No estamos preocupados por ti: Vic Godard y el camino correcto

Descubrí a Vic Godard, como a tantas figuras memorables, gracias a Kiko Amat. Fue en La Escuela Moderna, en uno de esos cuestionarios  que lanzaban a algunos de los pioneros de todo esto. Vic Godard contestaba como si se le estuviera pegando el arroz. En un acto reflejo, yo mismo fui a la cocina a ver si tenía algo en el fuego. En mi cabeza seguía resonando su respuesta a la pregunta ¿En qué momento de tu vida has sido más feliz? El tío soltó un lacónico Ahora mismo. Sigo sin saber qué encontré en esas dos palabras, pero al volver a mi habitación puse What´s the matter, boy? (MCA, 1980), su primer LP. Y ahí sí que sé lo que encontré. Desde el primer rasgueo de Birth and Death, Vic y la Subway Sect ponían sobre la mesa de la cocina una bolsa de plástico de la que caían melodías perfectas, punteos-de-guitarra-no-masturbatorios, estribillos salvavidas, urgencia punk, entusiasmo pop, gran parte de la pureza del soul, letras cargadas de inteligencia y aires de club. Encontré, en resumen, gran parte de lo que hace de este mundo un lugar mejor.

Me pasé un par de semanas a la deriva. No me obligué a sacar conclusiones, solo disfrutaba y me sorprendía por cada nuevo detalle que encontraba en esta obra maestra. Eso, por cierto, ese disfrute de espíritu apenas racionalizado, es una de las sensaciones que convierte a la música en el Arte Supremo: la posibilidad de vivir –si uno sabe qué discos escuchar– en un continuo nacimiento. Después de un mes de ponérselo a todo Cristo, de salirme a la puerta del Trémolo para que cualquier desconocido escuchara las pocas canciones de ese disco que hay en Youtube y de despedirme de cualquier manera de mis amigos para volver a meter el pescuezo en esas canciones, sentí la necesidad de tirar del hilo.

Victor John Napper (Mortlake, Londres) montó The Subway Sect en 1976. Eran cuatro jóvenes del sur de Londres fanáticos del soul y de la Velvet: él a la voz y a la guitarra, Rob Symmons a la otra guitarra, Paul Myers al bajo y Ray Price (rápidamente sustituido por Paul Packham y luego por Mark Laff y luego por Bob Ward) a la batería. Ese mismo año, Malcolm McLaren se dio cuenta de que necesitaba a una banda para acompañar a Sex Pistols y Buzzcocks en el 110 Club y llamó a Godard. El resto, por una vez, es Historia. Allí estaba Bernie Rhodes, que flipó. Les ofreció formar parte del White Riot Tour del 77 junto a The Clash, banda de la que era manager, y grabar un sencillo un año después. En marzo del 78 vio la luz Nobody´s Scared / Don´t Split it (Braik Records), primera referencia grabada de nuestros protagonistas. El single recoge el sonido anguloso, el ritmo acelerado, la actitud anti rock y la separación intelectual del resto del punk que convirtieron a The Subway Sect en una banda de culto. A partir de aquí, la historia se vuelve turbia.

Hay quien dice que Bernie Rhodes vio en Godard (que hablaba de funk, de Cole Porter, de Junior Walker y de Sinatra) a un tipo al que el punk que se le quedaba pequeño y fomentó esa faceta en solitario, liquidando prácticamente a la banda. Otra teoría, fomentada por declaraciones del propio Godard en las que deja claro que Rhodes era poco menos que un idiota –“La única diferencia entre The Clash y nosotros fue que ellos le hacían caso cuando les decía la ropa que se tenían que poner”, llegó a decir–, apunta a que Godard simplemente se cansó de esta escena. La primera formación de la banda se disolvió, y con ella la gran oportunidad de petarlo comercialmente.  Vic volvió dos años después con el glorioso What´s the matter, boy? Pero es que doce meses después volvió a fundar la banda y a ofrecer su tercera cara artística en, ojo, cuatro años. Songs for sale (1982, London) muestra a un Godard reconvertido en crooner de los 40. Jazz, swing, un homenaje explícito a Cole Porter (Love for sale) y otro a Tony Bennett (Mr. Bennett).  Este Godard es el único que se aleja de la excelencia, pero cómo reprocharle algo a estas alturas, cuando ya me había alegrado la existencia tantas veces.

Su discografía sufrió un parón desde ese 1982. El mundo se olvidó (más aún) de él hasta que, cuatro años más tarde, se supo que estaba trabajando como cartero en Londres. Todavía sigue repartiendo cartas. Dice que le gusta su trabajo y que hace música cuando puede. No entiende el morbo con el que los periodistas musicales le proponen reportajes que consisten en acompañarle en una jornada de trabajo y que lo más raro que le ha pasado es llevar un paquete a una casa en la que vive gente que le vio en un concierto la noche anterior. La mayoría de sus compañeros ni siquiera sabe que se come el bocadillo al lado de una de las figuras más talentosas del punk y uno de los tipos con más clase que nunca ha visto la música popular. Desde entonces, Godard ha editado cuatro discos en solitarioT.R.O.U.B.L.E (1986, Rough Trade), End of the Surrey People (1993, Postcard), Long Term Side-Effect (1998, Tugboat) e In T.R.O.U.B.L.E. Again (2002, Tugboat)–, dos con una nueva reencarnación de The Subway SectWe Come As Aliens (2010, Overground) y 1979 Now! (2014, Gnu), grabado a partir de material que encontró de lo que iba a ser el primer disco de la banda, bajo el ala de Rhodes– y un capazo de singles, recogidos en Singles Anthology (2005, Motion). En cada uno de ellos sigues escuchando al Godard elegante, bailarín y escurridizo que, por si faltaba algo, añadió a su sonido otro de sus grandes amores: el northern soul.

En estos años cobró gran importancia la figura de Edwyn Collins. El que fuera líder de Orange Juice es fan confeso de Vic Godard, y se encargó de producir muchas de sus canciones y sacarlo de gira. Prueba de ello es este concierto que tienes justo encima de este párrafo. Hacia el final del concierto hay un momento muy emocionante. Godard presenta Falling and laughing, de Orange Juice.  Al terminar, Vic dice What a fantastic song, what a brilliant song…y mira hacia su derecha, donde está Edwyn Collins. El siguiente plano es del público, pero mola imaginar al escocés bajando la cabeza y susurrando: Esa canción no existiría sin ti, Vic.

Y el vídeo termina y arrugo el morro y asiento en silencio y pienso en que tengo que hablar con mis colegas de la música que sonará en nuestros funerales. Y entonces me llega un olor a quemado desde la cocina.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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