El soul del norte nunca te abandonará

El northern soul llegó a mi vida como ese 24 horas que te deslumbra cuando vuelves a casa.  Fue en Barcelona. A mí me había dado por comprobar hasta qué punto puedes sentirte invisible en una ciudad grande y deambulaba por el centro trazando trayectorias estudiadas pero absurdas: llegaba al final de una calle y volvía sobre mis pasos para ver si alguien me agarraba de los hombros y me preguntaba qué coño hacía. No creas: yo tampoco lo entiendo. El caso es que iba haciendo el gilipollas por la calle de Sitges y me topé con Daily Records. El olor a discos plastificados que salía de allí se comía al delicado aroma a fritanga del bar Macareno. Entre eso y que creo que el dependiente estaba sobado, decidí entrar. Me pasa una cosa en las tiendas de discos: veo tantas cosas guapas que me pongo nervioso y acabo al borde del colapso. Así que me acerco a ellos con disimulo, no sé si para engañarles a ellos o a mí mismo. En Daily Records empecé con las camisetas. Allí, entre las de 2-Tone y los Specials, encontré una con un puño negro y una leyenda a su alrededor: Keep the faith. Casi me caigo de culo. Fuerza, pasión, romanticismo: imposible decir más con menos. Había algo en ese logo que hizo que mi corazón se pusiera a bailar entre la garganta y el estómago. Lo normal hubiera sido buscar en el móvil qué coño era aquello, pero otra de las peculiaridades de mis expediciones era salir sin móvil, así que sentí la necesidad de volver a casa y buscar información sobre aquello. Quizá esto sea reescribir la historia, pero sentí ese escalofrío que provocan las cosas importantes.

Uno de los bulos más extendidos sobre el northern soul cuenta que es inglés. Y qué va: son singles editados por sellos independientes americanos (Ric-Tic, Kent, Okeh, Shout y mil más), principalmente entre 1966 y 1973. La movida es que estos siete pulgadas se perdieron entre la marabunta de Motown y Stax y pasaron desapercibidos hasta que llegaron, entonces sí, a Inglaterra. Allí, en las tiendas de discos del norte de la isla, miles de mods amantes  del soul y rastrearon las cubetas y se toparon con auténticas joyas perdidas. El pope Dave Godin lo vio claro: después de inventarse el término deep soul o southern soul para esa parte de la música negra especialmente profunda, esto tenía que llamarse northern soul.

Entonces me descargué un capazo de recopilaciones de estos singles y lo entendí todo. Trompetas, coros celestiales, desgarro, melodías que te hacen casi todo el trabajo y una idea que inundó mi habitación y Barcelona entera: ahuyentar las penas con el baile, sentir dolor en cada una de las células de tu cuerpo –ese dolor que te hace negar con la cabeza cuando un colega te pasa la mano por el hombro y te dice que el tiempo todo lo cura– y notar cómo el éxtasis del baile las manda a tomar por culo, agitarte, encoger las piernas y estirar los brazos, saltar, bailar hasta que el corazón se te salga por la boca, hasta que puedas exprimir tu camiseta y el sudor se funda con las lágrimas y salgas como nuevo. ¿Esa idea? La llevo grabada a fuego.

Considerado el primer movimiento indie, el northern vivió su único momento masivo a finales de los 70. En todo el norte de Inglaterra había clubes de que celebraban allnighters, fiestas pasadas por anfetas en las que bailarines desbocados se agitaban durante ocho o nueve horas. El más importante fue el Wigan Casino, que en el 78 llegó a recibir el premio al mejor club del mundo. Otro de los bulos que rodean a esta subcultura dice que el Wigan es el único club que merecía la pena, pero había mil: Stattford top of the world, Blackpool Mecca, The  Golden Torch (Tunstall), Twisted Wheel (Manchester)…En todos ellos se respiraba un ambiente inclusivo: todo el mundo era bienvenido, la única condición para ser aceptado era sentir amor incondicional por el soul. Esa imposibilidad de homogeneizar a su público, junto a su condición de subcultura de clase obrera, sus nulas pretensiones con respecto a cualquier cosa que no fuera el baile y su naturaleza de música perdida en plásticos de siete pulgadas impidió a la gran industria explotar el northern. Y esa es otra de las razones por las que este culto es tan hermoso.

Sería una tontería decir que el northern soul me salvó, pero sentí en todo el cuerpo ese “poderoso arco sináptico que enlaza espíritu, mente y carne” del que hablaba Jim Dodge. Y desde entonces todo ha ido mucho mejor. No porque el camino se despejara de pronto, sino porque sé que el  northern nunca me abandonará. Sé que levantaré la mano y estará ahí.

 

 

Mis cinco favoritísimas del northern:

-The Triumphs – I´m coming for your rescue (Okeh, 1976): la historia es triste, pero ahí están los Triumphs para rescatarte. Son suficientes diez segundos de canción para entender que estos superhéroes no van con segundas.

 

 

Larry Williams & Johnny Watson – Too late (Okeh, 1968): aquí está la pena superada. I know that loving feeling is gone, le canta Larry a Johnny en una historia de una que se va con otro. Una historia del pasado, cantada desde la experiencia y con el corazón en la mano. Pocas cosas más emocionantes.

 

Major Harris – Call me tomorrow (Okeh, 1976): Major Harris sabe que la tía no le va a llamar, pero no le queda otra que cantarlo. Y entonces le sale, el dolor, el orgullo, los celos…todo. La hostia en verso.

 

Clifford Curry –  I can´t get hold of myself (Elf, 1968): Lo más emocionante de este temazo es escuchar cómo Clifford Curry va sintiendo una energía que se le extiende por todo el cuerpo y le hace levitar. ¿Esa energía? Claro, del soul. Lo del estribillo ya es para no parar de intentar cualquier cosa que te propongas en tu vida. No hay más.

Johnny Johnson & The Bandwagon – Breakin down the walls of heartache (Direction, 1968): cierro con el mejor resumen de la filosofía northern: derribar los muros de las penas del corazón. Aquí y ahora, mientras suena esta canción y te mueves, poseído por esa energía imbatible que te entra por los oídos y te cambia (a mejor) para siempre. Glorioso.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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