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Había olvidado que, había olvidado como muchos olvidamos, que la historia no se pretende. Había olvidado que preguntarse muchas veces “para qué” acaba en un Nada pretendido. Los meses sin crear se instalan como un tumor en el hipotálamo y, mientras, se huye de la quimio. El otro día, por prescripción propia fui a casa de un desconocido. Le hablé de mi bloqueo, de que no quería acabar como esos viejos que vejan la escritura como un castigo de 4 horas diarias, de que he pasado un mes sin escuchar música contemplándola a lo lejos como un sinsentido. Le conté que por fin me sobrevino algo, una historia, un chaval de 26 años que acaba con su vida y enlosa un pesar a su entorno de por vida. Un genio. Comimos, bebimos y fumamos, como un bebé hambriento acabé en sus brazos y me afrentó. Me dijo que mis textos eran ambiguos, que perdía el interés. Tomé nota, pero esta introducción sigue el mismo camino. Amanecí pleno y, como un paria buscando el terruño donde caerse muerto, abrí la boca para comerlo todo. En mi camino apareció Tanguito, y por primera vez en mucho tiempo cerré los puños y grité con el coraje del padre que llora escuchando el espíritu de su hijo.

En la primavera de 1970 Tanguito, un demente declarado, pasó de ir al estudio a grabar. Perdió la oportunidad de hacerlo con sus músicos, sin embargo un día volvió él solo, sin un guión, sin ninguna pretensión. Se cagó en la producción musical y lo grabó todo como el que folla desbocado: a pelo y consigo mismo. Tango (1973) empieza en falsete y sigue con una serie de desafines que te imploran lanzar el disco por la ventana. Tanguito no conoce el no puedo, Tanguito habla del ayer como si fuese el ahora porque sabe que no hay un mañana conocido y a la vez nada que le impida llegar a él. «Me gusta verte llorar, me gusta verte sonreír, natural». Y sigue esta estrofa con un puto tuturutututururu y dices, me cago en Dios, ¿cómo coño hay alguien al que le importe una mierda el ridículo, llorar o correrse antes de tiempo? Porque Tanguito en todo el disco está eyaculando antes de tiempo y sigue cantando con el cosquilleo de tenerla dura y metida.

Mi casa se ha llenado de gente y yo tengo a Tanguito resquebrajando las paredes de mi habitación para meterse entre ellas. Me importa una mierda. Tanguito da vergüenza. Seamos honestos, no es Manos de topo, pero se acerca. Canta como le sale de los huevos y si no estás a sus pies no hay dios que lo rece. Sobre todo cuando canta «Diamantes de espuma» y empieza a gritar algo así como «Oh nena, me gustas tanto / Ohh nena, solo quiero hacer el amor contigo.» Piensas, porque inevitablemente lo piensas, que es un imbécil. Pero lo escuchas romper las sílabas y meter consonantes como lo hacía Pepe Marchena y comprendes que hay una verdad tan simple, tan llana que rebasa la línea de lo pueril, que te coge de la pechera, te echa el aliento, respira hacia dentro y te vuelve a repetir Quiero hacer el amor contigo. Y lo haces.

tanguito-rock-argentino-cantautorA través del vapor de la sopa veo cómo mi hermana me mira de soslayo. No se atreve ni a preguntarme qué hostias estaba escuchando. Sorbo tan rápido como puedo para volver a mi habitación y darle al play. Suena «Amor de primavera». Tanguito suelta un “tini ní, nini ní”. Sabes que ahí hay un arreglo preparado y te das cuenta de por qué un cantautor debe ser alguien y todo por sí mismo. El punto es que la complejidad se instala en la suma y realmente vive en lo acústico; en cómo desde la ausencia un músico hace florecer un canción. ¡Copón bendito, ha grabado el disco entero a una pista con una triste guitarra criolla! Se ha hecho de noche y siento que no sé nada de Tanguito. Por su acento se obvia su procedencia argentina. Me gusta no saber nada de él. Su música es tan limpia que valoro no tener la sangre manchada.

Vuelvo de trabajar a casa medio sordo y me lo enchufo de nuevo. El cubano llama a la puerta y le digo que se siente, que esto es importante. Primero se ríe, ironiza con que es el Syd Barret argentino, le digo que tengo sendas razones para justificar la influencia de Tanguito sobre Bosco, me toma por loco, entonces le cambia el gesto. Ha aceptado pasar 30 minutos junto a mí escuchando esta puñetera locura que no es más que la enfermedad de un tarado hecha arte, y, ¡eh!, en un momento en el que no todo loco podía acceder a un micro cutre y una mesa de mezclas. Le digo que hasta Hendrix asoma en «Todo el día me pregunto» entonces empieza a flipar como yo. Sigue intentando reírse pero ya no puede. Hemos llegado a «Jinete» y Tanguito, que ya ha empezado a tocarla, pide “cámara” sin plantearse ni siquiera parar para comenzar. Cámara es lo único que necesita, porque tiene que/debe resonar para trascender. Siempre he querido hacer una canción con dos acordes sin acabar tocando banalidades indies, y aunque sé que no puedo me basta con escribir y gritárselo a toda la gente que pasa a 100km/h mientras conduzco.

Tanguito no quiere tocar «La Balsa». Esta canción no la hizo él. Litto Nebbia escribió la letra y le pidió que le pusiera música, así que Litto, allí presente le recuerda: En el baño de la perla de once compusiste la balsa… EN EL BAÑO DE LA PERLA DE ONSE COMPUSISTE LA BALSA, ¡¡¡EN EL BAÑO DE LA PERLA DE ONSE COMPUSIIISTE LA BAAALSA!!! Entonces sale el Tanguito más desafinado. Es como una radiografía de su cerebro plegándose sobre sí mismo. El cubano por primera vez grita y ríe a la vez; ambos lo hacemos. «Estoy muy solo y muy triste en este mundo, abandonado. (…) Construiré una balsa y me iré a naufragar. Tengo que conseguir mucha madera. Tengo que conseguir de donde pueda. Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura. Con mi balsa yo me iré a naufragar. ¡Uhhh!». Nos miramos sin parpadear. Hemos escuchado una obra complemente natural y reímos como bobalicones drogotas tal y como han estado haciendo Tanguito y Litto. No hay un tracklist, todo fluye a pelo. ¿Toco este tema? Sí. ¿Toco este otro? Bah, lo voy a tocar. Me importan tres pares de narices, quiero hacerlo. A veces no, siempre se debería sacar la vida en cada sílaba y desterrar la sociedad de cada punto, tratar de que no haya un punto bien puesto, ni uno.

Encontraron el cuerpo de Tanguito mutilado bajo las vías de un tren dos años después de la grabación. ¿Suicidio, ajuste de cuentas, mala fortuna? No sé si merece la pena apelar a lo premonitorio. Tanguito tenía 26 años cuando murió, el tío sobre el que quiero escribir también. Algo murió con ellos. Un futuro. Escribir quizá no tenga sentido para darles vida aunque yo lo encuentre, escucharlos, definitivamente, sí.

4 Comments

  1. Arantxa dice:

    Diferente, energiko, contundente, me han entrado muvhas ganas de escuchar s Tanguito. Gracisdmpor desvubrirlo.

    • Javier Arnedo dice:

      Algo así captó mi atención. Me alegra haber aportado algo, y si es esa emoción que hace que se te vayan los dedos del teclado mejor!

      Gracias por leernos ;)

  2. Martín dice:

    Buen texto! Una pequeña correción: el que lo alienta a grabar La Balsa es Javier Martinez, cantante y baterista de Manal.

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