El último DJ del Torreta

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Escrito por Manuel Romero
 
Soy realmente incapaz de deciros cómo empezó todo. No sé qué vi de pequeño para que la figura del DJ me fascinara, aunque a finales de los 90 y principio de los 2000 ciertamente se dieron unas circunstancias bastante concretas que me llevaron a subirme por primera vez a una cabina, con sólo 10 u 11 años, y convirtiéndome sin saberlo en el último DJ del bar de mi padre, el Torreta-5.

El Torreta, hasta donde sé, fue uno de los sitios más populares de Murcia durante los 80 y los 90. El éxito se basaba en la amplia discografía de la que disponían (entonces los pinchadiscos trabajaban con lo que cada sala tenía) y que, en manos de los muy diversos selectores, capturaba la esencia de la época. También se apostaba mucho por la música en directo, dando pie a la formación y consolidación de muchos grupos, algunos aún activos y lucrativos. Todo esto sin olvidar a Manolo, su carismático y trepidante dueño.

La más directa y obvia circunstancia que me llevó a esto fue el divorcio de mis padres. Esta desamparante situación hacía que pasara los fines de semana con mi padre, el cual sobrellevaba como podía el inminente ocaso de un negocio otrora pionero y referente. Algunos miedos infantiles, aún presentes a esa edad, me impedían pasar las noches solo en el ático que mi padre regentaba enfrente del Teatro Romea, en una micro-zona de marcha donde se encontraban garitos célebres como Los Claveles o El Yerbero. Por eso me veía muchas noches abocado a esperar que la fiesta terminara en el bar y a aguantar a mi padre hasta casa, generalmente despuntando el alba. Esta situación de aburrimiento despertó claramente el interés por todos esos LPs, CDs y aquella cosa nueva de poner música por ordenador usando la por entonces vanguardista tecnología del BPM Studio.

En la misma calle del bar de mi padre había una tienda, donde actualmente se ubica Julieta Sin Romeo, que una vez fue un revolucionario negocio llamado Melomanía y que también ayudó a meterme en la movida. Allí se dedicaban a algo nunca visto en la ciudad, el alquiler de CDs. En plena época de la piratería que mantenía todos nuestros grabadores en llamas, aquel negocio se presentaba como una forma fácil de conseguir gran cantidad de música nueva. Mi padre financiaba los alquileres y las copias, poniéndome a cargo de la actualización musical del bar y supongo que agradeciendo tener algo con lo que mantenerme entretenido. Todos estos elementos, unidos a una camisa muy guapa y muy poco garrula de la marca DJ BAND, hicieron el resto.

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El plan con mi padre solía consistir en cenar algo y casi siempre ir al cine a ver algún estreno (lo cual, de carambola, también potenció mi vocación audiovisual) para después acudir al bar pasadas las 12 de la noche. Mi padre solía tener siempre DJ porque mi presencia en la cabina era arbitraria, aparte de potencialmente ilegal. Cuando llegaba yo, mi padre forzaba la reconversión del DJ en camarero para que yo me pudiera explayar. Entonces yo pinchaba, literalmente, de todo. De Jimi Hendrix a cualquier perogrullada. Los CDs eran la opción más habitual, dado que los vinilos aún me eran extraños y el ordenador, más marciano aún. Al principio iba poniendo discos sueltos donde sabía que se podía encontrar temas pinchables. Así me fui haciendo con una cartera de temas bailables, aunque ampliarlos no era fácil pues lo hacía sobre la marcha, sin trabajo en casa. Ya entonces pude practicar mis futuros enfrentamientos con dueños de bar al luchar con mi padre para poner rap, género en el que me estaba sumergiendo a tope y en el que intuía un éxito futuro dada la creciente popularidad de artistas y formaciones como La Mala Rodríguez, Violadores del Verso, 7 Notas 7 Colores o versiones más comerciales de ese sonido lideradas por gente como DJ Kun.

Si es cierto que mi padre quitaba al DJ para ponerme a mí en la cabina, y el negocio en mis manos, también era verdad que mi padre no dudaba en reemplazarme cuando yo no estaba fino. “¡¿Qué música quieres que ponga, entonces?!”, le espeté al viejo una vez. “¡Dime qué música te gusta y la pondré!”, le decía insistiendo en la pelea. Mi padre me llevó hasta la caja registradora, apretó un botón y la caja se abrió. Al hacerlo, hizo su característico “clin-clin”. “La única música que me gusta es ésta”, sentenciaba mi padre de forma muy garrula, aunque en el fondo no carente de certeza de empresario. Una lección importante para un DJ, la cual tardé bastante tiempo en aprender y que a veces olvido de forma deliberada.

Siempre he dudado sobre si esa fe que tenía mi padre como DJ era real o se basaba en tenerme entretenido para no interactuar en exceso con la fauna nocturna de un bar de copas, muy impactante para un niño de mi edad. Lo cierto y verdad es que no debía de hacerlo tan mal cuando el bar se llenaba y se mantenía así, conmigo al mando del sonido. Como decía, pinchaba de todo, y eso muchas veces pillaba al personal con el paso cambiado, para bien o para mal. Recuerdo hablar con el mítico Paco El Cuervo, fascinado por las pelotas que había que tener para poner un tema de Melón Diesel después de uno de The Beatles, por ejemplo. Nadie tenía pega alguna con la música que yo elegía, situación bastante única y en la que no he vuelto a verme. Igualmente, poca gente puede atestiguar en verdad mis inicios, aunque el DJ Agus Ramallo y el escritor Jesús Sánchez, los cuales conocí años después, pudieron disfrutar de mi música en alguna ocasión.

Esta situación se dio hasta los 14 años, en el 2003, cuando mi padre abandonó por inusitados problemas con los vecinos, nunca acaecidos previamente, el bar al que había dado sus mejores años para pasar a atender un también exitoso restaurante en el Puerto de Mazarrón y posteriormente retirarse en esa misma localidad. Yo frené mi precoz carrera como DJ hasta los 18 años, que fue cuando la retomé y en la que he seguido, como puedo, hasta el presente y Dios quiera que el futuro. La sensación de hacer algo que influye a la gente, que la marca o la condiciona para pasarlo bien y disfrutar era una sensación que un crío con una familia inestable y problemas con los estudios no solía tener. La sensación, en definitiva, de hacer algo bien. Algo bueno. Y ese ha sido y será, creo yo, mi motor hasta que me muera.

5 comentarios en “El último DJ del Torreta”

  1. Yo tambnién pinché en el Torreta
    Qué grande eres, Junior, y qué gran pincha eres. Tú, que tuviste la suerte de ver a los más grandes en esa cabina (y aquí pondré a Jorge, Jamoto, Bali, Ross, José Manuel…); de compartir con los mayores noches de duerme vela en esas conversaciones interminables entre quinticos, gin-tonics y cigarritos; tú, que te lo comiste todo solo, a tus pocos años, con aquella gorra de visera que era más grande que tú, te acuerdas? Yo sí, y no hay día que no recuerde a tu padre, Manolo Romero, ese hombre que mantuvo viva la música en Murcia, que programó todos los miércoles durante años a todo aquel que subiera a tocar, y además pagando, contra !! Nosotros (Trío Las Primas) tocamos una noche de roscón… creo que fuimos el primer grupo de flamenquito en actuar en el bar, con cierto éxito, of course. Murcia entera debe mucho a tu padre, un reconocimiento formal a un empresario que apostó por apoyar a unos grupos de jóvenes que lo intentaban en el mundo de la música, y que gracias a él alguno de esos músicos siguen viviendo de su Arte. Gracias. jch

  2. Soy Vicente de Melomanía, qué grande eres!, dale un abrazo a tu padre y a tu hermana, él debe de estar muy orgulloso de vosotros. Manolo es una leyenda que siempre permanecerá en los corazones de los que tuvimos la suerte de conocerlo, hombre carismático. Torreta eterno. Por cierto, me alegro de alguna manera haber contribuido a tu gusto por la música, y al descubrimiento de autores, de estilos y demás, al final, no se trataba de otra cosa, dar universalidad a la música, poder descubrir autores que de otra forma no hubieses conocido, ayudar a grupos emergentes, la música es cultura, y es de todos. Un abrazo.

    1. Me encantaba vuestro bar. Recuerdo un concierto sobre su suelo en damero como una noche inolvidable. Fue por lo que dices en vuestra etapa final. Lugar de irrepetible personalidad que ojalá volviera.
      Mucha suerte en tu nueva etapa, dónde podemos oírte pinchar?

    2. Me encantaba vuestro bar. Recuerdo un concierto sobre su suelo en damero como una noche inolvidable. Fue por lo que dices en vuestra etapa final. Lugar de irrepetible personalidad que ojalá volviera.
      Mucha suerte en tu nueva etapa, dónde podemos oírte pinchar?

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