RAÚL FRUTOS: «la cuerda es el principio y será el final de todo»

Quedamos con los hermanos Frutos —Raúl (Crudo Pimento, DAVA, FHHx, LMO, The Ben Gunn Mento Band) y Paco (The Ben Gunn Mento Band)— en la academia La Moderna, donde Raúl echa más horas que la RENFE. Se supone que íbamos a hablar de guitarras y de su actuación en Quinto Orden (2 de noviembre, Auditorio Sebastián Gálvez de Beniaján), pero acabamos largando de Ray Heredia, de lo cuesta abajo y pedregoso que a veces conviene que sea el camino, del vacío de talento que intentan esconder muchos videocreadores y artistas sonoros, del futuro del folklore y de la vigencia de la cuerda. De estos dos últimos temas, no frunzas el ceño, sin demasiada solemnidad. Y nada: aquí tienes la entrevista sin borrar ni una mísera palabra. Aprovecha, que en cualquier otro medio te cortarían la mitad o tres cuartos y, oh, sabe el cielo que sería una lástima.

¿Cuándo empieza vuestra relación con la música?

Paco Frutos: Pues es raro, pero no viene por parte de padres. Yo me arranqué detrás de él, y eso que él es [tres años] más joven. Lo primero que oímos en el barrio fue heavy metal.

Raúl Frutos: En mi caso, en concreto, con un camionero, Jesús el Tarzán.

¿Aquí en El Carmen?

RF: No, en la carretera de Patiño. Justo enfrente del bar Níquel. Cuando yo tenía unos dos años, el Jesús el Tarzán tenía montado en su casa vieja un local de ensayo. Yo bajaba y me encaramaba a la ventana a ver cómo tocaban. Un día, el Tarzán me vio y me metió para adentro. Me sentó en la batería, que no llegaba, y a partir de ese día surgió el descontrol.

PF: El primer músico de la familia fue él. A partir de ahí empezó con la batería…bueno, una batería que jamás le compraron, porque no había pasta en mi casa. Le compraron una mierda de batería de juguete…

RF: Y me la rompió un vecino, el Paco de las caravanas. Mis padres me compraron esa batería con toda la ilusión del mundo, y era de juguete, en aquel momento no existían baterías a escala para niños. El cabrón del hijo del de las caravanas un día bajó a jugar y me la rompió. Yo salté de la cuna, le enganché la oreja y le arranqué un trozo. Bajó el padre y le dijo a mi madre: «Si tu hijo es un perro, lo llevas a la perrera». Y al Paco le sigue faltando el trozo de oreja, que se dobla el cartílago y se lo mete en el oído. Que se joda.

PF: Hombre, es que estaba ahí el zagal con su ilusión y van y se la rompen…

RF: Y luego, la primera cinta que compramos…

PF: ¿Bon Jovi o algo de eso?

RF: Lo primero que pillamos en Candilejas, al salir del ambulatorio de El Carmen, fue el directo mítico de los Scorpions, con esa versión de The Zoo…una maravilla. Después, con el dinero que sacábamos con los detectores de metales con mi padre, en la playa, me compré el Girls, girls, girls, de Mötley Crüe, y ya empezamos a grabarnos de todo. Carlos Pina fue la primera referencia periodística y de difusión que tuvimos, en Radio 3. Y luego, cuando nos embargaron la primera casa, que nos tuvimos que ir corriendo a San Ginés, empezamos a tope con las guitarras. Teníamos unas guitarras chiquiticas de plástico, también de juguete, y les pusimos una goma de una carpeta y empezamos a funcionar.

¿Todos esos pasos los disteis juntos?

PF: En cuanto a la música, siempre hubo una rivalidad en plan Madrid y Barcelona. Cuando a ti te gustaba Bon Jovi, a mí me gustaba Europe. Cuando a él le gustaba un grupo, a mí el contrario, me cago en diez. Se compraba uno, yo me compraba el Bad, de Michael Jackson. Hostias, con ese acabamos haciendo la oveja en el salón. Él tiraba siempre hacia lo bruto, hacia la música más bestia, y yo tiraba para lo armónico y lo moñas. Ahí nos fuimos separando musicalmente.

RF: Pero hasta la guitarra, que todo eso vino con las peñas huertanas.

¿Cómo fue ese principio con la guitarra?

RF: Pues, una vez más, determinada por la pobreza. Comprar una guitarra era un milagro, así que empezamos a ir a la Peña del Apio. Yo tenía 11 y tú 14, que a te compraron la primera guitarra.

PF: Una Miguel Ángel, valenciana. Que, por cierto, me la  he vuelto a comprar, porque el cabrón me la destrozó. Fuimos a la peña y a los dos meses este dejó de ir.

RF: Pero luego volví. Es que me dejaron una bandurria y me lie con la bandurria, que hacía unos solos que de vez en cuando me decían: «Muchacho…».

PF: El profesor se llamaba Ángel, y llevaba el bigotico de Hitler, que decía que era muy moerno.

RF: Yo cogí y me llevé la bandurria, muy gitano. Que luego volví a hacerlo en una cuadrilla: me dejaron un violín y me dijeron que tenía que ir a una misa a tocar el himno de España. Cogí el violín y me fui. Lo tuve en mi casa cuatro o cinco años, hasta que vinieron a buscarlo. Pero sí, ahí tuvimos un primer contacto con los instrumentos de cuerda temperados.

PF: Ahí empezó a haber una diferencia técnica. Él a los dos meses ya punteaba como la hostia. Y yo estaba con los acordes todavía, me cago en Dios. Que no se me daba mal, pero este se tiró a los punteos y copiaba todo lo que escuchaba. Lo hacía de puta madre. Esa técnica le dura aún, yo no soy capaz de puntear tan rápido como él. Y eso lo tiene desde los dos meses de tocar una guitarra. Y entonces tiró a cosas más virtuosas. En seguida estabas haciendo metal muy bestia.

RF: Sí, de las peñas pasé al hardcore y al punk en Patiño y a cosas de progresivo. Él empezó después con el flamenco, y ahí ya…

PF: Con el flamenco me dio por tocar mucho la guitarra. El flamenco es que te absorbe, tío. Te exige mucho en compás, mucha repetición…y al final te tienes que poner las pilas.

RF: En mi casa fue él el instigador de la historia del flamenco. Trajiste el primer disco doble de Paco de Lucía, el Live in America, El concierto de Aranjuez, los recopilatorios de Nuevos Medios…a mí se me fue la cabeza.

PF: Tú estabas en otros mundos, pero ahí te enganchaste.

RF: Ahí es que descubrimos a Carles Benavent, a José Mercé, que hacía unas bulerías súper oscuras…

PF: Duquende, Potito, Ray Heredia…

RF: A mí me explotó la cabeza.

Claro, es que ahí estaba la técnica y la oscuridad que tú estabas buscando en otro lado, ¿no?

RF: Sí, había técnica y oscuridad. A Ray Heredia todo el mundo lo conoce por Alegría de vivir, pero era un yonqui de la hostia, súper oscuro. Era casi analfabeto, pero escribía unas letras muy certeras. Y yo dije: «¿Y este gitano quién es?». Estuvo en los primeros tiempos de Ketama y murió de sobredosis. Ahí mi hermano empezó a desarrollar la técnica flamenca y a cantar y a tocar a la vez, que eso en el flamenco no mucha gente lo hace. Yo se lo he visto hacer al Bastián, aquí en Murcia.

PF: Claro, hay cantaores que se acompañan, porque son muchas horas cantando y acabas acompañándote.

RF: Camarón también lo hacía. Pero claro, hay que tener un control de los palos, de la rítmica…porque es absolutamente polirrítmica de la guitarra con respecto a la voz. Yo se lo he visto hacer a Camarón, en alguna grabación y al Bastián, pedazo de guitarrista murciano. Ese es un ciclón.

PF: Fue la época de aprender con las cintas. Yo creo que con las cintas se estudiaba la música más concienzudamente que ahora con los CD…

RF: Que ahora con los CD, dice, ¿pero en qué mundo te has quedado?

PF: A ver, yo sigo comprando CD.

RF: «Porque la gente ahora va loca con el Fotolog…» [risas].

PF: Yo todas las semanas me compro un CD. Yo voy siempre con el Spotify, pero, hostias, con los CD tengo los títulos, las letras, las fotos…pero lo que te quiero decir es que esa técnica rudimentaria de atrasar las cintas, uno tenía que estar mucho más atento y desarrollar mucho más la memoria para conseguir copiar lo que sonaba. Yo ahora no me concentro tanto como antes.

RF: Es verdad que para un autodidacta eso era muy efectivo.

Ahora tienes toda la música a un clic.

RF: Sí, y salen muchos grupos con un batiburrillo de influencias que no están maduras, porque asimilar eso lleva años. Todo esto te lo digo desde una academia de música en la que trabajo. Podríamos hablar mucho de cuál es la forma adecuada de aprender a tocar. Yo te diría siempre que lo mejor es el camino incorrecto: cuesta abajo y pedregoso. Las cintas TDK fueron una escuela.

¿Cuándo empieza la experimentación?

RF: Pues precisamente ahí. Pinponeábamos las cintas para poder sacar más pistas. Ponías el micro de un radiocasete al altavoz del otro y grababas hasta que se formaba ahí una follaera…y si querías tocar la batería, pues tenías que montar una con los tupperware y latas de mi madre. Y sonaba curioso. Ahí empezó la experimentación. Después de que nos embargaran la segunda casa, mi padre trajo un ordenador a casa con una tarjeta de sonido Sound Blaster de 16 bits, que no sé por qué se la instalaron, porque en aquel momento eso era la hostia.  Fue una bendición. Empezamos a hacer movidas, hasta tal punto que cogimos el ordenador y lo transformamos en una emisora de radio para todo el barrio. Mi hermano, que es ingeniero electrónico…

PF: Pero no tiene nada que ver, todavía no era ingeniero ni era nada.

RF: Ni ingeniero ni capullos, podíamos haber muerto electrocutados. Y nada, montamos un programa de radio que se llamaba Goma 3. Y sonaba una bomba y una canción de Soziedad Alkoholika a toda hostia.

PF: Yo creo que solo llegaba a Las Espigas y creo que no nos escuchó nunca nadie. Bueno, en el edificio, creo que la Encarna dijo una vez que había escuchado a los zagales.

La diversión no existía, teníais que inventarla vosotros.

RF: Está claro, no existía.

PF: Además, piensa que no había tradición musical. Cualquier música nueva o camino nuevo o lo que fuera…nos la currábamos nosotros. Mis padres no tenían la costumbre de llevarnos a un concierto.

RF: O lo del conservatorio, que luego mi madre se arrepintió. Pero fue mejor esto, tío, montar una emisora pirata con una Sound Blaster.

Mucha gente hace el conservatorio y luego odia su instrumento.

RF: Suele pasar: la enseñanza reglada a edades tempranas suelen hacerte odiar algo que deberías amar. Pero en nuestro caso era pura necesidad. Teníamos al tío Paco, que cantaba unos fandangos de puta madre, pero no había nadie a quien preguntarle. Estábamos los dos solicos, metidos en la habitación, haciendo pruebas. Guitarras eléctricas tampoco podíamos comprarnos, por ejemplo. Lo que hacía era coger una guitarra española…

PF: Las destrozaba todas, el cabrón.

RF: Me preguntaba cómo meterle distorsión a una guitarra española. Desmonté el radiocasete y arranqué los cabezales magnéticos. Se los pegué a la guitarra y eso era una locura. Entonces los sacaba a través de altavoces pequeños de las radios. Saturaba mucho, montaba unas chicharreras…¿te acuerdas del día que tu amigo Raúl se compró una guitarra eléctrica y fuiste a su casa a tocar con un amplificador? Yo estaba súper emocionado, esperando a que volvieras para que me contaras cómo funcionaba una guitarra eléctrica.

¿Es necesaria la tradición o la raíz para experimentar?

RF: Es que no puedes postularlo, porque haces el ridículo. Yo te digo mi caso, y es que no puedo hacerlo de otra forma. Desde lo que he vivido: la peña flamenca, meterle cabezales a la guitarra española…

PF: Si él es así es porque las influencias le han llevado ahí. Si no te hubiera dado el coñazo con el flamenco o con las putas cuadrillas, pues igual no irías por ahí.

RF: Exacto, en parte es su culpa.

PF: Serías otro músico.

RF: Claro, pero establecer eso como un manifiesto no tiene sentido. En el momento en que es forzado, no vale. La música experimental últimamente me toca los huevos. Últimamente no la entiendo. Videoarte, videocreación, arte sonoro…me parece todo una basura.

Alfonso Alfonso dice que la innovación está sobrevalorada: que algo sea nuevo no quiere decir que sea bueno.

RF: Totalmente. Últimamente lo veo mucho, arte sonoro, videoinstalación…cogería esos conceptos y los metería en ácido sulfúrico. Me parece una puta basura y me parece muchas veces, no tiro piedras contra nadie, que eso denota falta de talento y necesidad de suplir ese vacío con algo. Hay mucha gente que se cree que es Laurie Anderson o Philip Glass. Y no es Philip Glass, porque para eso te hace falta un camino. Primero un talento, que no digo yo que nosotros lo tengamos, pero te hace falta un camino que no te lo va a dar decir que eres artista sonoro o videocreador. Me parece un cajón de sastre en el que últimamente se mete mucha gente. Y hay peña haciendo cosas impresionantes ahí, a lo mejor, pero porque son puro talento. Lo mismo podrían hacer eso que tocar la gaita en Escocia. Pero eso, ese cajón…arte sonoro, videoinstalación…

Intervención.

RF: Intervención, videocreador…en el momento en que escucho eso, pierdo la atención.

Paco, hablabas de las cuadrillas. ¿El folklore se ha convertido en una pieza de museo?

PF: Depende del círculo en el que te muevas. Si estás dentro, te digo yo que no lo ves muerto. Yo veo gente muy joven que se acerca. Gente con talento que empieza a cantar por malagueñas de una manera original, suya. Eso quiere decir que, en unos años, la malagueña va a ser diferente.

RF: Claro, esa es la transmisión oral no reglada.

PF: Si escuchas una malagueña o una parranda de los años 40 ves que son diferentes a lo que se hace ahora. Es un tópico, pero el folklore está vivo. Lo que escucharemos en 20 años será diferente, pero no de una forma prefijada, será lo que tenga que ser. Muchas veces me preguntan qué hacer para revolucionar el folklore, para darle un empujón…

RF: Diles que hablen con El Niño de Elche. Es lo que dice él, evoluciona, pero sigue dentro de una tímbrica. A mí hay una cosa que me flipa, que es lo más punk que he visto en mucho tiempo: los verdiales de Málaga. Hay cuadrillas de verdiales que son dinamita pura. Eso es punk siendo tal y como es, lo ha cogido la gente joven y lo ha llevado a un nivel de salvajismo. Pero claro, eso no lo vas a llevar al siglo XXI metiendo un aparato que le meta pitidos. No, es que somos verdiales ruidistas. Mire usted…no.

El folklore tiene unos tiempos diferentes a los que predominan hoy.

RF: Claro, es otro ritmo y, sobre todo, importa la transmisión oral, que es mucho más reposada.

PF: En el folklore, como en todo, hay muchos integristas también. Pero está pasando gente por los lados y no se enteran.

¿Y dónde pones el límite de respetar la tradición pero no ser integrista?

PF: El límite lo tiene cada uno. La gente se acaba quedando con lo que le gusta, lo que le dice algo.

Es una música que, en un momento dado, explicaba la vida de la gente. ¿Eso sigue pasando?

PF: Sí, el folklore es eso. Tú intuyes cómo es cada persona en función de cómo toca o cómo canta.

RF: Es interesante eso, hablamos del folklore como algo pegado a la tierra. Los calypsonian, por ejemplo, en Trinidad, era gente que hablaba de lo que le pasaba a la población. El calypso era como un periódico para esa gente. Hoy en día, con la globalización, no está claro qué apego hay a la tierra o a las situaciones del día a día. En Trinidad y aquí, la situación hoy es estar pegado a un móvil y sufrir porque no puedes pagar la cuota y pierdes el mundo. Va a ser controvertido cómo eso afectará al folklore.

PF: Yo creo que de lo que más pegado va a seguir a cómo es la gente es el cuadrilleo en Murcia, porque se le ve el plumero a todo el mundo. Cuando ves cantar o tocar a alguien sabes de qué pueblo viene, eso no se puede ocultar. No se puede impostar. Un ejemplo opuesto es lo de Raül Refree con Lina. Hostias, yo llevo escuchando fado un montón de tiempo, y es el reflejo de la gente pobre que canta, sin dientes, putas, de todo…y llega el Raül este y le proponen llevar a Lina y se pone a estudiar fado un mes. Sale una puta mierda totalmente impostada. Eso está forzado, no está unido con la tierra. Lo escuchas y no sabes ni qué piensa ni de dónde viene.

RF: Y te venden el fado como algo dulce, ay, qué bien cantan los portugueses. Pero claro, el fado políticamente no es correcto. Me cago en diez, estás hablando de marineros, de putas…explícale eso a la gente. Ahí sí hay una desconexión: se intenta reelaborar algo de lo que tú no tienes un conocimiento ni una vivencia personal, un poso.

Dejas de cantar de lo que sabes.

RF: Esa es la historia. A mí me chirría en la parte lírica cuando aparecen referencias a los whatsapps. Es inevitable, ¿pero cómo cojones lo calzas? A mí me da mucha vergüenza, me da un tufo adolescente insoportable, pero es verdad que de qué vas a escribir…no vas a escribir sobre la carta que enviaste el otro día. Hay un dilema ahí: o lo  haces muy fino, o es un desastre absoluto.

Pero igual el drama del narrador en ese momento es que no le han contestado un whatsapp…

RF: Claro, claro. Eso puede ser un drama. Pero es muy complicado. No es llevarte a Goethe a whasapp, pero…

Quinto Orden reivindica la tradición y evolución de la guitarra como un instrumento fundamental en la cultura mediterránea. ¿Sentís ese arraigo?

RF: Sí, pero más que llamarlo guitarra, yo lo llamaría cuerda.

PF: Claro, porque es el palo, es el tres, no nos centremos en las seis cuerdas.

RF: Es la tensión de la cuerda, el tacto…si te vas mucho más atrás, eran tripas de animales secas y estiradas. Ahí hay todavía más peso poético y filosófico. Pero sí, es un nexo. Somos instrumentistas de cuerda.

¿Cómo se es músico de cuerda en el siglo XXI?

Rf: Significa que a veces cogerías la cuerda y te ahorcarías [risas]. Yo te lo digo así, que es como lo llevo yo.

PF: Yo no. Para mí, la cuerda no tiene ni un ápice de desfase, no se queda fuera del panorama. Que igual estoy yo empezando a estar carca, pero la cuerda está vigente.

RF: Claro que está vigente, es el origen de todo. Partiendo del principio físico por el que se produce sonido en una guitarra, eso no va a morir nunca. Es el principio y será el final.

¿Qué vais a tocar en Quinto Orden?

PF: Hostias, esa es la más difícil.

RF: No hemos ni ensayado. Intentaremos hacer un dúo flamenco de toda la vida, cantaor y guitarrista y percusionista. Mi idea, para esto y para otros proyectos, era la de crear una mesa pequeña para llevar la percusión, como se ha llevado toda la vida en el flamenco, en las tabernas. Palma y nudillos. Y claro, tratar esa madera con efectos, distorsión y toda la hostia. Guitarrista, percusión, voces y percusión flamenca ancestral, pero tratada. Por ahí va la historia.

PF: Yo llevaré guitarra clásica y el tres. Tengo ganas de tirarle a lo latino, que lo tenemos abandonado.

RF: Cada vez que hemos tocado como hermanos, ha sido diferente. Una vez cogimos a Skip James con el blues del delta y meterle colombiana y guajira, otra vez hicimos un martinete con un mando de televisión en la guitarra. ¿Te acuerdas que el tío que recitaba nos miraba raro? Porque el mando hace interferencias con las pastillas. Y el tío miraba como cagándose en Dios. Que el martinete iba perfecto, pero empezó a endiablarse la cosa…

PF: Normalmente nos ponemos a tocar y vamos tirando.

RF: Siempre hay un fondo, sin discursos de apropiacionismo ni nada, que es el del dúo flamenco de toda la vida. Pero bueno, será tocar en Beniaján rodeados de amigos y con cerveza fría.

Retratos del denodado Diego Montana.

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