TRAS EL CRISTAL: Tomorrow never knows – The Beatles (Revolver, EMI, 1966)

Texto escrito por Juan Antonio Ross

revolver

El mundo cambió después de Tomorrow never knows.  El 6 de abril de 1966, George Martin se disponía a grabar el primer corte de Revolverel que sería el séptimo álbum de The Beatles. Norman Smith, su hombre de sonido, no estaba disponible, así que Martin llamó a un joven de 19 años llamado Geoff Emerick. Después de esa llamada, nada volvería a ser igual.

La historia es curiosa. El texto está inspirado en el manual The Psychedelic Experiencebasado en el Libro Tibetano de los Muertos. Por eso, Lennon quería sonar como un lama cantando desde una montaña. A Emerick se le ocurrió meter la señal de la voz en un amplificador con un leslieel efecto del órgano Hammond– y luego editar la señal de voz que saliese de allí. El efecto, que al girar provoca un vibrato, entusiasmó a Lennon hasta tal punto que se propuso hacerlo con su propio cuerpo colgándose de una cuerda y girando él mismo ante el micrófono. Por suerte para todos, alguien le disuadió. Sin embargo, lo más inquietante de la canción reside en su esqueleto y en su sonido: la estructura de un solo acorde alude a los mantras de la música hindú y los arreglos, sobre una base cortante de ritmo, están llenos de loops. Sí, por primera vez se utilizaban loops con cintas al revés, sonidos modificados y alterados, guitarras tocadas del derecho y posteriormente aceleradas y editadas con la cinta puesta en sentido contrario.

Para montar todo este tinglado recurrieron a seis ingenieros de sonido con sus míticas –y obligatorias en los estudios de EMI en aquella época– batas blancas. Los colocaron en línea en el pasillo, cada uno con una grabadora y un lápiz. Y a la señal de «Now!» despegaban la cinta del cabezal cuando correspondía. Una suerte de genial ingeniería analógica para conseguir lo que se convirtió en uno de los himnos de la Era Psicodélica de la Música. The Beatles volvían a ir por delante, estaban experimentando con LSD e interesándose por la música de vanguardia, principalmente por Stockhausen. Los ingenieros no daban crédito. Colocados allí en fila, mostraban caras de incomprensión y escepticismo. No eran conscientes de que estaban formando parte de una revolución: la sesión se estaba grabando al borde de la medianoche, y solo querían irse a casa.

Último detalle: los sonidos que parecen gaviotas son, en realidad, el conjunto de ecos, delays (retardos) y las risas de Paul McCartney editadas al revés y con modulación del pitch (velocidad). La banda se pasó horas escuchando y seleccionando los efectos que posteriormente se editarían –hay que tener en cuenta que grababan en cuatro pistas– en la canción. Sí: una locura.

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