíclico de la humanidad. En la música nos agarramos como un clavo ardiendo al en los 70 se hizo tal, en los 50 se hizo cual, ¿qué tienen que decir ahora? ¡Nada! ¡Está todo dicho! Y yo pienso en Woodstock y en cómo la perversión sigue intacta en el hombre entendido como mujer y hombre. Drogas, alcohol, sexo, y quizá violencia no, pero el respeto a la naturaleza lo cambiaría por ignorancia. Podríamos pensar No, no, es que esa gente fue por la música, ¡y un capullo! La previsión de la organización se hizo en base a términos musicales, pero se desbordó por el espíritu comunal, llamémoslo ocio. A día de hoy, con más o menos gorras, más o menos silicona en los labios, más o menos hamburguesas, seguimos haciendo lo mismo, buscamos en la ausencia de ley nuestro recreo. Nos da asco pasear entre ellos, pero ya lo hicimos y lo haremos. El ocaso de la civilización no es algo tan reciente.

Na, no soy tan gilipollas, no me meto con la gente que va al festival, no puedo generalizar en 60.000 personas o 120.000 o las que la organización cuente (muertos incluidos), me refiero a todos esos demonios que aprovechan las masas para destruir fuera de la ley, hoy permisiva, que en grandes eventos convierte a los policías-polis en gatitos sin uñas. Dentro del festival la historia es bien distinta, o eso queremos creer. Hay un precio de por medio, un interés vinculante al arte. Dentro, perdonad, hay también demonios. Hay managers, promotores, periodistas, músicos y gente pegajosa que repta de un lado hacia otro. En los concursos, en la zona VIP se condensa el parking del Eroski. Ahí viven las últimas ratas osadas. Ratas que guardan celosamente su queso putrefacto. Las pobres no saben que nadie lo quiere, que está podrido, y que ellas son ratas viejas y tumefactas atemorizadas por lo joven. Les dan importancia, les temen, se ríen con tensión. El parking del Eroski es la fosa que de tanto en tanto se abre. Está en todas partes. No hay que temerla, no hay que sorprenderse, las ratas nunca mueren, pero siempre se esconden.

The Fosse sigue sonando, y comprendo -o no, o me engaño, o imagino- que cuando lleguemos al límite y nos carguemos este mundo, este disco será la única forma de recobrar la esperanza y reconocer que un día convivimos con la inmundicia y la pospusimos a la belleza del mundo que inspira al arte.

2 comentarios en “El parking del SOS 4.8 vive en todos”

  1. Esta muy bien que hables de lo que te pareció un festival, o las puertas de este, aunque tu alli estabas contribuyendo con toda esa mierda de la que hablas; pero que blasfemes sobre la vida de ciertas personas con las que cruzastes esa noche, eso si que es triste, son esos tus valores?No escribas sobre aquello que no conoces!!! Si queremos cambios tendremos que empezar por nosotros mismos, no crees??

    1. Son palabras, Lolo, o como prefieras que te llame. Cuando hablo de la vida de las personas lo hago anónimamente y basándome en ciertas ideas que me parecen interesantes para conducir la historia. No estoy juzgando a un individuo en concreto ni me extiendo con argumentos. Siento si te ha ofendido. A mí el «hippie», por ejemplo, me cayó jodidamente bien. Yo iba a tomarme una lata de cerveza y a pillar ideas para escribir y me topé con él y su proposición de compartir una cerveza y una conversación interesante. Hablando de él solo trato de impregnar la idea de que TODOS tenemos una parte blanca y una oscura, tanto yo, como los del parking, como él. Puede ser que me falte conocer media vida suya, pero es que no ahondo, es una idea, una licencia artística si me apuras. Si te enfadas porque hago una crítica social, pues entenderás que en 1000 palabras solo puedo generalizar. Está muy feo decirle a alguien que se calle y no escriba. Si sugieres un cambio el tuyo podría empezar por dejar de usar el imperativo y tratar de entender al escribiente, bien leyendo bien preguntándole.
      Si te sigue pareciendo triste, una pena; nunca llueve al gusto de todos. En cualquier caso gracias por tomarte la molestia de leer el artículo y comentar.
      Un saludo.

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