C. Tangana y L'Avenida en la sala REM de Murcia: «Alineación planetaria»

Texto escrito por Brian Cohen

Tangana-Akira

Hace algunos años vi una portada en la que salía un grupo de chicos desconocidos para mi hasta entonces, Agorazein, un nombre que había visto repetido en publicaciones musicales varias y blogs de internet. Movido por la curiosidad, esa portada me llevó a un video de YouTube en que se veía a cuatro chavales encima de un escenario escupiendo rabia y desparpajo. Aquella actuación de Agorazein en el Hipnotik de 2011 me parecía muy reveladora; algo había cambiado. Nunca he sido especialmente fanático del rap, quizás me había quedado anclado en el recuerdo de aquellos primeros artistas que me pasaba algún colega, a finales de los 90 y principios del 2000, y no había sabido ver esa evolución. Lo cierto es que se ha hablado mucho de esto y no descubro nada si digo que este mundo ha cambiado. Ha cambiado la estética, los tempos, los flows, las letras, la actitud e, incluso, la formas de distribución de la música. C. Tangana y Agorazein forman parte de ese cambio, junto a otros muchos nombres como Erik Urano y Zar1, El Coleta, Foyone o Dellafuente, por citar solo a algunos. No voy a mentir si digo que, sin ser fanático del rap, me gusta lo que hacen algunos de los que he mencionado antes, así que esperaba con ansias el concierto de esta noche.

Una hora antes de que empiece la primera actuación ya hay cola en la puerta de la sala. Mucha juventud, quizás demasiada. Esperaba un público más adulto, más maduro. Puede que fueran prejuicios pero la propuesta musical de la noche me sugería otro tipo de audiencia. Mucho pitillo y sudadera oversize… Lo dicho, el juego ha cambiado. Trap como hilo musical previo al concierto, qué otra cosa sino. Tengo las expectativas muy altas, creo que voy a disfrutar como un enano.

No conocía a los chavales de L’Avenida pero tenía ganas de ver de qué iban. No empezaron mal, pero rápidamente vi que eso les quedaba grande. Quiero pensar que era su primer concierto serio porque si no, no me explico semejante falta de respeto al público. Puedo pasar por alto que tengan flows que recordaban a otros cantantes, que se les olvidara la letra en numerosas ocasiones o que tuvieran algún que otro problema técnico, pero desde luego no estuvieron a la altura de las circunstancias. Mención aparte merece cuando empezaron a cantar mientras leían las letras directamente del móvil; no sé si es lo mas triste que he visto en mi vida sobre un escenario o una innovación estilística a imitar. Definitivamente, los sesenta minutos que estuvieron sobre el escenario se hicieron eternos e innecesarios.

Después de semejante esperpento la cosa solo podía ir hacia arriba. Proyectan Akira de Katsuhiro Otomo como telón de fondo y aquello adquiere un cariz extrañamente épico. Salen I-Ace y Fabianni para arrancar la maquinaria sonora, bajan las luces y empieza el delirio. Cuando C. Tangana pone los pies en el escenario, el partido ya está ganado. Empieza con WRLD, en donde reza: “y si esta mierda que escupo cambiara el mundo”, sin darse cuenta de que ya lo ha hecho. Hace tiempo que este hombre encabeza el relevo generacional en el rap del que hablábamos.

Va soltando temas de todos sus trabajos en solitario con algunas concesiones a su obra con Agorazein. “AGZ es para siempre”, repite como un mantra, y no puedo evitar echar en falta a Manto y Jerv. Espero poder disfrutar algún día del combo al completo. Suena 10/15 de principio a fin junto otras tantas perlas como Wings, Epokhe, Balas perdidas, Sundays, Trouble o Bésame mucho. El remix de Pedro Ladroga suena inmenso y aquello parece que se va a caer; cada vez que la escucho me pone los pelos de punta. Pucho vacila con el público; hay una conexión que trasciende a las palabras. Gestos, movimientos que destilan chulería madrileña, actitud, pero sobretodo, verdad. No hay nada impostado, no hay pose. Mientras tanto, detrás, Kaneda intenta matar a Tetsuo, en una especie de salvaje metáfora sobre la situación actual de la industria musical, un monstruo que es asesinado por artistas que desafían los medios tradicionales de producción y distribución.

Se van y vuelven. Con 100k me elevo; la letra me toca especialmente las entrañas y los ojos se me ponen vidriosos (cosas mías). Vuelvo a echar de menos a Manto, aunque el público consigue llenar ese vacío. Hay algo místico en todo esto que estamos viviendo y no sé si la mitad de los asistentes se ha dado cuenta.

Neo Tokio está a punto de explotar, esto se acaba. Dos pildorazos más: Alligators, en donde se embarca en un ego trip hasta el infinito, y C.H.I.T.O. cerrando el círculo. Un espectáculo redondo, sólido como una roca, profesional. Joder, no dejo de pensar que si este tío fuera americano, estaríamos hablando de una de las mayores estrellas musicales de nuestra generación.

Siento que hemos participado de algo histórico; C. Tangana es una de esas alineaciones planetarias que se da cada cierto tiempo en el mundo de la música. Pero como todo fenómeno astronómico, tiene fecha de caducidad. Él dice que no falta mucho, y así debe ser; no me lo imagino con 45 años subido a un escenario. Quién sabe, igual vuelve a reinventarse y consigue dejarnos rotos de nuevo. Sea como sea, esta noche se ha escrito otro capítulo de la historia musical de esta ciudad. Espero que los asistentes algún día consigan ver lo que yo vi. Mientras tanto, el sol volverá a salir como todos los días.

 

Ilustración original para Piso28 por Mellado

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