Día 2| Ólafur Arnalds, Lorena Álvarez, Luisa Sobral, Orquesta Akokán y COnan Osiris: «Más me vale echar a correr» [La Mar de Músicas 2019]

Los gallos están cantando mientras escribo esto. Ayer pensábamos que eran los de algún vecino, pero no, son de nuestro casero. La relación va mejorando, eso sí tras gritarnos que –sepa el señor fue un despiste– que la puerta de nuestra puta casa si queremos la dejamos abierta, pero la suya no. El hombre, que no es mala persona, nos trae en son de paz tres quintos y nos hace un tour por la casa. Es un artista, de cualquier desecho saca un elemento decorativo, de cualquier trozo de tierra provecho. Lo que hace es plantar un cactus, dejarlo crecer y cuando no queda nada alrededor le pone una valla y amplía su huerto. Si todas las conquistas fueran tan sencillas… De cactus en cactus ha llegado hasta la nave industrial abandonada que usaban para chutarse y cagar los yonquis que van a pillar a Los Mateos. Tiene un plan para ella. Habilitarla y que el ayuntamiento le alquile el espacio a compañías de teatro, danza y música con la condición de que actúen luego. Es un plan de puta madre excepto por el pequeño detalle de que ni es suya ni es concejal. Pero sorpresa. El hombre nos saca un poster de hace 30 años. Se postuló a presidente de la comunidad, y válgame la virgen que lo que decía ni era una locura ni deja de estar en vigor. Argulle que los políticos no son ladrones, que son ladrones los que se hacen políticos. Con un megáfono esperaba a Valcárcel en la puerta del Ayuntamiento para gritarle que se fuera a comer langostas a otra parte. En otra ocasión un cabo le dijo que casi deja a la patrulla águila sin gasolina porque cortó la calle por donde venía el rey. Poco a poco voy entendiendo el odio del cartagenero al murciano, a ese abrevadero de caballos que un día llamó a su padre “vieja gloria romana, hoy pueblo de pescadores” y se quedó con el nombre la región. Al parecer la fosa séptica de nuestro cuarto limita con unas ruinas romanas. En fin, hoy al menos no se oye a los yonquis pelearse por quien se toma la primera dosis.

Más que nuestro casero, a Diego y a mí nos acojona quedarnos sin finales de concierto otra vez a causa de los apagones. Por suerte en la Plaza de Ayuntamiento la luz anda bien o no les corre la misma prisa. Así que Lorena Álvarez sale tranquila. A muchos podría parecerle un chiste, pero es auténtica. Auténticamente friki, sí, y genial. Se ríe con soberanas gilipolleces, «estos conserjes que me he traído lo hacen bastante bien», bromea sobre sus músicos. Su concepción de la música tradicional es única. Reinventa letras y las trae al presente para que dejen de ser paseos de enamorados en esparteñas. Sus conserjes cuando no están con unos alicates arreglando los instrumentos acústicos están tocando otros aparatejos electrónicos. Son taaaaan frikis, taaaan formales, que aunque el viento les pone en la cara las acreditaciones no se las quitan, no vaya a ser que los echen por no ir identificados. Una novia que tuve me cantaba el tema Novias de la asturiana: «Me da igual que tengas mil novias porque sé que solo piensas en mí. Me da igual que las beses a todas porque sé que solo me quieres a mí. Y si no fuera así, pues también me daría igual, porque si no me quisieras, para que me iba yo a enfadar». Y aunque yo no tenía amantes creo que no le terminaba de dar igual. Es complicado. Alguien que canta esto en menos de minuto y medio no puede ser tan solo un friki, sabe cómo hacer sencillo algo más que a muchos les cuesta entender. Por eso cuando coge a un coro popular improvisado del público para cantar Soy un olmo, no me pidas peras no puedo más que tomármela en serio, porque además todo ese público que canta avergonzado está deseando ser esclavo de la libertad y no del constreñido cosmopolitismo. Al final la puñetera cadencia armónica de la música tradicional funciona porque todos, aunque no queremos, sabemos cantar al unísono. Terminan haciendo ese mismo bis, y como no podía ser de otra forma, lanzando calendarios con publicidad del grupo como estampitas de la virgen de la cabeza al bajar de un autobús en Nerpio.

Paco quiere ir a ver a Luisa Sobral, aunque le aburre. La cara de Diego me dice que algo parecido le pasa, y dados los vértices de esta puesta en escena no creo que sean los únicos. La compositora sobrepasada por su hermano en fama que no en canciones, nos planta cara con otra guitarra de tapa estrecha como Lorena (algo de folclore se trasluce) y un trío de viento metal. Hasta ahora creo que es la única que no pulsa ni un solo botón conectado a una máquina y consigue generar unas atmósferas de absoluto lirismo. Muy jazzie, muy portuguesa, muy madre. El concierto es la dulce y esperanzadora motivación de quien trae vida al mundo. Tras varios días observándola, escribe: María, la mar no es tuya, tú eres de la mar. Luisa Sobral es una mujer que se comprende a sí misma cada vez que se enfrenta a componer una canción y eso encanta a cualquiera. Además de que le chifla regalárselas a cualquiera.

Si tuviera que quedarme con una banda sonora no sé con cual lo haría. Creo que tras escuchar en directo a Olafur Arnalds, con ninguna. La música siempre anda al servicio de la imagen y aquí no, es ella quien las genera. Además, por primera vez –y creo que última– la iluminación no es un juego absurdo de chiribitas y focos moviéndose de arriba abajo como si fueran niños con asperger. Olafur, antes que músico es pintor, por eso cuida tanto un elemento no humano sumamente expresivo. No necesita componer una BSO, entre el diseñador de luces y él están haciendo una película. Es el nacimiento y la muerte sin la tragedia de la vida. La mente del hombre desaparece. Estamos dentro de la creación. No es la razón quien nos habla, es una conciencia superior. Por momentos fijo mi atención en la semejanza de la luz que hay sobre el escenario y la de la ciudad dormida. El ámbar transmuta al violeta, traza los muros de los hombres fervorosos de la tierra al cielo mientras por el suelo caminan almas silenciosas, sin rumbo, inconscientes y bellas, hacia el hoyo. Ser uno mismo en un cuerpo prestado que no nos pertenece o no ser nada. Olafur debe haber pasado muchas noches mirando las auroras boreales para desprenderse de sus pieles. Una suerte de electromagnetismo que ondea sin embargo sobre el estatismo. Un azar de colores con los que el hombre jamás pintaría las calles. A mi lado hay un señor vestido de gurú. Lleva todo el concierto de espaldas sufriendo espasmos, con cara de orgasmo de mil euros que vale cinco. Pobre necio, pobre del que se arranca la boca para fingir falta de sed. Me pregunta quién soy y le digo que periodista. Aleja su cuerpo pero no la mirada y me suelta: enhorabuena. Le pregunto enhorabuena por qué y sonríe como un loco sin apartar la mirada hasta que me escabullo por los escalones. Ahora que me releo, ¿escribiendo este texto seré yo ese tío? Oh Dios…

Me pregunta el sabio Pasquín si he visto las pianolas al fondo componer en directo melodías estocásticas. Le digo que de lo técnico solo he podido entender el coro que el islandés le roba al público para procesarlo y hacerlo participar de verdad en la música en vez de ponernos a corear como monos un la la la la. Integrar la voz del hombre en un lenguaje divino. Hay que tener la sangre demasiado fría para no dejarse llevar por el tambor que percute nuestra tierra. El sur hoy ha tenido una visita divina. Lástima que no nos hayan dejado fotografiarla. Exigencias del músico.

Nuestro casero no para de repetir que los conciertos tendrían que hacerlos en la batería de Cala Cortina. Imaginaos, los cortaos llenos de gradas, abajo los músicos y en el fondo LA MAR. Diego pregunta qué es una batería. Nuestro casero se lo explica y le preguntamos si no estará protegido aquello. ¿¿¿Protegido??? Me cago en la virgen, si está todo desmantelao por los chatarreros. Estaba protegida la casa de Los Cuatro Santos cuando hicieron la mierda del Batel??? ¡?¿EH?¿! Dice que de 11 millones de euros presupuestados pasaron a 67. Para que lo entendamos dramatiza del siguiente modo: Ese café que te estás tomando cuesta 1€. Termínatelo. ¡QUE TE LO TERMINES, HOSTIA! Eso es. Ahora me debes 1200. A mí lo que me va debiendo este hombre es un corazón sin infartos. Dice que en el Parque Torres no caben ni cuatro gatos. Mil personas na más. En la batería de cala Cortina caben hasta los putos murcianos.

Igual estaría bien tener un escenario más grande que tuviera listos los sets de los artistas, porque aunque Olafur Arnalds lleve el despligue técnico de los juegos olímpicos Madrid 2087, no es de recibo que llevemos 1 hora esperando el cambio. ¿Tendrá algo que ver la nueva contrata de servicios técnicos? Aquí falta brío, falta un buen técnico de escenario que maneje a sus monstruitos porque monstruitos hay suficientes. Lo que no falta es público mojándose los labios para silbarle a la organización. Normal, es la 1 y pico y ya no nos queda mucho dinero. Como en los malos bares, uno pide una tapa y se la sacan a la segunda caña.

José Gómez Martínez canta por las noches desde hace 30 años en el karaoke Crisis de los Misiles de La Habana, Cuba. Vive en la vieja casa de sus padres a tan solo tres cuadras. Por las tardes trabaja como comercial de Bacardí. Sueña con ser vendedor de la semana pero tendría que trasladarse a un país capitalista. No vende mucho, aunque los niños lo adoran. Cuando acaba la jornada se hace su guarapo y se lo bebe de camino al karaoke. Podría lamentarse, fustigarse con la falta de justicia del mundo y la oportunidad que le niega ser cantante profesonal, pero José Gómez, o Pepito el dançoso, como lo llaman sus compadres, no quiere más gloria que honrar a los soneros mayores frente a sus vecinos. Pero a veces la vida se convierte en un vídeo de Playground. El manager de la Orquesta Akokán, una noche acaba por razones que no quiere recordar, en el mismo karaoke que el Dançoso. Dos rones después están cerrando el concierto de La Mar de Músicas 2019. José Gómez es encantador, pero desea más de la cuenta ser sonero mayor. Sus compañeros saben de dónde viene y su excitación, por eso trabajan más los solos que lo coral. De este extraño modo se equilibran. Son divertidísimos. A veces se apodera de ellos el espíritu de Sabu Martínez, o se aplican en virtuosismos. Me estaba durmiendo y ahora lo estoy gozando. El resto del concierto se dedican a seguir el caminito de siempre: uno bailongo y funcional. Si Beny Moré levantara la cabeza la volvía a meter dentro de la tierra, porque total, ya hay suficiente gente haciendo lo mismo. No obstante tienen destellos cuando cantan en yoruba. No obstante estas agrupaciones acaban en KO por insistencia. José Gómez parece que lo intenta: “Si la negra está buena yo me voy enamorando”. Es encantador, aunque le falta son y le sobra karaoke, pero ¿cómo escapar a su destino? Pobre Pepito el dançoso, ojalá esta fuera su verdadera historia.

La opción que la organización ha creído conveniente para no ir con retraso es empezar el concierto de Conan Osiris antes de que haya público. Los “rezagados” llegan sobre las 2.50 al último concierto de la jornada. Nuestro hígado ya ha eliminado toda la cerveza y estamos limpios para ver un show que con un Nepalí y una flauta, un oriental con un erhu (una especie de violín paleolítico), unas potentes bases y un fantástico Joao Moreira al baile, funciona a pesar de la total ausencia de melismas en la voz de Conan.  Misteriosamente encaja, es original, pero no seré yo quien se quede a comprobar si este espectáculo varía un gramo de lo que no lo ha hecho en 5 canciones.

Ha sido un día complicado. Estábamos cansados, pero la música nos ha devuelto las fuerzas que nos quita. Regresando a casa un brasileño nos pide un euro y un cigarro. Se lo negamos. Le propone a Diego enseñarle el regate de Ronaldinho. Diego, que se sabe la jugada, le dice que se largue cagando leches. Por hoy nos hemos librado.

Fotografías de Diego Montana

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