The Wall en el paso a nivel de Santiago el Mayor: Yo también quiero ser viejo e idealista

Llevo desde la manifestación del sábado metido en un grupo de Whatsapp llamado The Wall consistente en organizar a decenas de músicos murcianos para que interpreten juntos sobre las vías del tren Another Brick in the Wall de Pink Floyd. Pretenden expresar el mismo idealismo de aquel Berlin que clamaba por tirar abajo un muro que segregó a un pueblo hermano por cuestiones geopolíticas. Saben que esto no es la Alemania occidental tras una guerra, ni hay muertos; saben que es Santiago el Mayor y también saben que es un muro y no unos biombos como algún vasallo del PP anda ironizando. Todo esto por si alguien quiere mofarse tachándolo de un idealismo hippioso. La gente canta en las manifestaciones, (tan mal no lo estarán pasando). Crudo Pimento y Garaje Florida rechazan conciertos (como los buenos hipócritas undergrounds que son). Tengo yo miedo de que esto no sirva para nada como nunca sirve para nada intentar agotar la paciencia de un PP que no se agota. Solo hay que esperar. Hoy harán ruido mañana guardarán silencio. La paciencia de los viejos y los poderosos. Paciencia es lo que les hace falta y no entendimiento, aunque ojalá se les agote.

Me resulta entrañable, como algo anecdótico, ver a otro tipo de “viejos”. Los que en verano caminan en sandalias, se compraron un bajo, una guitarra o un cajón y preguntan por si va a haber electrificación para enchufar sus instrumentos. “Viejos” que en algún momento llevaron coleta y que quizá formaron un grupo, o no, y ahora ya mayores se ilusionan con salir a escandalizar. Me gustan porque tienen una ilusión tremenda además de una hipoteca en Barriomar. Hablan por chat como se escriben las primeras cartas, se dan ánimos los unos a los otros, se quieren, comparten sus miedos con los “compañeros” y otros “compañeros” los calman. Saben y tienen la intención de hacer algo grande y bello. Hoy, viernes 22 de septiembre, cualquiera puede ser una estrella del rock.

Le he cogido gusto a leer los setecientos mensajes diarios que escriben. Tengo la sensación de que a mi hijo le han dado la oportunidad de subirse al escenario del instituto en la fiesta final de curso y se ha pasado toda la semana ensayando. Todo niño o joven debería probar eso y tener la osadía del idealista primigenio, de subirse con sus greñas y su camiseta del EZLN sin saber muy bien qué significa y marcarse un tema de los Sex Pistols o de Barricada. Hoy todos los niños ya grandes van a saludar al director de la escuela clavándoles la pulsera de pinchos y van a comenzar un recital en el que esa otra voz, la festiva, la ilusa, la inocente, la sensible, la que ataca llora y duerme, va a gritar una vez más porque Murcia ha abierto los ojos, quizá no por siempre, pero sí por este momento. Esta lucha no es solo el soterramiento, es la lucha contra la sumisión. Murcia, los indolentes de los indolentes; el pueblo indulgente del pueblo indulgente. Somos los murcianos que dice Ballesta, los que no salen a la calle, los que no hacen ruido, los que no se quejan, los que no cantan. Ninguno de esos son actos propios de la gente de Murcia. Esa es la realidad, que uno de nuestros dirigentes sentencie esa verdad. Y si él la conoce, ¿qué no está permitido hacer en esta tierra?

Por eso hoy me sumo con mi ukelele al concierto de fin de curso. Quiero contagiarme de la ilusión de estos músicos mayores de dormitorio, de los jóvenes, sobre todo de su paciencia que ojalá sea igual o mayor que la del orden reaccionario y fascista que no parece querer soterrarse de esta ciudad.


Hoy viernes 22 de septiembre a las 21.00h en el paso a nivel de Santiago el Mayor.

 

LETRA

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