«Si no escribiera canciones, sería un hijo de puta conmigo mismo» Ángel Calvo

Conocí a Ángel Calvo en un lugar que ya no existe. Fui a darle la mano y me la apartó de un abrazo. Pienso en eso de camino al bar 5 Hermanos. He quedado con él allí, en el mismísimo corazón de su Vistabella. Pienso en esa forma que tiene de ser contundente a través de la bondad. No se lo he visto a nadie más. También pienso en lo difícil que va a ser entrevistar a un amigo. Recuerdo a aquellos subnormales que se me colocaron enfrente en la facultad. Cuatro años aguantando subnormales. No sé cómo lo hice. Ninguno hubiera aprobado esto. Guarda la distancia, habrían ladrado, tú eres el periodista y él el entrevistado. Ninguno de esos capullos leerá esto. Los dos o tres que seguirán vivos estarán dándole vueltas al transmedia o a cuando el periódico Línea. Pero, ¿sabes qué te digo? Que les den por culo.¿Guardar la distancia? Que les den por culo. Ángel Calvo lleva el 5 en mi equipo emocional. Camiseta por dentro, botas negras. Rigor táctico. El partido se vuelve loco y él se señala las sienes. Siempre lo hace. Y todos sabemos que tiene razón. Está muriéndose en un taburete del Trémolo y tú le imploras que aguante cinco minutos más, que necesitas apoyo moral para no escupirle a alguien. Y él aguanta. Siempre aguanta.

Acaba de publicar un doble que se llama Las crisis del yo burgués. El cabrón ha entrado al vestuario como Larry Bird en aquel All-Star, frotándose las manos y soltándole al resto eso de Bueno, supongo que sabéis que estáis luchando por ser el segundo, porque el campeón acaba de llegar.  Con un pie en el folklore y otro en el pop, Ángel domina la lírica en castellano como muy pocos y deja entrever un talento que intimida. Lo suyo va de emociones sin filtros inditex. Vic Chesnutt, Will Oldham, ese rollo. Llego y me lo encuentro con su americana de pillón. Le hago la broma. Reímos. Nos abrazamos. Javi asoma con la cámara. Pido tres quintos y enciendo la grabadora.

¿Qué música se escuchaba en tu casa?

Mis primeros recuerdos son en el coche de mis padres. En los trayectos Valencia-Murcia, todos los fines de semana. Había una cinta de Van Morrison que me encantaba, según cuentan mis padres. Yo tenía dos o tres años. Había otra de Los Fabulosos Callidacs, tío. Estaba bien equipado aquel Citroen ZX. Un cochazo, que duró un montón de tiempo. Luego, más adelante, en casa, había bastantes vinilos de los Rolling, Beatles…a mi madre le chifla Silvio Rodríguez…Se ha escuchado mucha música en mi casa. Me acuerdo del día en que mi padre me puso el Marquee Moon.

No es un disco típico de padre…

Pues no, ha habido dos discos con los que mi padre me ha dicho: Esto te tiene que gustar sí o sí. Uno fue el Animals de Pink Floyd y luego el Marquee Moon. Me ha enseñado muchas cosas. También me enseñó a los Housemartins, a los Cure…pero aquel disco fue un desafío para mí.

Supongo que fue una especie de rito de iniciación melómana.

Mi padre es un melómano. Bueno, se me olvidaban los Clash. Mi padre flipa con los Clash. Cuando abrieron la Fnac, el primer  disco que compré fue el London Calling. Y mi padre y yo lo rayamos en el coche. Lo cantábamos juntos.

La música en tu casa no ha sido un sonido de fondo.

No, ha sido algo central. Mis padres siempre han visto como algo muy positivo que yo haga música, porque era el siguiente paso natural después de escuchar tanta música.

¿Con qué canción dijiste: hostias, esto es lo mío?

Pues vuelvo a esos dos o tres años. Canturreando Brown eyed girl, aquello me parecía perfecto. Y es una canción que me ha ido acompañando con el tiempo. Me la pongo todas las semanas. Esa forma tan melancólica de recordar con cariño un amor por parte de un tío con tanta mala hostia como Van Morrison. No me lo imagino siendo bonico, diciendo: ¡Ay, qué bien nos lo pasamos! El tío tiene mala folla.

¿La música te inspiró a escribir música?

Yo escribía prosa potable y poesía mala. Y hubo un momento en que a una poesía potable le puse música y se convirtió en una canción buena. Lo que me animó a componer fue ver el ejemplo de Nacho (Pepsicolo) y Cuco (Muertos de Hambre). Verlos componer, escuchar sus canciones, ver de dónde se las sacaban. Yo me dije que también tenía dentro esa energía para convertir algo en una canción. Soy un pupilo de ellos.

Tu disco se titula Las crisis del yo burgués, un homenaje, supongo, a Vázquez Montalbán. ¿Quién es para ti Vázquez Montalbán?

El intelectual más claro y certero de la segunda mitad del siglo XX en España. Es un milagro que un tío así estuviera en la España franquista escribiendo como escribía y pensando como pensaba. Había más gente, pero mucha en el exilio. Este venía de la clase obrera y tenía una cabeza prodigiosa que le permitió formarse como se formó en muy pocos años. El capital cultural de su familia era muy bajo. Y que un tío que parta de ahí llegue en tan pocos años a ser una persona con tal capacidad de análisis es brutal. Y además tenía una literatura genial.

El otro día me dijiste que él hubiera aportado mucha luz a todo lo que estamos viendo en Cataluña.

Sin duda. Además habría sido un referente al que nadie podía echarle nada en cara políticamente.

En ese título está uno de tus temas: la relación entre tu conciencia de clase obrera y el hecho de que seas hijo de un médico y una administrativa y vivas sin ningún tipo de dificultad económica.

Yo sé perfectamente que, aunque no sea estrictamente clase obrera y vivo sin muchas dificultades, mis orígenes vienen de ahí. Mis abuelos sí eran clase obrera pura. Estoy muy seguro de que toda la relativa riqueza de la puedo disfrutar no procede de la explotación y el expolio a otros trabajadores. Eso no me hace sentirme bien, pero no me siento culpable por sentir acomodado.

Tampoco puedes hacer nada al respecto.

Claro, son las condiciones en las que he nacido.

 Pero nosotros somos precariado.

Sí, en tu caso precariado y, en el mío, futuro precariado. Es una definición que nos va al pelo por nuestra situación actual. Tú, por ejemplo, te has emancipado y eres precariado, y los que aún no lo hemos hecho, lo seremos.

El otro día te hablé emocionadísimo de Knausgard, de cómo había convertido su vida en su obra literaria y la estaba poniendo patas arriba (demandas de familiares, divorcios, ajustes de cuentas)  con nombres y apellidos. Me dijiste que no era necesario y me resultó extraño en ti, que también cantas con nombres y apellidos.

Tienes razón. Yo no hago sangre en mis canciones, pero están los momentos de mi vida sin tapujos. Con nombres, como dices. Por ejemplo, mi entorno sabe que gran parte de las canciones están inspiradas por una persona en concreto. Yo he tenido la suerte de que esas personas no se enfadaran. En el caso de enfadaran no sé si me habría echado para atrás. Seguramente sí.

Al final siempre hay algo de artificio, y es ese artificio el que hace que una canción o una novela funcione y resulte creíble. En tu caso, ¿dejas cosas fuera por esta razón o por una barrera para protegerte a ti y a tu entorno?

Diría que hay un poco de las dos cosas. Escribir sobre cosas que no son del todo verdad, por mucho trasfondo de realidad que haya, hace que tengas más recursos a la mano y puedas escribir más canciones. Esas capas de ficcionalidad te ayudan a tratar la misma situación de diferentes maneras. Otras veces es una manera de no decir algo de forma demasiado descarnada, que a veces puede ser aburrido también.  Yo escribo las canciones para mí y luego pienso si van a funcionar. Cuando escribo no sé si eso va a ser un melocotonazo o una mierda.

 

Este disco va de lo que te ha pasado desde 2013. ¿Qué te ha pasado?

Muchas cosas. Son los años posteriores al primer brote importante de mi enfermedad. He vivido de forma intensa. Me di cuenta de lo que es sufrir de verdad. Entonces he intentado disfrutarlo todo de una manera muy…

¿Visceral?

Sí, muy visceral. Amores, desamores, experiencias vitales de apatía, fascinación, amistades nuevas, enemistades…de todo. Y muchas ganas de contarlo.

 

Algo que sobresale en tus canciones, y que te emparenta con Xoel López, por ejemplo, es la actitud a la hora de hablar de cosas tristes. Pienso, por ejemplo, en A uno mismo. Es una canción que habla desde el conocimiento de estar en la mierda Pero hay una búsqueda de la luz.

Sin duda. Mi objetivo con las canciones es intentar que haya un contenido que remita a la esperanza. Cuando compongo alguna canción que es demasiado triste, no me gusta. No me salen buenas canciones tristes.  Mis canciones de desamor tratan ese sentimiento como una cara del amor, ¿no? En las canciones en las que hay tristeza y desesperación también está la otra cara: perdonarse a uno mismo, darse cuenta de que la vida es un todo integrado.

Pienso en ese No hay nada como perdonarse a uno mismo. Hay mucho alivio ahí. ¿Son muchas de tus canciones recetarios para salir de tus propios agujeros?

Sí, piensa que yo toco casi todos los días, y las canciones que más toco son las más recientes. Son las que necesito tocar. La clave de que este disco sea doble y acústico es que yo toco así las canciones en mi casa. Esto es lo que hago en casa.

¿Cómo te llevas contigo mismo?

En general, mal. Me esfuerzo por llevarme bien, pero casi siempre me he llevado mal conmigo mismo. El otro día leí una cita de Jung que venía a decir que el artista crea porque desde su conciencia se encuentra desubicado. Creo que los que creamos nos llevamos muy mal con nosotros mismos. Hay otra frase, no recuerdo de quién, que decía que, si no creara, sería un hijo de puta. Si no escribiera canciones, sería un hijo de puta conmigo mismo. Cuando creo, me perdono  a mí mismo. Me ayuda a llevarme mejor conmigo mismo.

Háblame de tu bipolaridad.

El trastorno bipolar llegó a mi vida pronto. Es hereditario. Intento lidiar con eso lo mejor posible, y es un agravante a ese esfuerzo de llevarme bien conmigo mismo. Es jugar al FIFA en modo experto. Tengo momentos en que estoy muy bien, sin problemas, y en otros estoy francamente mal. También influye en cómo compongo. Puedo escribir en una semana ocho canciones y tirarme dos meses sin hacer nada. Esta primavera hice 16 canciones en una semana. La mayoría no me gustan una puta mierda, porque me recuerdan demasiado a lo mal que estuve. De hecho, solo he salvado tres.

¿Cómo estás ahora?

Con muy poca confianza en mí mismo. Ha sido un año duro, y estoy intentando recuperar fuerzas. Otoño es una época estable para mí. Más depresivo, pero no me importa, es más fácil de llevar que los momentos de fase eufórica. Es un buen momento para empezar a hacer cosas.

La segunda parte del disco habla de amor de una forma muy explícita. Has dicho un par de veces que muchas de tus canciones van de tus ganas de querer, ¿nadie te ha dado la opción?

He tenido la suerte de enamorarme. Hay gente que no se enamora, y eso es triste. A la vez, han sido relaciones que nunca han sido completas. Una vez yo era amante, otra vez…

Bandido…

[ríe] Bandido, sí. Tengo una relación con una persona difícil. Bueno, no estamos juntos ni nada, pero  hay sentimientos por parte de los dos. Yo estoy preparado para querer a una persona sin miedo y sin murgas, pero esta persona es experta en rayarse cuando una persona siente algo por ella.

Una paya problemas.

Sí, es la definición de paya problemas [ríe]. Estar enamorado de una persona así y no ser correspondido de forma absoluta…yo qué sé. Si sabes que no eres correspondido es más fácil. Sufres, pero a otra cosa. Se queda ese amor ahí medio platónico y se va diluyendo y se queda como algo bonito. Porque todos los amores se quedan como algo bonito, eso es así. Pero cuando hay una persona que siente algo por ti, una parte de tu cerebro no termina de asumir esa pérdida. Es como cuando se muere alguien y no se encuentra el cuerpo. Tú no ves el muerto. No está ahí. Y no poder marcar esa pérdida, no poder vivir ese luto por completo, me cuesta. Mis canciones de amor son un intento de dar por cerradas este tipo de historias.

Algunas canciones de esta segunda parte del disco hablan de relaciones reales y otras de tías que ni siquiera existen. ¿Hay en estas últimas algo de cómo te gustaría que hubieran sido las primeras?

En Sito en ti, por ejemplo, sí que hay algo de cómo me hubiera gustado que hubieran sido las cosas con una chica. Si quisieras venirte conmigo podríamos largarnos de aquí…Pues hombre, a mí me hubiera gustado que se hubiera venido conmigo y que nos largáramos, ¿no? [ríe] Aunque luego hay un manotazo de realidad: Mírame un segundo, aunque sea sin ganas, y yo seré tuyo a todas horas. Esa es la puta realidad.

A mí me gusta especialmente La socorrista. Te vas a ahogar de tanto mirarle el culo a esa chica que ni siquiera conoces. Me gusta esa capacidad para ridiculizarte a ti mismo ¿El  humor te sirve para desdramatizar?

Sí. Cuando yo empecé a tocar me llamaban colegas y me invitaban a cerveza. La mayoría de canciones eran de coña. Luego, en las canciones que son algo más serias, intento meter siempre ese puntico de cancaneo…

Te gusta poco el cancaneo…

[Reímos] Ese puntico de intentar que la gente se ría mientras escucha las canciones. Respeto a quienes no usan la ironía para hablar de estos temas, pero a mí…

Creo que está relacionado con eso que decías antes de aceptar este tipo de cosas, que son propias de estar vivo.

A mí me da mucho miedo dar la turra. Sé que la doy, pero intento dar la turra lo menos posible. Una de las formas de conseguirlo es esa.

Al mismo tiempo, el humor implica distancia. Solo te puedes tomar algo feo a risa cuando ha pasado algo de tiempo.

Es cierto. Podría ser peor, que está escrita con muy poca distancia, la semana en que dejé de hablar con esa chica, está escrita desde el dolor más fuerte, y es imposible meter nada de cachondeo ahí. No sé si distancia…

Quizá sea más preciso hablar de perspectiva.

Sí, creo que es un esfuerzo que hago por tomar esa perspectiva, más que una distancia real.

Los amigos son importantes.

Joder, sin duda.

Háblame de Nacho Vistabellas.

Es una persona con la que casi me lío a hostias cuando lo conocí. Creo que le pasa a mucha gente…

A mí me pasó…

A ti también te pasó, es cierto…

Bueno, me quiso pegar él a mí, yo solo quería tocarle la barba.

A mí también me quiso pegar él, aunque yo me puse un poco farruco. En aquel momento me habría destrozado, pero ahora, con lo gordo que estoy, igual estoy en condiciones de joderle la mano un poco cuando me pegue [reímos]. Se convirtió en una persona muy importante en un momento muy bonito de mi vida. Muy duro, porque estaba saliendo de un brote de la enfermedad, pero bonito. Es un ejemplo poderosísimo a la hora de cómo componer y de cuál es nuestra filosofía. Es una persona que admiro muchísimo. Es otro nivel de admiración, porque desde la distancia se admira de una manera, pero cuando esa persona está a tu lado y te llama todas las tardes es otra historia. Es una puta pasada. Y mantener esa reciprocidad creativa…Él me enseña una, yo le enseño otra. Le paso una que le mola y él tiene que escribir tres…Si estás dentro de un círculo de gente creadora con la que puedes compartir esa experiencia, se convierte en algo casi religioso. Somos una especie de…

Logia.

Sí, de logia. Es la palabra que buscaba.

Al día siguiente de conocerte hablé con él y saliste en la conversación. Me dijo: Ángel es una persona que se esfuerza de verdad por hacer las cosas bien.

Sí, y por eso soy tan duro conmigo mismo. Creo que me define esa frase. Esforzarse por hacer las cosas bien no significa hacer las cosas bien. Lo intento a veces con demasiada fuerza, y suele ser malo para mí.

Me gusta que cantes siempre en primera persona y con nombres y apellidos. Miqui Otero dice que “la literatura del yo eleva anécdotas de uno mismo a categorías universales, que permiten que mucha gente más sea interpelada”. En tu caso, juegas con ese yo y con los localismos de Murcia. Conociéndote, imagino que no podría ser de otra manera. ¿Me equivoco?

No. Creo que si en algún momento hago canciones peores será porque he dejado de hacer las cosas así. No va a haber otra forma de hacerlo. No va a haber un Ángel…joder, no me gusta hablar de mí en tercera persona, y es la segunda vez que lo hago hoy. No voy a hacer un disco conceptual o experimental. No va a pasar.

Kiko Amat habla de innegociable primera persona.

Totalmente de acuerdo. Para mí también es innegociable.

 

Casi siempre hablas de Murcia. Intuyo que en esa decisión hay algo más que lo que muchos podemos decir: Escribo de Murcia porque mis historias suceden en Murcia. En tus canciones hay algo más simbólico a la hora de hablar de esta ciudad, como una serie de reivindicaciones. Cuéntame cuáles son estas reivindicaciones.

Cuando era más crío tenía la ilusión de estudiar y vivir en Madrid. Me fascinaba Madrid. Luego tuve la oportunidad de viajar con cierta frecuencia y me di cuenta de que esta tierra tiene algo maravilloso: se convierte en la casa de todo el mundo. Cualquiera que viene se siente en casa. Tiene cosas malas. Somos un pueblo con un nivel cultural bajo al que, además, no le importa tener un nivel cultural bajo. No tenemos grandes aspiraciones, pero quizá ahí está lo bueno y lo malo al mismo tiempo. No pretendemos ser nada. Tú vas a Barcelona, una ciudad que respeto mucho, pero presientes que todo el rato pretende ser algo. Vas a ciertos barrios de Madrid y también pretenden ser algo.

Bueno, aquí también hay ciertas zonas y ciertos ambientes que pretenden ser algo.

Sí, como en todas las ciudades, pero no es lo mismo. Lo respeto, pero no me gusta. No hablo de ser más o menos culto. Hablo de no ser un tontarra [ríe].  Aquí somos bestias pardas, pero se vive muy bien. Sales una noche y te haces un montón de colegas, que no amigos, pero haces colegas y te lo pasas de puta madre. Y luego esta tierra tiene algo que a mí me parece insultante: tú te levantas una mañana de mala hostia y  el puto día te obliga a estar alegre. Hace un día de puta madre. Mediados de noviembre, 23 grados, un sol de justicia, una luz preciosa…Y no te quedan más huevos que sonreír.

Gonzalo [amigo común] siempre dice que para cualquiera que tenga dos dedos de frente es imposible no tener una relación de amor-odio con Murcia. Tú no lo ves del todo así.

Yo he tenido una relación de amor-odio, pero ha habido un momento en que el odio desapareció. No tengo nada que reprocharle a esta ciudad. Sé que tiene cosas malas, pero las acepto. Como hemos hablado de ver el saldo después de pensar en las cosas buenas y las malas. Con Murcia, para mí el saldo es muy positivo.

Musicalmente hablando, ¿te sientes parte de algo en esta ciudad?

Me siento parte de Nacho, de Cuco, de Rafa [antiguo batería de El Pico de la Panocha, ahora en la banda que Ángel tiene entre manos], de otras bandas con las que tengo relación…pero creo que hay mucho hype. Hay mucha burbuja con la idea de la Murcia musical. Han llegado a decir que es la nueva Seattle. ¿De qué mierda me estás hablando? Lo que pasa es que Murcia es una ciudad muy grande y, como culturalmente tiene un peso muy pequeño en España, pues la gente se está sorprendiendo de que en Murcia haya grupos. Claro que hay grupos, es una ciudad que tiene 440.000 habitantes, es un área metropolitana con 680.000 habitantes, y es normal que salgan grupicos. Y algunos están triunfando y me gustan y otros no. Los respeto a todos. En general son buenos músicos y son compañeros de gremio. Si existe algo parecido a una escena es porque periodistas, mánagers y demás han intentado darle forma, pero es una simbiosis entre grupos desperdigados.

Una forma de ponerle un lacico y vendérsela al resto del país. ¿No crees que una escena tiene que venir desde abajo?

Pues quizá sí, sería un poco artificial si no fuera así.

Sé que te cuesta toda la parte de promoción ¿Cómo lo estás llevando?

Me está echando un cable gente a la que estoy pagando en gin tonics. Y todos contentos, porque hacen una cosa que yo ni sé ni quiero hacer y luego bebemos juntos.

 Dani Cano me contó que dejó de salir por Murcia porque, tocando en Errecinco, aquello se convirtió en: “Eh, ese es nosequién, nos interesa ir a saludarle porque igual nos puede meter en un bolo…”. Él acabó hasta los huevos. ¿Sientes algo así?

Sí, ya saludo a alguna gente…

¿Porque tienes que saludarla?

No sé, porque me apetecía. Me he dejado aconsejar por gente que está metida en el tema, y si se acuerdan de tu cara mejor, pero yo cuando saludo es porque me apetece. Sé que tengo que llevarme bien con la gente. Yo soy muy de saludar. Soy muy de saludo. Y de que la gente me salude. Lo que me costaría es estar detrás de alguien, mandar correos, mandar reseñas a revistas…todo eso me cuesta más.

La gente del punk, que ha sido casi siempre música underground, sabe que tiene que montarse su escena: sus distribuciones, sus sitios donde tocar, sus giras, etc. Ni siquiera se plantean exigirle al circuito normativo de salas un hueco. Es otra historia. Tú no haces música underground y no creo que estés en ese círculo, pero tampoco te veo en el universo del que salen bandas idénticas como churros. Creo que eres un músico de bar, de barras de chapa y sillas de madera barnizadas cincuenta veces. ¿Estás en tierra de nadie?

Sí, me lo han dicho alguna vez. Para mí es un elogio. Quiero tener una propuesta y no ser una banda más, y por otro lado, tampoco me quiero quedar en un público reducidísimo, con todo el respeto a esa escena que se lo guisa y se lo come. Que tiene una propuesta firme y hace lo que quiere y como quiere…

Estamos hablando de bandas que son capaces de buscarse giras por toda España sin tener que pedirle permiso a nadie. Eso vale mucho…

Eso es muy grande, sí, pero yo no estoy ahí. Mi música no tiene sitio ahí. Yo hago pop, al fin y al cabo. Canciones redondicas, cosas que a la gente le entran bien en el oído. Lo mío es masivo. No hago nu metal ni hardcore.

Me gusta que el folklore está en tu forma de cantar. Esa forma de proyectar la voz huele a plazas de pueblo sin micrófonos. O cantas alto, o nadie te oye.

Ahí también estoy en tierra de nadie. Los poperos me dicen que parezco un jotero y los joteros, que parezco un popero. En los últimos encuentros de cuadrillas ya me daba vergüenza cantar malagueñas, porque me decían que cantaba malagueña pop. [Ríe] No sé si es un insulto…

Suena bien: Ángel Calvo, rey de la malagueña pop…

[Reímos] Es cachondeo tirando a despectivo, hay coñica. Pero a mí me sale así. No sé cantar de otra manera. Luego, cuando hago pop, me dicen que recuerdo a las cuadrillas. Pero parte de mi propuesta está en esa tierra de nadie.

Al mismo tiempo, esa forma de cantar te coloca dentro de la tradición del cantautor de bar, el que no dice: Por favor, no habléis tan alto, que esta canción es de llorar…No me imagino a Van Ronk en el Greenwich Village diciéndole a alguien que se calle.

Claro. Me flipa ese formato, tengo ganas de explotarlo. Tengo ganas de compaginar conciertos en solitario con conciertos con la banda. Para mí, ahí son referentes Josele Santiago y Xoel López.

Estás montando una banda, noto en ti cierta urgencia a ese respecto. ¿Quieres sonar más grande?

Tocar con banda es terapéutico. Las conexiones que se establecen entre los músicos, sentir que hay gente detrás que te respalda…Es otro nivel. Ya te digo, tengo ganas de compaginarlo. Tú lo has dicho: tengo la urgencia de hacer un disco con banda. Es más show. Y eso mola. Un concierto acústico es café para muy cafeteros.

¿Cómo te gustaría que sonara tu banda? Dime tres o cuatro nombres.

Me flipa Wilco. No vamos a sonar a Wilco, pero me encanta lo que me transmiten. No te digo nada de producción ni sonido, me transmiten algo muy grande. Pero no vamos a sonar así. De lo que salga de la mezcla puedo perder el control.

¿Te da miedo eso?

Un poco, pero es la magia. Me gusta esa espontaneidad, no quiero cortarle el rollo a mis músicos. Y siguiendo con las bandas que decías, hay un disco de Van Morrison con la Caledonia Soul Orchestra que es maravilloso. Luego está Dylan y The Band. Tengo un poco esa idea. Él tenía unas canciones en acústico y las montó con una banda. Fue una apuesta arriesgada y, joder, como él dijo: Play it fucking loud!

¿Eres capaz de verte a ti mismo dentro de cinco años?

Me gustaría mantener el ritmo de creación. Me gustaría que empezara y se mantuviera un nivel de trabajo y desarrollo personal para los músicos con los que toco. Eso sería un éxito. Los conciertos que vayan saliendo, pues de puta madre. Me acuerdo de la final de bandas de la Universidad de Murcia, que fue un desastre a nivel organizativo. Nos lo pasamos genial. Estábamos genial en el escenario. Verme así en cinco años sería genial.

La última: ¿Alguna vez vas a pedir en el Plan 9 una canción que no sea Happy Hour?

No.

 

Fotografías de Javier Arnedo

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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