Lambchop en Cartagena Jazz Festival 2016: Estrellas con síndrome de «valium»

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Fotografía publicada por Cartagena Jazz Festival

Construida sobre un elaborado y concienzudo minimalismo, la presentación en Cartagena de «FLOTUS», el nuevo disco de Lambchop, coincidiendo con su lanzamiento mundial, logró que su líder, Kurt Wagner, se mostrase tímidamente azorado. Es evidente que el músico, tras esa imagen de camionero con voz profunda, esconde una gran sensibilidad musical, y la banda de Nashville logró congregar para su concierto a un notable grupo de seguidores, deseosos de verles en directo, la inmensa mayoría por vez primera. Pero la apuesta no terminó de cuajar para muchos, entre ellos el que suscribe.

De entrada, solo tres músicos en el escenario: bajo, guitarra y piano de cola, mención añadida para las sutiles programaciones que son la seña de identidad del disco que ponían de largo. Flotaba en el ambiente, eso sí, la identidad tenue de su sonoridad habitual, pero sin el contrapunto naif que, al menos a mí, me despierta la ternura, cualidad que es la que mas me atrae de Lambchop; la que hace que, cuando quiero indagar en mi quietud, me decida  por poner sus discos. En vez de eso, el grupo ofreció un catálogo de ensoñaciones varias en las que ni siquiera  se atrevió a desarrollar la apuesta de FLOTUS por unas bases rítmicas mas disgresivas, quedando en un terreno de nadie entre lo que fueron anteriormente y lo que apuntaban en esta su nueva obra: un espectáculo bello, sí; evocador, también, pero placenteramente soporífero a la postre. Desprendían la imagen de ser una banda que, como ese delantero que se pierde con la pelota en regates excesivos, se gustan demasiado a sí mismos. La sutileza que siempre ha sido una de sus mejores bazas, ejemplificada aquí por esos hermosísimos y concisos toques de piano, no fue bastante para un público que, después de trabajar durante toda la semana, requiere algo mas que preciosismo para sentir que cuenta en el espectáculo, y aprovechó la ocasión pasa sestear plácidamente en su asiento. Una ocasión perdida, me temo, aunque no todo fue desaprovechable, ni mucho menos.

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