Perro, Juventud Juché y Tumefactum en el Centro Párraga: «Cánones, venas hinchadas y zurullos»

1.1

Es extraño: puedo levantar los pies. Sin problemas, quiero decir. Puedo caminar de un lado al otro de la sala y saltar y agitar los brazos y tirar flechas como si fuera un Cupido barbudo. Pero qué va. La sala es un cubo negro situado en la planta principal del Centro Párraga. Sobre el escenario hay una banda que inspira cualquier cosa menos saltos y aleteos ingenuos. La banda inspira a mirarte las zapatillas, resoplar, degollar corderos, mover los hombros a la epiléptica o llorar en medio de la calle al ver un gorrión muerto. No huele a cerveza ni hay pósters de tipos sin camiseta con la boca abierta y los dedos índice y meñique extendidos. El suelo no está pegajoso. Esto no es una sala de conciertos, pero mola. Es un buen contexto. La banda se llama Tumefactum.

Tumefactum son más negros que el tizón. Se saben el canon del post-punk de memoria. Llevo toda la semana pensando en lo mucho que mola que en Murcia haya una banda que se sepa los discos de Joy DivisionGolpes BajosParálisis PermanenteThe CureKilling Joke- Echo & The Bunnymen. Mola, mola. Mola, pero llevo diez minutos y estoy aburrido. Son tres: un guitarrista que arpegia como si no hubiera mañana, un batería con sangre en las venas y una cantante que toca el bajo y me mira –nos mira- como esa niña buena que, de pronto, presenta en clase un dibujo en el que aparecen niños decapitados y bestias sonrientes y flamígeras que sostienen cuchillos ensangrentados. Ese rollo. Se lo digo a Asier. Le digo: A mí me tienen ganado con su propuesta, tío, pero me aburren. El cabrón contesta: Qué va, espera a que toquen la segunda canción.  El problema de Tumefactum es que son canon y nada más. Suenan a algo que ya has escuchado…y que sonaba mejor. Pienso en Antiguo Régimen. Son igual de canónicos, pero tienen otra salsa, otra intensidad, otras letras. Yo qué sé. Algo. Algo que suena a ellos. Pero, eh, esta gente está empezando. Su Bandcamp está más desangelado que mi currículum, y me tendrán de su lado cuando estalle la revolución de las uñas negras.

Salimos. La china del chino de la calle Cartagena dice que no puede vendernos cerveza. Volvemos a decirle que es para llevarla a casa, pero ya no cuela. La tía no es imbécil. Nosotros, sí. Buscamos otro chino y pillamos un par de Emdbrau de medio litro, como dios manda, y volvemos a la puerta del Párraga. Asier está hablando de –qué raro- Nirvana. Dice que una vez se los puso a su viejo y su viejo le dijo: Pero esto…me deprime mucho, joder. Dice que él le dijo: Es la idea, papá. Es la idea. Me gusta que siempre acabemos hablando de lo mismo. Mario asiente. Dice: Ya ves, ya ves. Después, Asier dice que su sangre tiene una parte positiva y otra negativa y que es una rayada del copón porque no puede donarle a nadie y yo digo que cómo puede ser tan alternativo todo el puto rato y Mario dice que si Asier me dona sangre igual reviento y que es una pena que no haya un enfermero entre nosotros y esta conversación acabe justo AQUÍ.

3.2

Se oye una guitarra. Entramos. La guitarra suena como una motosierra. Precisa, helada, cortante. Javier Molina canta como si fuera a pegarle un mordisco al micro. Y como si después lo escupiera y tuviéramos que cubrirnos la cara para que no nos alcanzasen los trozos de metal y plástico. Trozos enanos, sí, pero escupidos con tanta rabia que podrían partirte la cabeza. RABIA. Esa es la palabra. Juventud Juché desprenden urgencia, energía y hartazgo, pero la RABIA lo supera todo. Suena Fuera. Me acuerdo de Gang of Four. Me acuerdo de Damaged Goods: esa atmósfera punk y, de pronto, una melodía pop. Pop perfecto. Potente y agresivo. Ahí hay una conexión. Juventud Juché también suenan a Wire y, ahora más que nunca, a The Fall. Y a cabreo. Javier Molina tiene la vena del cuello como el bíceps de Cristiano Ronaldo. Está enfadadísimo. Joder, es realmente emocionante.

Asier viene de hacer fotos y dice: ¡¡BUUUUUUUUUUUAAAH, ESTO SÍ, ESTO SÍ!! Dice que lleva un rato sin aclararse entre saltar como un hijo de puta y ajustar el balance de blancos. Le digo que salte. Que le den a las fotos. Que mire a Javier. Me sube por la espalda un escalofrío que me traspasa la corteza cerebral y se convierte en una idea: Juventud Juché están en EL momento. El enfado de Javier Molina es auténtico. El cabrón nos mira –qué coño, nos encara- como si fuéramos el puto enemigo y quisiera rebanarnos el cuello. No sé si Juventud Juché han firmado su mejor música; no sé cuánto le durará a Javier este enfado, pero ahora suena jodidamente puro e impredecible. Y peligroso. Me jode, coño. Me parece casi porno la forma en que este tío se desnuda y se deja la muñeca y la garganta y, mientras, nosotros no podemos hacer más que soltar la birra y pegarnos hostias. Aunque solo sea para sentirnos golpeados y heridos. Suena Carne. Joder. LA VIDA ME ESTÁ ADELANTANDO, ladra Javier. Joder, joder. Esto duele, te lo digo en serio.

2

Entonces aparecen los percusionistas de Perro y suena Defensa. Y entonces reventamos. NO HAY DEFENSA POSIBLE, ESTAMOS TODOS DENTRO. Eso que dijo Johnny Rotten…ese momento en el que te das cuenta de que te han engañado durante la mayor parte de tu vida. Me cago en dios. Y todos a pegarnos hostias, porque somos seres primarios sudados y rabiosos. Y entonces un tío me mete una hostia en la nuca y siento cómo cruje todo mi cuerpo y la canción termina y salimos y le digo a Asier que creo que es un milagro que ahora mismo no sea un Ramón Sampedro. También le digo que, entre la tristeza y la rabia, me quedo con la rabia. Dónde va a parar.

Mario y yo logramos juntar dos euros y pedimos una caña. Vuelvo de la barra con dos vasos repletos de espuma. Mario se enfada. Le digo que es cosa del tío de la barra. Mi colega va a reclamar. No sé exactamente qué va a reclamar, pero él está convencido. Coño: Napoleón no cabalgaba tan seguro. Mientras, le confieso a Asier que el tío de la barra me ha dado una lata y yo he echado la birra en dos vasos y que soy el culpable de la sobredimensión de la espuma. Asier se parte. Yo le digo: Mario siempre deja dos o tres anécdotas para el recuerdo. Mi colega vuelve con los hombros encogidos, como si acabaran de pitarle penalti. Yo le conozco, y te juro que en su cabeza todo tenía sentido.

Dentro ya hay follón. Entramos. La sala se ha llenado. Perro juegan en casa. Hacen carantoñas al público. Se miran entre ellos. Mientras, su máquina de ultrapop lleva un rato rodando. No sé si lo de ultrapop tiene algún sentido. Creo que sí: hablan de sus colegas, de futbolistas de principios de siglo, se parten el ojete, cuelan dos o tres canciones dentro de una canción, son bestias rítmicas, tienen  ingenio y cierta ingenuidad y –lo mejor de todo- un trasfondo muy punk. Rascas y rascas y rascas y, de pronto, gritas: ¡¡COÑO, ESTO ES PUNK!!

4

Y que son divertidísimos, pijo. Yo me he pasado dos años diciendo que Perro-sí-pero-no, como si fuera un punk del 77 rajando de los Fleshtones solo porque se lo pasan demasiado bien. Ahora me siento un poco idiota. Suena Falso techo. Cambios de ritmo, melodías perfectas, potencia, punteos que te arreglan el día…los cabrones lo tienen todo. Mario está salivando de puro placer. Dice: Mira, mira, son tan máquinas que ponen el estribillo al final de la canción. A mi lado hay una tía con un sombrero de copa muy raro. A la altura del ala tiene unas ramas doradas que le dan un carácter entre gótico y post apocalíptico. Una movida muy rara, ya te digo. Asier dice: ¿Dónde coño se lo habrá comprado? Al otro lado hay una olla. Me doy cuenta de que Perro es eso. Esta banda está en algún lugar entre un sombrero de copa y una olla. Suenan muy compactos, pero, por momentos, un pelín rutinarios. Como si hubieran encendido el piloto automático desde hace un rato. Como si hubieran quemado estas canciones y ya no les hicieran tanta gracia. Y entonces aparece la palabra PROFESIONAL en letras llameantes. Porque, sin diversión, Perro no valen un duro.

 Entonces suena Marlotina. Y la olla se agranda, claro. Asier dice: Joder, qué ganas de meterme. Le pregunto que cuál es el problema y me señala su cámara. Se la cojo. La cámara. Sale disparado. Salta y se pega como un cabestro. Al rato, vuelve. Dice: buaah, es que nosequé. No dice nosequé, pero es que yo he acumulado una necesidad imperiosa de saltar y empujar mientras un tío grita los nombres de George Finidi, Valery Karpin y Jimmy Floyd Hasselbaink. Guapo, guapo.

5.3

La canción termina y Guillermo dice que hemos picado todos, que lo suyo es una mierda. Y seguramente tenga razón: Perro es una mierda. Una mierda fresca. De esas que te hacen patinar. Tienen la personalidad y la chulería de un zurullo que se planta en medio de la acera, desafiante. Y esto es bueno. Quiero decir: estamos hablando de una banda que se hace pajas con música que siempre acompañó a la palabra mierda. Quiero decir: el punk era mierda, y los alemanes requeteguays llamaron krautrock al krautrock por no llamarlo puto zurullo. Sí, quiero esa mierda.

Entonces se van y gritamos ¡¡OTRA-OTRA!! y vuelven y tocan La reina de Inglaterra en versión apática. Se nota a kilómetros. El concierto termina. Bajo a mear y oigo a un tío decir: ¿Pero qué se creen tocando ese bis con esa desgana, que somos tontos? Macho, que tenéis dos discos, pero que no sois nadie. Que sois de El Secano, me cago en dios. Tocad con esa desgana cuando os conozca alguien. Me encojo de hombros y me guardo la pilila.

Yo es que prohibía los bises, te lo digo. Dime tú qué necesidad hay de ese añadido pegajoso. Forzado. Aquello que decía Tom Waits de que el público es un animal y que conviene dejarlo hambriento. Ese rollo: si ya se han ganado el pan y tú has saltado…pues déjalos vivir, pijo. Pero esa es otra historia.

Encuentro a Asier y volvemos al centro. Mi colega me cuenta que tuvo una banda que se llamaba Siempre Erektos. Me doy cuenta de que el Microsonidos ha terminado. Me pregunto quién traerá a las bandas que importan si desaparece esta movida. Después vuelvo a pensar en lo guapo que es hablar con tus colegas de lo mismo de siempre. Cuando hablas de lo que importa, quiero decir. Mola un capazo.

Asier Ganuzaren argazkiak

2 comentarios en “Perro, Juventud Juché y Tumefactum en el Centro Párraga: «Cánones, venas hinchadas y zurullos»”

  1. Hombre, después del Concierto que dieron los PERRO, que salgan a los bises así… Alguien comento que uno de ellos estaba fastidiado y que aún así lo dieron todo… A ellos no les van esas mierdas de los bises, encima se nota que están hasta la polla de “la reina de Inglaterra” lo que los hace muy grandes. También se noto pasividad por parte de los técnicos de la sala y por el pasillo se oía a gente de la organización más o menos empujandolos, por llamarlo así, a tocar un bis…. Y los cabrones lo hicieron así, sin ganas pero haciéndolo, con lo cual pollazo en la mesa! Estoy Enamorado de Aaron del Sol… Y me encantaron. Son la ostia

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