Nos encierran entre la carretera de circunvalación Ronda Sur, la autovía de Murcia, A30 y la línea férrea con su muro transparente. El sueño de todo dictador hecho realidad: encerrar a la población en un guetto.

Dicen los populares que solo durante dos años. Lo dicen. Creen en la realidad de esta frase, la conjugan con su verbito y su complemento temporal, la publican en prensa y TV, la dejan escrita.

Nos encierran para siempre, no por dos años. Nadie puede creer la tontería de que harán la misma obra dos veces. Pero ellos enuncian una y otra vez su mentira. Casi sin sonrojarse la dicen.

Encierro para los vecinos del sur del Sur del sur. Ese sur (por olvidado) del Sur (geográfico de Murcia) del sur (porque nuestra región es el culete del mundo).

Por el Sur de Murcia no pasa nada que les interese a los populares: no les votan, no pasan las procesiones, no vive nadie rico allí. Es un erial de ladrillo con forma de triángulo.

Sus periodistas tampoco van allí.

Hay varios institutos de secundaria: gente muy joven, vestidos con bermudas o vaqueros, que dice “¿para qué sirve estudiar, trabajar, aprender, levantarse temprano? ¿Dónde están las catedrales, los lugares, las comidas, las bellezas, las cosas que dicen que nos estamos perdiendo?” A la gente de bien, le molestan las chonis, los poligoneros de Gran Hermano, dicen que son analfabetos. Mostradme los Museos, las bibliotecas, los locales de cultura donde estos muchachos y muchachas se criaron. No hay ni uno. Mostradme cómo interactuaban con los monumentos y las historias que formaron nuestra Civilización. Nunca pudieron hacerlo. Entre ellos y los logros europeos hay un muro, un descampado, una autopista imposible de atravesar a pie.

Hay muchos barrios así en Europa, triángulos de donde desaparecen servicios públicos básicos, donde nadie ha previsto locales de ensayo subvencionados, ni jardines, ni hostias. Luego, los excluidos hacen explotar cosas. Y cómo no hacerlo. ¿Acaso forman parte de sus vidas? ¿Acaso les interpelan?

Luego, los políticos se quejan. Luego, las ciudades se degradan. Luego, todo empeora.

Pronto, ya nada importa.

Y todo empieza por aquí. Porque un día, un gobernante sin luces aceptó hacer algo cómodo: ignorar la urbs, delinquir contra la polis, darle unos terrenos del norte a un Club de futbol y dejar la línea de tren donde estaba, en la estación antigua.

Luego se fue de putas o a la pelu. Media melena. Y la banderita.

Cristina Morano
Cristina Morano
Sus últimos libros publicados son Cambio climático, (Ed. Bartleby 2014) y Hazañas de los malos tiempos, Ed. NewCastle, 2016). Es uno de los poetas recogidos por Alberto Gª Teresa en su tesis doctoral “Poesía de la conciencia crítica” y en el libro Disidentes. Ha participado como invitada en el Festival Internacional de Córdoba Cosmopoética, dirigido por Elena Medel en 2015. El poema “El animal que no eres” fue elegido por Radio 3 (programa “Palabra Voyeur”) para uno de sus vídeos. Ha participado como invitada en el VoixVives de Toledo 2017. Ha sido traducida al inglés, francés, esperanto, armenio y sueco. Con motivo de la celebración del encuentro poético de Oñati (Vitoria-Gasteiz) fue traducida al euskera. Escribe artículos de opinión para eldiario.es Es miembro electo de la coordinadora de CambiemosMurcia.

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