Post Pop Depression: Iggy, Dios y las putas procesiones

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Chasqueo. A veces pienso que me paso el día chasqueando. Pero es que…joder. Estoy en la plaza del Romea y he quedado en Centrofama y la calle Echegaray está cortada por una puta procesión y podría rodear por la plaza de Santo Domingo y llegar al Tontódromo pero una voz estalla en mi cabeza y dice ¡No rodees, no rodees, me cago en dios, pasa por el medio de la puta procesión! y le hago caso a la voz y atravieso un muro de personas y luego otro de personas encajadas en sillas de plástico verde y me siento observado y  esquivo a  personas disfrazadas del Ku Klux Klan que desfilan con la arrogancia del que va a una guerra y se siente tan protegido que cree que vencerá hasta con una túnica negra y un cordón bajo la panza y una máscara que tapa todo y se alarga obscenamente en forma de cono hasta Marte o Venus o cualquier otro lugar en el que cualquier forma de vida mínimamente desarrollada pueda llegar a la conclusión de que SE NOS HA IDO LA PUTA CABEZA y luego cruzo otro muro de personas encajadas en sillas de plástico verde y luego otro muro de personas y me froto los bolsillos como pasando reconocimiento y sonrío. Me flipa la semana santa.

Lo mejor de Post Pop Depression (Loma Vista) es que es mil cosas a la vez y no deja de ser una sola. Pulsas el play y, a los dos segundos, ya sabes que Josh Homme ha metido aquí las garras. Aquí está toda su personalidad: sus riffs, su oscuridad, sus coros, sus melodías, su chulería y, sobre todo, su clase. Entonces piensas que el tío se está gustando a sí mismo. Trazó las líneas por donde debía circular el rock duro molón este siglo, influyó en que Arctic Monkeys dejaran de ser pajilleros y se convirtieran en señores con tupé –y un pelín engolados, aunque esa es otra historia- y ahora se recrea en la despedida del padrino del punk y se asienta como gran gurú del rock que huele a tierra resquebrajada. La voz de La Iguana brilla como no lo ha hecho en décadas. Iggy recurre a un tipo en estado de gracia –como hizo en su momento con Bowie o Steve Jones– y se despide de la música rugiendo. Tan enfadado como hace 50 años, cuando cogió un micrófono por primera vez e inventó algo que luego se llamaría punk.

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 Me flipa la semana santa. Me flipa que las calles huelan a incienso y se perciba de una forma tan explícita que están ELLOS y estamos NOSOTROS. Y que esto es una guerra. Lo mejor de la semana santa es que ELLOS ya no pretenden vestirse y actuar como NOSOTROS y se visten y actúan como seres de su época, seres de la puta Edad Media. Lo mejor es que tienes que trazar un plano de la ciudad para poder caminar sin encontrártelos y no tener que reírte en sus putas caras de pan por adorar a trozos de madera y que ellos se abalancen sobre ti y te muelan a palos. Las cartas están boca arriba.

Iggy llamó a Homme. Le propuso grabar un disco juntos. El pelirrojo silbó y acudieron Dean Fertita (Queens of the Stone Age, The Dead Weather, The Raconteurs) y el mono Matt Helders. Se fueron al estudio de Homme en el desierto de Joshua Tree. Tres semanas. Dice la nota de promoción que Helders y Fertita fliparon con la vitalidad de Iggy y que se deprimían cuando el stooge se piraba. De ahí el título. Escuchas las canciones y te viene esa imagen a la escena. Se hace imposible no pensar en la depresión post Pop. Recuerdas esa foto de la que todo el mundo habla estos días. La foto es de 1972. Aparecen David Bowie, él y Lou Reed. Y ya solo queda él. Lleva 50 años peleándose con Keith Richards y Ozzy Osbourne por el premio de rockero inmortal y ahora ve la muerte cerca. Esa sensación de fin de ciclo recorre el álbum. Iggy hace balance: habla  de su personaje –I´m nothing but my name, reflexiona en American Vallhala del éxito – guapísimo ese vacilón When you get to the bottom/ You´re near to the top/ The shit turns into chocolate drops de Chocolate Drops- y del futuro, en la canción que cierra el álbum. La más emocionante. Se llama Paraguay.

Me temo que somos irreconciliables. Es imposible que esos cabrones y NOSOTROS tengamos nunca el mismo sistema de valores. Quiero decir: tenemos más en común con un perro –los perros no cargan cinco toneladas de madera y flores sobre los hombros y tampoco lloran porque llueva, ¡por Belcebú!- que con ELLOS. Es raro, porque, al mismo tiempo, ELLOS también tienen más en común con un perro –inteligencia limitadica, exceso de salivación al ver al amo- que con NOSOTROS. Pienso en todo esto mientras atravieso el Tontódromo. Me viene a la cabeza aquella pregunta que le hicieron a Liam Gallagher sobre si prefería a los Beatles o a dios. Él contestó: “¿Cuándo fue la última vez que dios hizo un disco decente?”. Menudo cabrón, dios.

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Suena Paraguay. Iggy y Homme cantan a capella Wild animals they do/ Never wonder why/ Just do what they goddamn do. Ejem. Putos idiotas. Iggy se despide. Sube de tono. Cada vez más rabioso. Estalla: There’s nothing awesome here, not a damn thing, there’s nothing new, just a bunch of people scared. Fear eats all the souls at once. I´m tired of it and I dream about getting away. To a new life. Where there’s not so much fucking knowledge. I don’t want any of this information. I don’t want YOU. Not anymore. I’ve had enough of you. Yeah, I´m talking to you. I´m gonna go to Paraguay. To live in a compound under the trees with servants and bodyguards who love me. Free of criticism. Free of manners and mores. I wanna be your basic clod who made good. And went away while he could to somewhere where people are still human beings. Where they have spirit. You take your motherfucking laptop and just shove it into your goddamn foul mouth. And down your shit heel gizzard. You fucking phony two faced three timing piece of turd. And I hope you shit it out with all the words in it. And I hope the security services read those words and pick you up and flay you for all your evil and poisonous intentions. Because I´m sick and it´s your fault. And I´m gonna go heal myself now. BUM. Flipas.

Me acuerdo de la primera vez que escuché a los Libertines y pensé en que ya estaba bien de hacer cosas que no sentía solo para pasar desapercibido. Acabo de atravesar una puta procesión y sigo escuchando música que me dice que lo estoy haciendo bien, que son ELLOS los putos locos. Iggy suena retador. Por primera vez en años, no me inspira condescendencia. Vuelvo a pensar que Homme es un cabrón, porque esto suena a Homme. Y entonces leo referencias a The Idiot (1977, RCA) y entiendo que esto suena a Homme porque Homme suena a Iggy. El pelirrojo está dándole las gracias a su ídolo. Y es emocionante. Una señora me ve una lágrima y me grita ¡¡VIVA LA VIRGEN DE LOS DOLORES!! y yo pienso en que Post Pop Depression es una procesión en honor a Iggy Pop y llego a la conclusión de que yo llevaría ese trono. Yo gritaría GIMME DANGER, LITTLE STRANGER!! y me arrastraría sobre un suelo lleno de vidrios hasta que me pudiera bañar en mi propia sangre. Lo haría sin dudarlo, porque tengo 50 millones de razones para homenajear a La Iguana. Y esa es la puta diferencia.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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