Nueva Vulcano en las fiestas de La Melonera (Madrid): lo especial y lo rutinario

Acaba Daddy’s Highway y resoplo y miro a Ángel, copiloto, y le digo: te toca.

-Hombre, lo que me apetece es Nueva Vulcano, pero igual molestamos a esta zagala –contesta, cabeceando hacia atrás.

Miro por el retrovisor central y veo a Berta, 28 años, malagueña en Murcia, 4,5/5 -14 opiniones en Blablacar, resaca de cuello alto. Duerme. María está al otro lado. Brazos cruzados, auriculares y esa cara suya tras unas gafas de sol que nunca consigo descifrar. No sé si está durmiendo o solo ultima los detalles para redondear el guión definitivo sobre lo hermoso de la cotidianidad.

-Bah, ponlos –le digo a Ángel- y, si le molesta, le bajamos.

Berta, 28 años, etc., nunca va a leer esto, así que puedo reconocer que no le íbamos a bajar. Se habría despertado y habría chasqueado y yo me habría hecho el tonto y ella me pondría un 4 en vez de un 5 en Blablacar, pero ya ves tú. Con la que está cayendo. Lo digo porque Ángel me considera un conductor temerario. Y me duele. La culpa la tiene un Murcia-Benidorm. Es otra historia, pero de aquel viernes recuerdo mejor el tacto del salpicadero –que palmeé como un mandril en celo- que el del volante. Así que hoy soy Señor Conductor Prudente. Señor Conductor Prudente hace tandas de 400 km sin pestañear. Apenas habla. Como mucho, martillea el volante alternado índices. Nunca más de dos dedos a la vez. Con respecto a la conducción, Señor Conductor Prudente es seguro, decidido y respetuoso. Cumple a rajatabla la velocidad establecida y circula casi siempre por el carril derecho, porque, como él mismo dice, «si todos circulamos por el izquierdo, es como si solo hubiera un carril».

-El mejor concierto de mi vida, tío –dice Ángel. Ha puesto Novelería.

-¿Dispense? –dice Señor Conductor Prudente.

-¿Qué? –pregunta Ángel, cejas arqueadas.

-Un conciertazo, tío, es verdad- respondo, disimulando.

Miro por el retrovisor izquierdo, intentando zanjar la conversación y ventilarme otros 200 km sin mover más de tres o cuatro músculos. El más comprensible de mis amigos lo pilla. Se recuesta en su asiento. Mueve la cabeza al ritmo de El mirlo.

Nueva Vulcano tocaron anoche en Madrid, en las fiestas de La Melonera (distrito de Arganzuela), y la verdad es que fue la hostia. Demostraron a varios niveles por qué seguramente no haya en este país una banda como ellos. El más explícito se basó, claro, en las canciones. Hasta la boya y volver, El día de mañana, Esto no es París, Sagrada Familia, Pop y espiritualidad, Hemos hecho cosas o Reversible, entre otras, inundaron la explanada de Madrid Río de ese post hardcore (los últimos Fugazi, Seam, Jawbreaker, Samiam, Pedro the Lion, Lungfish) con querencia por el pop (las melodías-vocales-a-su-bola de Artur Estrada ganan cada vez más protagonismo) que han facturado en sus cuatro LP en, ojo, 14 años.  En ese tipo de detalles –cualquier otro grupo igual de solvente habría editado el doble de material en el mismo tiempo- radica el nivel más implícito. Nueva Vulcano hacen las cosas solo cuando hay que hacerlas. Eso tiene el doble (o el triple o cuádruple) de mérito en un país en el que históricamente se ha tendido a asimilar solo los elementos estéticos de lo que nos venía de Inglaterra y EEUU. Con un origen común en el hardcore, los tres miembros asumen lo que significa estar en una banda a la manera de las bandas referenciadas más arriba. Nueva Vulcano es una parte de sus vidas. Maduran, tienen hijos, el curro ya tal y hacen discos.

El contexto no era el mejor: en unas fiestas de barrio, con un sonido solo decente, el trío tocó entre los insípidos The Zephyr Bones y una de esas bandas tributo que acaban fusionando las canciones de los 80. Dio igual. En ningún momento escatimaron en el despliegue físico que exige la emocionalidad de sus canciones. La idea es la siguiente: cuando todo hace indicar que no fue uno de sus 50 mejores conciertos y aun así sabes que hablarás durante años de esto, te tienes que sentar para no quebrarte las piernas al pensar en la magnitud de esta banda. La historia es muy seria cuando algo tan especial alcanza visos de rutina.

Lo sigo pensando cuando sobrevolamos el restaurante Rosendo a más de 140 y Berta se despierta y pregunta si nos viene mejor en La Circular o en Ronda Norte y yo digo Donde quieras, reina y se me enciende una alarma y Señor Conductor Prudente toma el mando, frena y dice con decisión y una sonrisa en la boca:

-Donde a usted le plazca, apreciada pasajera.

 

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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