Changes: El olor a pólvora nunca cambia

Changes_converted

Lo olvidé por mucho tiempo, pero el olor a pólvora y una canción se me clavaron en la amígdala.

Me he dormido cientos de veces escuchando a Ozzy Osbourne cantarme “I’m going through changes”. ¿Sabéis? Cuando se es joven y no se quiere entender, no se fija uno ni en las letras. Yo solo entendía que un tío estaba mediojodido porque “algo cambiaba”. No sé si era el mellotron o el mismo piano, pero me jodieron las noches de sueño apacible. Llorar y secar. Así quería pasar los 5 minutos junto a Black Sabbath. Pensaba en Leyla muchas veces y en cómo, cada muy poco tiempo, mis pareceres cambiaban de parecer y la única solución para calmar mi angustia durante 5 , 10, 15 o cualquier múltiplo de 5 minutos, era escuchar el piano o el mellotron de Changes. Ozzy cantaba como canta cualquier cosa, no es un tío que sepa interpretar el dolor. Eran el piano o el mellotron, era Leyla y hoy soy yo mismo, lejos de todo amparo. “My heart is blinded”. No sé, quizá esté ciego, pero me siento cambiar con la cadencia de este piano y este mellotron, tan sinceros consigo mismos que no necesitan esconderlo tras ningún virtuosismo o distorsión.

Adrián está duchándose y Rafa se ha ido a Alicante a visitar a Marina. Yo tengo taquicardias en el sofá mientras fumo y escucho Changes. El sofá es de Rafa y la bombilla que se traga el techo también. Por descuido, se ha dejado la puerta de la cocina abierta. Dice que la cierra porque el ruido que entra por el ventanuco es insoportable. A mí, que estoy de paso, no me importa, pero el sol se cuela y refracta luces naranjas en la pared. La bombilla debería ayudar a contrarrestar esa luz, pero no, la oquedad del techo la absorbe y ni ella misma es capaz de cumplir la función para la que fue concebida. Siento entonces que me ahogo, siento –y comparto la visión sin metáforas– que la oquedad absorbe toda mi juventud. Hacen 6 años desde que por primera vez pisé Valencia y desde entonces sería capaz de contar cada cosa que sucedió, pero no de reproducirla. Como en cualquier tiempo pasado, el escritor siente la pérdida, la enarbola y se siente único. Rafa no ha parado de repetir que está cansado de leer a escritores adanistas que conciben su desgracia como primigenia y única. Estamos todos cansados de ellos, incluso, los que pecamos de adanistas, de nosotros mismos.

Todo se cuela por el hueco de la bombilla. Nosotros, los que creemos que damos luz a nuestras historias, no somos capaces de brillar y evitar que lo que nos rodea nos empuje hacia ella. ¿No da miedo desaparecer absorbido por un agujero? El agujero no lleva a ningún sitio, y lo oscuro a los niños da miedo. Sigo tumbado, Ozzy sigue cantando por tercera vez y cada vez estoy más adentro. Ozzy dice que las cosas cambian, pero habla de una mujer (oh, qué original). Canta sobre esa mierda de historia y no hay nada mágico ni en su letra ni en su voz. No es la canción que te cambiará la vida, pero sí la que te dará un par de horas para pensar que ni tú eres especial ni tu historia es la primera en ser contada. Canta y el mellotron con su monotonía se deshace y se cuela por la oquedad de la bombilla. Veo cómo el primer año de carrera se cuela, y el segundo, y el tercero, y Leyla, y ella misma asoma la cabeza, y vuelve a desaparecer, desaparece Rafa, desaparecen sus amigos con los que me daba miedo hablar, desaparece Rai y sus chistes, desaparece Adrián y su estancia pasajera, desaparecen las carretillas volando por nuestras cabezas, los cubatas deshinibidores, los bizcochos de marihuana cocinados por hippies, la inconsciencia, la ilusión temprana y su estoque de realidad, los paseos bajo la lluvia de madrugada, la cerveza de fin de noche y de saludo al día. La única luz que veo mientras me hundo es la de hoy. Mira a tu alrededor y date cuenta de lo poco que has cambiado. Dijo Umberto Eco que si lees, a los 70 habrás vivido 5000 años. También se dice que si el final de una historia no sale es porque desde el principio la historia fue mala, y yo, por desgracia, siento que solo tengo una y no sé cómo acabar estar.

Suena por sexta vez Changes y me sigo hundiendo.

Ilustración de Alejandro Mellado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba