The Aristocrats en Garaje Beat Club: SOBREDOSIS DE VIRTUOSISMO

Hoy es jueves 21 de enero de 2016, The Aristocrats tocan en Murcia. Yo no les conozco de nada, pero al parecer son uno de esos súper grupos en los que se juntan varios músicos talentosos que han tocado con gente de muy alto caché. Como es normal en Piso 28, pedimos acreditación para redactor y para fotógrafo. Finalmente deniegan la acreditación al redactor y solamente acreditan al photoman, yo.

Javi, mi jefe -¿se le puede llamar jefe a alguien que no te paga?-, me insiste para que vaya al concierto y que trate de hacer algo original con las fotos. »Lo que no vamos a hacer es publicar las fotos solas, intenta hacer algo creativo o de contar una crónica con las fotos». ¿Por qué no? pensé. Aunque cuando llegó la hora de ser creativo, lo único que se me ocurría era hacerle una foto a la cerveza que me estaba bebiendo.

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Al concierto fui con Jokin, mi gran hermano Jokin. Toda una leyenda del underground murciano. Él tuvo el honor de pertenecer a Zensura. Un proyecto punk que llegó a telonear a A Palo Seko, Zensura fue expulsado del escenario mientras estaban tocando ¿Os imagináis cómo debía sonar ese grupo para que unos mataos como A Palo Seko les echen? Por cierto, tocaba la gaita. Sí, la gaita en un grupo punk. Además de ese gran episodio, él fue uno de los dueños de la mejor sala de conciertos que jamás ha existido en Murcia, me refiero obviamente a la ya difunta Sala JÓ!.

Es de esas personas llenas de amor. Ese amor sin mesura le lleva muchas veces a apuntarse a planes de los que luego, a falta de un minuto para su realización, se raja. Yo tenía miedo, pero este día se comportó como la leyenda que es. Bien Jokin, bien.

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Hola, ¿eres Diego? Soy Mellado. ¡Hostia, Mellado! Encantado de conocerte. Mellado es el dibujante de Piso 28. Me recuerda mucho a Gordon Freeman, un conocido Doctor en Física teórica. Jokin y yo, como somos buena gente, le acogemos en nuestro caluroso seno y le ofrecemos probar nuestros licores. Me habían contado que Mellado estaba un poco loco, que mira muy raro a la gente. No hay nada que temer, he oído descripciones muy parecidas de mi persona.

Justo antes del comienzo del show, Isaac Vivero (uno de los dueños de Garaje Beat Club) anuncia por el micro que está terminantemente prohibido realizar cualquier foto o grabación. Yo, único fotógrafo acreditado en toda la sala, no sé dónde meterme. No sé si es una broma pesada o qué. En estas situaciones lo sensato es guardarte la cámara en la mochila y pasar del tema. No sea que alguno de los músicos sea un ‎Brad Mehldau de la vida y le de por tirarte una botella de agua en la cabeza.

Lejos de mosquearme, me dediqué a intentar disfrutar de un espectáculo que, debo decir, fue bastante bueno.
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Bryan Beller es el bajísta (Joe Satriani, Steve Vai, Dethklok, Mike Keneally), Guthrie Govan el guitarrista (Steven Wilson, Asia, GPS, The Young Punx, The Fellowship) a las baquetas tenemos a Marco Minnemann (Paul Gilbert, Negrophagist, Joe Satriani). Menudo curriculum, casi nada. Tres personas haciendo con maestría rock and roll y metal progresivo fusionado con jazz, entre otro tipo de sonidos. Entre canción y canción hacen las presentaciones pertinentes de cada tema, presentaciones si cabe, incluso más necesarias que en otro concierto, ya que se trata de un grupo instrumental. Por momentos parece que estás viendo un sketch de los Monty Python, ayuda bastante el acentazo británico de Guthrie, acento que acompaña con unos gestos más propios de un enfermo de tourette. A esta parte chistosa del show se le suman unos animales de goma (un ganso, un cerdo y un pollo) que utilizan para hacerlos sonar en determinados momentos y causar así las risas del respetable.

¿El respetable? já. Me sorprende que mucha de la gente en la sala se dedique a gritar. Bryan se quedó alucinando con dos que, a viva voz y muy cerca del escenario, estaban manteniendo una conversación mientras que Marco trataba de presentar uno de los temas. Así de educados somos en España, tiene cojones la cosa: pagar veinticinco euros para ir a un concierto y pasártelo entero dando por culo. El asunto es digno de estudio.

Jokin me dice que va a fumarse un cigarro fuera, el pobre se perdió el solo de batería. El mejor solo de batería que he visto en toda mi vida; he visto a gente realmente buena tocando la batería, pero a esto no podría ponerle palabras, fue algo de otra galaxia, Marco, menudo jodido cabrón. Yo entiendo a Jokin, al fin y al cabo en este tipo de shows necesitas un descanso de al menos cinco minutos. Es algo a lo que llamo »sobredosis de virtuosismo», algo que a mi señora le pasó una vez teniendo delante a Pepe Bao y a Santi Campillo tocando durante 3 horas a medio metro de ella. Se quedó torrada.

Se acaba el show y el gordo italiano que llevan de backliner nos hace una foto a todos con su teléfono móvil -esa foto la podría haber hecho yo, pero no la merecen, pienso para mis adentros-.

Fueron dos horas de concierto y poco más os puedo contar, QUE YA OS HE DICHO QUE NO SOY REDACTOR, COPÓN. Lo mío es hacer fotos, aunque las que os estoy enseñando dejan mucho que desear. Lo sé, os pido que no me juzguéis por ellas.

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Casualidades de esta miserable vida, dos días más tarde trabajé como pipa/ayudante de producción en el concierto que dieron The Aristocrats en Valencia, me explicaron que la orden de prohibir fotos en Garaje seguramente se debió a una mala traducción por parte de la sala, que ellos lo que no querían era que se usase flash.

Ahora sí, pude hacer fotos, aunque hice muy pocas e incluso estando en lista acreditado, tuve que soportar la amenazante mirada del tour manager. No entiendo a esta gente tan celosa con su imagen. No dejaban pasar cámaras al concierto y como se te ocurriese sacar el móvil te llamaban la atención, ¿no se dan cuenta de que eso no se puede evitar?. Pinches gringos puñeteros. Yo, que paso de estar suplicando por hacer algo que creo, se me debería permitir hacer libremente, me guardé la cámara y me fui a descansar, solo volví a entrar a la sala para comprobar que Marco volvía a hacer de nuevo ese solo de batería tan alucinante y vaya que si lo hizo. Fue incluso mejor.

Y aquí, querido lector, te dejo cinco fotos que hice en Valencia. Fue en la sala Rock City. Es lo mejor que pude hacer en los dos minutos que estuve haciendo fotos.
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