
Dicen en el argot rockeristico, que cuando un tema es contundente, es de los que te peina hacia atrás, por el volumen y por lo tajante que es la canción en sí. Copiando la expresión diré que el viernes, los grupos que se batieron el cobre en el escenario de la 12&Medio, son de los que peinan y bien, sin necesidad de gomina.
Los primeros en dar cera son The Red Rooks, que antes se llamaban Dollar Academy. Su lavado de cara, o su cambio, ha consistido en implementar el factor suciedad. Ahora suenan más crudos. Son buenos músicos y tocan bien. Riffs ortodoxos, buenas voces y estribillos cañeros. Aunque en algún tema falta más personalidad. Algo difícil, ya que está todo inventado. Como llego tarde, me pierdo la pegadiza y marchosa “Cold Summer”, la cual me he sorprendido canturreando varias veces esta semana. Pasan el examen de muchos amigos y familiares suyos, con unos temas más duros al principio, con otros más suaves después. Acabando con el “My Generation” de «Los Quién».
Cuando Aliment empieza su sesión de peluquería se van los fans de The Red Rooks. “Menudo exilio” comenta el batería. Les digo que no saben lo que se pierden. En este trío hay mucho más punk que garaje. Son más sucios que comer en la playa y sin cubiertos una lata de escabeche. Una escabechina. Se reparten al 33’33% las tareas. Berrean con ganas todos ellos. Empiezan con tres de las viejas. Pero desde la cuarta, tocan el que es ya su tercer artefacto de fabricación propia e incendiario, al completo. Supongo que no les gustará que lo diga, pero me están recordando a un grupo que también vi sin mucho público. Ahora caigo. Tienen todo el punk que Mujeres tienen de rock’n’roll, pero son primos hermanos en el sonido. Por ejemplo “Maniac” de Aliment y “On & On” tienen un crujir similar. ¿Lo oyes? Son mandíbulas masticando chinchetas. La distorsión del guitarra es de agradecer, obvia y natural, pero la del bajista, da para un campeonato. Es cremosa, envolvente y descarnada.
Los que tienen bien de oficio son Biscuit, joder. Es como si llevasen 10 años seguidos sin parar encima del escenario. Pero menuda chorrada, llevan tocando desde que nació un servidor. Hacen igual que el grupo que les precedía. Tocan algunos clásicos y canciones más viejas al principio, para tocar el disco nuevo seguido después. Dos presentaciones, vaya.
Estos tipos tienen el manual de cómo hacer powerpop poderoso. Canciones cortas sencillas y muy rockeras. Sonará tópico, lo sé, pero rezuman The Who. Inevitable. Pero también Sex Museum, The Jam y Redd Kross juegan en su mismísima liga. Los guitarristas discuten entre sí, con solos pizpiretos y riffs de gran envergadura. Ponen caras. El teclista, que es más nuevo, también. El disco es una maravilla y se acaba enseguida.
Qué irónico acabar con una canción que repite, con la alegría propia de un volquete de endorfinas: “esto no es el fin”. Que igual tienen razón, tampoco es para ponerse así, esto no ha acabado aun.
Los tres conciertos fueron diferentes. Unos están empezando, otros llevan unos años y otros muchos años. Pero todos consiguieron dejarnos un buen atusado en la cabellera. A ver si dejamos de usar tantas gominas, lacas y ceras y empezáramos a darle un poco de caña a esto del rock, porque buena falta nos hace, poperillos.
Fotografías de Mario L. Amigo

