Limehouse Hot Quartet en Jazzazza: "El legado de Django"

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Es mi segundo concierto aquí, donde casualmente vuelvo a oír canciones de Django Reinhardt. “El arte del tributo”. Creo que si no he leído veinte comentarios de periodistas y otros sectores musicales denostando la interpretación de canciones de otros, no he leído ninguna. Sin embargo guarda poca relación con lo que luego ocurre en los conciertos. En el caso de Limehouse Hot Quartet, un lleno completo tres días antes del concierto. Si bien tomar canciones de grupos vivos e inaccesibles es algo pendenciero, en el caso de los muertos yo me quedo con las palabras de Andrés Segovia: “Interpretar es darle vida a una partitura, decirle a la música levántate y anda”.

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Nos hemos “incomodado” junto a la barra, en pleno pasillo. El roce de los incontinentes que cruzan al baño nos da calor y me cuesta bien poco entrar en el concierto, por ellos y por la soberbia música, puesto que la nula y torpe interacción con el público es motivo de murmullo. Me dice Ángela que debo estar contento porque hablan tan poco como yo. Le contesto que el silencio del artista debe ser una actitud sentida por él y en este caso lo que ocurre es que tienen poco que decir. Quizá sea salvable, quizá no porque todos tienen experiencia sobre los escenarios y presentar un proyecto tan bonito como es rendir tributo a una música que marcó una época, a ellos mismos y a los presentes, debería ser digno de un buen enjuague. Lo que no es criticable es la maestría con la que interpretan temas como Les yeux noirs, Daphne, la genial I’ll see you in my dreams o la fuera de norma Coquette en la que, por su juego y libertad, Limehouse se luce el triple. Este cuarteto alcanza unas velocidades difíciles de encontrar en la región, y esto, joder, esto es necesario en el swing, una música que sin revolverte las entrañas se apodera de _RMX0850tu ritmo, tus pasos y tu cordura. Las guitarras proyectan un trabajo de meses para elaborar solos frenéticos tomados directamente los músicos que pusieron en alza el estilo, y no solo eso, seleccionados de entre las múltiples versiones que entre franceses, belgas y cualquier otro adoptado por les enfants de la patrie han tocado las melodías manouche. En este caso sí que hablan. Juan Antonio Hurtado (guitarra) masculla toda nota que toca, en su caso más jazzeras. No falla, todo suena, excepto cuando el efecto del directo acelera Bistro Fada, y ni siquiera repetir las notas con voz muda le permite alcanzar los compases de la canción. Una pena, como la mano de Quico Pérez (guitarra) que aún dolorida y vendada mira de tú al gitano de dos dedos. Quizá sea el efecto de los tullidos, destacar en el swing y hacerlo de forma tan elegante que no eclipse el trabajo de otros instrumentos, como el contrabajo de Pedro Molina, que sin necesidad de rajarnos las vestiduras en su solo de Minor Swing ha conseguido que el trabajo de acompañamiento necesite papeles que acrediten alta cualificación. En el caso de Fernando José Gómez (percusión) está limitado a una caja, pero todos lo echaríamos de menos si no estuviera ese «batir de huevos» constante y sus contrapuntos.

No tengo mucho más que decir, porque a pesar de ser un fan de este género siento que me falta algo, na, una chispa. Aunque en lo que a la interpretación respecta me remito a Andrés Segovia y comprendo la identidad de este proyecto, echo de menos un desarrollo musical propio por parte de músicos de mi tierra. Tampoco sé si tocar con guitarras acústicas y cuerdas de metal es una innovación, yo lo veo un desacierto puesto que el toque de púa, las posición de la mano y la propia física de la guitarra manouche, dotan del sonido agudo y fuerte que el gypsy siempre ha necesitado en su acompañamiento con instrumentos de mayor sonoridad. Esta vertiente metálica convierte lo agudo en estridente, en hortera, y cansa el oído. Limehouse Hot Quartet tiene de sobra tablas para explorar los sonidos del jazz gitano. Uno como particular espera que no las echen a perder y marquen un punto de partida en el jazz de nuestra región pues el camino ya lo han allanado.

Fotografías por cortesía de Rafa Márquez

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