El Mena (Garaje Florida): «Parece que en español no se puede cantar algo punk yendo más allá de las dos frases y el estribillo»

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La idea fue de Javi. Me dijo: “Joder, tiene que ser allí, es un sitio en el que estoy seguro de que pusieron losas porque el heno es antihigiénico”. Se refería a El Cañizo, una taberna situada en el corazón del barrio de Santa Eulalia que mezcla longanizas colgantes con portadas de los Clash y carteles de corridas de toros con esas canciones que Billy Corgan escribió para que lloraras como si todos los días fueran un domingo por la tarde. Tenía que ser aquí, sí: tenía que ser aquí donde entrevistáramos a Garaje Florida, la banda que suena a discusión-que-acaba-en-hostias entre The Jam y The 13th Floor Elevators y que cuela en sus canciones palabras como escabechina. Diego Montana y yo esperamos al trío apoyados en un barril. Respiramos orgullosos, conscientes de que el escenario es perfecto. Garaje Florida -anteriormente conocidos como El bueno, el feo y el Mena- publicaron hace unos meses su primer largo, Ser de Plutón (Grabaciones a montones). Lo presentaron en casa -en una noche apoteósica, te lo digo yo- y han girado por Madrid, Valencia, Alicante y Almería. Lo que sigue es el resultado de un buen rato hablando de música. Yo volví a casa convencido de que si Frank Zappa soltó aquella gilipollez sobre ‘hablar de música’ es porque no conoció a estos tres tipos. En serio, dio gusto.

Cuando erais pequeños, ¿se escuchaba música en casa?

Luiggi García: Mi primera referencia es mi tía, que vivía en Alicante. Vivió toda La Movida, y le gustaba mucho la hornada de punk inglés del 77. Tenía cintas, y cada vez que yo iba a su casa me llevaba cuatro o cinco. Ahí empecé a escuchar a los Jam, a los Clash y a varias bandas españolas de aquella época.

Mena: Yo empecé a escuchar música gracias a mi primo. Bueno, también a mis padres. En casa había discos clásicos de soul y blues: Otis Redding, Carla Thomas…pero me impregné de música gracias a mi primo Paco, que por cierto pincha en Trémolo de vez en cuando…

Maestro Gado: Paco Mena.

Mena: Paco Mena. Tiene una colección de discos inmensa. Yo iba a su casa y…

Luiggi García: Los robabas directamente, lo puedes decir…

Mena: Sí, ojalá [ríen]. Me hubiese tirado por el balcón. Me grababa los CD. Tenía muchos vinilos, pero yo no los tocaba porque para él era una zona muy importante. Pero los CD sí: los cogía y me los grababa. Así empecé a escuchar y a comprarme mis propios discos. Especialmente en la adolescencia, a los 13 o 14 años. Luego, con 20 o 22, bajé el ritmo de escuchar música y ahora sigo escuchando, claro, pero a ese nivel ya no.

Maestro Gado: Yo tuve una influencia muy directa de mi padre, que era músico. Era trompetista, pianista y guitarrista. Él me empezó a enseñar a tocar el piano con cinco o seis años y bueno, al final, mi profesión ha sido la de músico. En casa había mucha música clásica, pero también había algo de los Beatles, muchas canciones de los 70, sobre todo canción protesta, cantautores y demás. Mi infancia estuvo rodeada de eso. Fue una mezcla entre lo que yo tocaba y lo que había en casa. Mi padre murió cuando yo era muy joven, entonces esa influencia se vio truncada, pero me quedó lo que había en casa: discos y vinilos muy variados. También creo que por eso entiendo la música de una forma muy ecléctica. Luego, en la adolescencia, era lo que te llegaba por colegas. Al pueblo [Caravaca] vinieron unos bosnios y nos trajeron el Ten de Pearl Jam…y de repente empiezas a tocar la guitarra y montas un grupo.

¿Y en qué momento tuvisteis esa especie de revelación que hace que la música esté SIEMPRE en tu vida?

MG: Yo lo tengo muy claro: el Nevermind de Nirvana.

M: Para mí fueron los Beatles. Especialmente en la época psicodélica. El Revolver era eso…un revólver, una evolución de sonidos…luego, ya en la adolescencia, fueron también muy importantes la Velvet y los Clash. Y claro, esas dos bandas te abren muchísimos caminos, pero sobre todo fueron los Beatles. Es el grupo más importante.

LG: Yo recuerdo juntarme con un colega cuando tenía 12 años. Teníamos una banda y estábamos empezando a interesarnos en grupos como Radio Futura o Gabinete Caligari. Un rollo muy español.

¿Tuvisteis muchas bandas de adolescencia?

M: Qué va. De hecho, yo empecé con ellos, con El bueno, el feo y el Mena. Antes hacía canciones por mi cuenta, pero nunca había tenido… A ver, yo es que en Lorca estaba prácticamente solo. Lorca es un pozo sin fondo en el que la gente no se preocupa culturalmente de nada. En la Universidad tenía un par de amigos a los que les pasaba algunas cosas, pero nunca se terminaron de interesar. Así que, a la hora de tocar, para mí era muy complicado hasta que los conocí a ellos.

MG: Nostros [incluye a Luiggi] sí tuvimos la suerte en Caravaca de vivir un momento de efervescencia. Fue a finales de los 90. Es algo que pasa poco en los pueblos, pero, de repente, hubo movimiento. Además, nos pilló con 17, 18 años y aquello nos gustaba. Había bandas muy diferentes y nos metimos en todo eso. Desde entonces, de una forma o de otra, Luiggi y yo hemos estado más o menos en el mismo círculo musical, compartiendo banda o no.

LG: También hay una diferencia generacional. Entre él [Mena] y nosotros hay casi diez años. Nosotros empezamos a tocar antes, además del momento que vivimos. Allí en Caravaca teníamos un bar en el que podías escuchar a los Pixies…

MG: A Rage Against The Machine, a Los Planetas…

LG: Y salíamos con ganas. Salías a comerte el mundo. Era salir a bailar, tío. Salir a botar y a empujarte y a salir sudando de los bares.

M: Eso es algo que yo no he vivido. En Lorca había bares así, el Fraguel, el Siete Monjas…pero a mí me pilló la generación posterior.

MG: Con el reggaetón, vamos.

M: Claro.

Para mi generación, que es la posterior, escuchar en un bar una canción con una guitarra eléctrica era un milagro.

M: Claro. Ahora parece que está volviendo un poco esa música a los bares, pero yo predicaba ante nadie. Me pilló un desierto de mierda…

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¿Cómo os conocisteis?

MG: Yo me acuerdo cuando vi al Mena por primera vez en Calabardina, que estabas tú [señala a Luiggi]. Era un cumpleaños o algo así, creo.

LG: Yo me acuerdo de una Nochevieja en casa de un amigo común. El Mena sacó la guitarra…

M: ¿Pero fue antes, no?

LG: Sí, pero yo me acuerdo de aquella noche.

MG: Fue antes, porque tú venías a Murcia a los conciertos de Playmobil [banda en la que tocaban Maestro Gado y Luiggi].

M: Claro, yo iba a veros.

LG: Yo me acuerdo de cuando le vi tocar y dije: ‘Joder, cómo mola’. Y ves a un tipo más joven que tú, con 22 años, con canciones propias que sonaban como sonaban aquellas, con un inglés de puta madre, pues hostias…a mí me flipó. Cómo tocaba…

MG: Fue en 2012. Yo me acuerdo de tener la sensación de decir: ‘Mena, creo que esas canciones merecen ser grabadas’. Fue tan sencillo como: ‘Vente a casa, que tengo una multipistas, y vamos a grabar un tema’. Le metí un piano, y Luiggi también estuvo ahí en seguida. Nos dimos cuenta de que merecía la pena arreglar esas canciones para grabarlas. Sin artificios, tampoco queríamos forzar la máquina, se trataba de dejar registrado algo que pensábamos que era muy bueno.

LG: Fue muy fácil. Nos juntamos y, en dos o tres ensayos, salían los temas a la primera.

M: Yo estaba super ilusionado. Me acuerdo perfectamente. Para mí era algo nuevo. Sí que dimos bastantes vueltas en cuanto a qué instrumento cogía cada uno.

MG: Sí, hemos dado bastante vueltas hasta llegar a la formación que es ahora Garaje Florida. Luiggi tocaba la batería pero también el banjo en algunas, Mena iba con acústica y a veces yo cogía la eléctrica…en otras yo cogía un teclado pero no había bajo…hemos ido probando hasta lo que tenemos hoy, pero ha sido un proceso natural: un pedal hacía que la guitarra sonara más dura, entonces el banjo ya no entraba…y así llegamos a esta alineación, pero fueron las canciones la que lo fueron marcando.

¿Y sentís que esta es la formación definitiva?

M: Yo creo que sí. En cuanto a sonido de banda con cierta personalidad, que es algo que antes no llegábamos a tener del todo, creo que sí.

LG: el tema es que, conforme iban saliendo las canciones, veíamos que una pedía una cosa, otra pedía otra cosa…y era divertido, pero con este disco pasó que vimos que las canciones casaban unas con otras, que había una unidad.

MG: De todas formas, yo tengo claro que, si grabamos ahora, saldrá algo diferente a Ser de Plutón.

M: Yo creo que también. Es que tampoco nos gusta repetirnos.

MG: También es que tú sigues escuchando otras cosas, evolucionas…

M: Sí, tienes otras ideas.

MG: Por ejemplo: en este disco, mis órganos son muy densos, pero yo sé que si grabamos algo ahora, sonará con otro carácter. Seguro. Sin perder intensidad ni fuerza, pero con otro carácter. También se trata de dominar un equipo.

M: Y también al componente sentimental, que es de donde sale la música, hostias.

MG: Y al idioma, ojo. Las melodías cambian mucho con el idioma. Eso condiciona todo. Además, cuando el Mena canta en castellano nos transmite unas cosas diferentes a cuando canta en inglés. Las melodías son más contundentes. También es que ahora él toca la guitarra con más soltura, con más distorsión y más fuerza. Entonces, yo, para no quedarme atrás, tengo que tocar más fuerte y Luiggi tiene que tocar con más energía.

Pero hay muchas bandas que cambian su sonido sin cambiar de nombre. Desde fuera, se ve una especie de necesidad de explicitar que habéis cerrado una etapa.

MG: Yo creo que ha sido por hacerlo claro, por no fusionar.

LG: Un antes y un después también fue el hecho de cambiar de idioma. Te encuentras con doce temas en castellano y con que lo otro ya no entra. Alguno de estos temas era en inglés originariamente, pero se trataba de juntar esas doce canciones en castellano con un sonido más contundente. En cuanto al nombre…nunca nos importó salir y que nos dijeran: ‘Vaya nombre de mierda…’

M: Pero nos lo dijeron.

LG: Claro, te lo van diciendo y llega un momento en que, joder, vamos a hacer algo.

M: Es verdad que casi siempre hemos pasado olímpicamente de todo, pero hay veces en que ves que no puedes cambiar la forma en que piensa determinada gente. Había gente que decía: ‘El nombre no hace justicia a la música’, pues hay que pensarlo…

LG: Salíamos fuera y nos decían: ‘Pues nunca hubiera escuchado un grupo con este nombre’. Había de todo, es cierto, pero también queremos tener un poco de proyección fuera de Murcia.

MG: Yo creo que la cuestión es que tampoco nosotros estábamos al cien por cien identificados con ese nombre. Surgió, y le decíamos a la gente: ‘A tomar por culo, nos llamamos así’. Nos da igual. Ojalá todas las críticas fueran: ‘La música mola, el nombre, no’.

LG: No teníamos grupo, realmente. Nos ofrecieron tocar en The Sonic Sundays, de El Quirófano, y salió ese nombre. Y nos reímos y así se quedó.

M: La culpa fue tuya…

Los Rolling Stones también decidieron su nombre en el momento en que les preguntaron cómo se llamaban…

M: Sí, nosotros es que tampoco hemos tenido nunca pretensiones con el nombre.

MG: Es cierto que el hecho de tener canciones en castellano, grabar un disco largo con Marco [Velasco] y darle una nueva visión al tema…al cambiarle el nombre nos decíamos a nosotros mismos: ‘Esto es otra cosa, vamos a muerte desde el principio’. También hemos hablado que si un día salen canciones en inglés del rollo de antes, las podemos grabar como El bueno, el feo y el Mena y publicarlo. Pero de momento, no. A veces salen cosas en el ensayo y decimos: ‘Esto es el rollo de antes…’

¿Os censuráis mucho en ese sentido?

MG: Siempre salen ideas, unas se quedan fuera y otras siguen adelante. Siempre tiene que ver algo de censura, pero más bien como una cuestión de autocrítica. Igual nos sale algo que en acústico mola y otra cosa que son tres acordes pero mola al tocarla los tres juntos; pues esa idea tira para adelante. Más que una censura, es una selección.

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Es curioso lo que decíais antes de que el cambio ha sido natural. Ahora se dice que hacéis New Wave, pero en vuestro segundo EP ya versionasteis a Elvis Costello

LG: Hombre, es un sonido que siempre ha estado ahí para nosotros.

M: Yo he sido un fan de Elvis Costello toda mi vida, y puede ser que esa versión sea el punto de inflexión. Nos apetecía grabar una versión. Esa canción está en un disco muy famoso [The Year’s Model (1978, Columbia)], pero no es muy conocida.

LG: En el primer EP también está The chicken’s alright, que tiene ese carácter. Y es la única de esa época que seguimos tocando, porque entra de puta madre.

M: Ya ves, nunca me canso de tocar esa canción.

Mena, ¿por qué cambias al castellano? Las bandas que cambian del inglés al castellano suelen decir que es una cuestión de límites.

M: El otro día lo hablaba con Germán Beteta [Guillermine, Steffuny 6] y él me decía: ‘Es que a mí me sale cantar en inglés, ¿qué más da lo que opine el resto? Si hacemos música anglosajona, pues cantemos en inglés, lo hagamos mejor o peor’. A mí me apetecía cambiar.

MG: A nosotros nos pilló por sorpresa.

LG: Lo bueno de todo esto es que no es una obsesión. No hemos dicho: ‘Hostia, vamos al español que es lo que lo va a petar’.

M: No, no, no, qué pijo.

LG: Se probó y quedó guapo. Y fue natural.

MG: Mono fue la primera canción.

¿Te cuesta más escribir ahora? Debe ser jodido cuadrar la métrica del castellano con la música anglosajona.

M: Fíjate, ahora me sale más natural en español, creo que me costaría mucho escribir algo en inglés.

MG: Yo creo que es una cuestión de costumbre, llevas dos años escribiendo letras en español y lo has automatizado. Y las letras en inglés molaban mogollón. Y lo digo ahora on the record: las letras de los EP me parecen de las más inspiradas en los últimos tiempos, de aquí y de fuera, ¿eh? No hemos pasado al castellano porque escribiera mal en inglés.

Nacho Vegas dijo algo así como que si escribías letras en castellano terminaba saliéndote una música más enraizada con lo de aquí. En Ser de Plutón encuentro algo de eso, que no sé si llamar castizo: esa portada esas referencias al Cantar de mio Cid…   

 M: Claro. Al final te nutres de todas tus experiencias vitales. Yo llevo toda la vida leyendo literatura española, y es verdad que ese arraigo está ahí. Creo que tenemos que recuperar nuestras raíces, que para eso están. En la música se pierden mucho, y a mí me apetecía recuperarlas, aunque fuera en frases…

MG: Hay un vocabulario que no está en el día a día y que, cuando lo escuchas en un tema, te llama la atención. Y luego hay un contraste con la música…

M: Sí, una música más moderna y unas letras más clásicas. Pero bueno, eso lo han hecho muchos grupos. De ese rollo castizo, Gabinete Caligari es el máximo exponente.

LG: También nos han comparado con La Mode.

M: Eso me hizo gracia.

LG: A mí me mola que nos digan eso, ¿sabes? Porque a lo mejor está ahí esa influencia y nunca nos hemos parado a pensarlo.

M: Y luego, que si mi forma de escribir o cantar resulta original, pues a tomar por culo. A tope.

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Las letras son densas y, al mismo tiempo, urgentes. Es como si tuvieras la necesidad de contar algo.

M: Sí. Cada uno tiene su forma de escribir. Pienso en Perro y sus letras son totalmente diferentes a las nuestras. A mí siempre me ha interesado contar una historia. Coño, que en inglés se hace. Parece que en español no se puede cantar algo punk yendo más allá de las dos frases y el estribillo. ¿Por qué no se puede escribir un poco más? Es una forma de reivindicar eso.

LG: Es como que quieres contar más cosas. Yo veo las letras y digo: ‘Hostias, es que no se acaba nunca, tío, esto es una historia…esto no va a caber en ningún lado’, es cierto que son letras muy largas, pero…

M: No son largas, ¿eh?

MG: Pero porque las canciones no son largas.

LG: Sí, no son largas, pero hay una densidad ahí…no son cuatro frases repetidas, que eso también me mola, pero a veces da gusto encontrarte una historia contada en una canción.

MG: Eso ha formado también la personalidad del grupo.

M: Y no está pensado que sea así, ¿sabes? Me sale así.

MG: Yo creo que esa honestidad también se ve. Es que sale así. A las letras les damos pocas vueltas, igual que a lo musical.

Luiggi, es obvio que ellos han cambiado su forma de tocar. Para ti, como batería, ¿qué supone este giro sonoro?

LG: A mí me mola este cambio. Mi manía siempre es ir a más, tocar más rápido. Supongo que es por lo que escucho, me mola más ese rollo punk 77. Al final te adaptas, pero el cambio se nota mucho. A mí me mola más esto. Esa energía…hostias, salir de un concierto sudando, con una descarga de energía que parezca que has tocado.

¿Cuál es vuestro método de trabajo?

MG: La idea y la propuesta de canción la trae el Mena. Pero a veces la trae muy clara y otras veces trae algo más primario y lo redondeamos entre los tres. Él es un poco el generador de ideas y nosotros, hasta cierto punto, las transformamos.

LG: Al haber tocado mucho tiempo juntos, nos es muy fácil trabajar sobre sus ideas.

MG: Sí, de un ensayo hemos llegado a sacar tres temas nuevos, por ejemplo.

LG: Además nos gusta decirlo. Cuando tocamos algo y nos sale, decimos: ‘Este tema está cerrado’. También fuimos un poco así al estudio. Mola llegar al estudio con las cosas cogidas con hilos. Esa frescura del momento…

M: Si lo tienes todo pensado es una brasa. Hay que dejar que surjan cosas en ese momento…

MG: Como decía Tom Waits, ¿no? [Al respecto, Tom Waits dijo que las canciones eran como “transportar agua con las manos”].

M: Hay que tener un cincuenta o sesenta por ciento de la canción, pero luego hay cosas que surgen allí que hay que dejarlas fluir…

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Decidme una banda o un músico que sea una referencia en cuanto a la forma de desarrollar una trayectoria.

LG: Yo diría a Los Kinks. Es una de mis bandas favoritas. Hay muchas, pero como banda con una trayectoria…son mi referencia.

MG: Yo soy muy fan de Tom Waits. Paso meses sin escuchar nada suyo y luego vuelvo a su música y pienso que es lo mejor del mundo. Como personaje…ese rollo teatral…me encanta. Me provoca un pelotazo de inspiración.

M: Yo voy a decir uno que le gusta mucho a Tom Waits: Frank Sinatra. Sí, Frankie.  El otro día le hicieron un monográfico en Radio3 y yo decía: ‘¡Qué cabrón!’

LG: Algún día te veremos en Las Vegas.

M: A ver si es verdad. Ese es el próximo objetivo [vuelven a reír].

¿Cuál es vuestra hoja de ruta a corto plazo?

MG: Después de verano, seguir tocando.

LG: Hemos hecho una pequeña gira, y nos gustaría seguir tocando fuera. Y después, ponernos con ideas nuevas.

Y en Murcia, ¿os sentís parte de algo o sois de Plutón?

MG: Nos llevamos bien con la mayoría de bandas de Murcia. Yo, lo de la Escena Murciana, lo veo como una forma de llamar a un conjunto de grupos que están tocando a la vez. Pero no sé.

LG: Ni nos sentimos identificados ni dejamos de sentirnos identificados. Cuando estás en una banda, no le das importancia a eso.

M: Te llevas bien con la gente…pero es que es una cuestión más de…

¿De la prensa?

M: Sí, puede ser, de la prensa, de la gente…

LG: A mí me da un poco igual cuando me dicen: ‘Es que en Murcia hay una movida…’, pero si luego a lo mejor de esa movida no me interesa ninguna banda…pero tampoco renegamos de nada. Yo qué sé, somos de aquí. Pero ni nos comparamos ni nada. Nosotros hacemos lo que nos mola. Y punto. Al que le guste bien, y al que no…pues también.

M: Al que no, al Segura, que está lleno de agua [vuelven a reír].

MG: No nos sentimos dentro de ninguna escena, ahora mismo estamos tocando aquí y ya está.

LG: Si hay algo de escena es una cosa muy privada, de gente que somos colegas y tocamos y nos gusta la misma música.

M: ¿Nunca te has preguntado si alguna vez nos verán a nosotros como nosotros vemos a los Rolling? [se descojona].

LG: Yo soy muy romántico con estas cosas, y recuerdo los últimos 90 en Murcia, donde había muchos grupos que a mí me molaban. Yo compartía escenario con gente como Morcon Baby y los veía como si fueran los Pixies, ¿sabes?

M: Esa fue una de las sensaciones que tuve yo cuando tocamos con Los Enemigos, tío. [Compartieron cartel con los madrileños en el Lemon Pop de 2013]. Fue como decir: ‘Me cago en diez, aquí con el puto Josele, que es una institución…¡Dios!’. Yo creo que lo sentimos los tres.

MG: Yo he soñado que tocaba con grupos así. Joder, es que el Nada (1999, Chewaka) llegó a mi casa y yo le di muchas vueltas. Hostias, cuando suena Me sobra carnaval…

M: Estábamos ahí en plan fan.

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Diego Manrique dijo hace algún tiempo que la tendencia de este siglo iba a ser, más que nunca, la de bandas de fin de semana. ¿Aspiráis a dedicaros a la banda a tiempo completo?

LG: Es un tema del que siempre estamos hablando: dejarlo todo y apostar a tope por la banda. Pero es que, joder, hay que currar para grabar y para salir a tocar por ahí. Porque si vas a Madrid y van a verte diez personas…pues tienes que poner pasta y tienes que pagar gasolina y local. Eso tiene que salir de algún sitio.

MG: Si ves a los grupos que tienen éxito con giras relativamente extensas…tienen sus curros. Eso te dice por dónde van los tiros. Tú puedes tener 50 conciertos al año y tener una buena afluencia de público y que no sea suficiente. ¿Por qué? Pues no lo sabemos. Nosotros sabemos lo que nos cuesta ir a Madrid a tocar.

LG: También tienes que tener una confianza absoluta en lo que haces para tirarte al barro.

M: Eso también depende de tu vida.

MG: Si tienes un fondo de armario que te permita intentarlo durante dos años…pues sí, vas a muerte, pero necesitas pasta para vivir. Pero es cierto que el que lo consigue es porque arriesga. ¿Pero cuántos han arriesgado y se han quedado en el camino? Pues imagino que muchos. De todas formas, el grupo no ha crecido tanto como pensar en eso. Acabamos de sacar nuestro primer disco. Ahora mismo es todo muy do it yourself. Estamos con Víctor [Martínez] de Grabaciones a Montones, que es uno más…pero es todo muy entre nosotros.

M: Quizá, en un país como Estados Unidos…allí cualquier grupo, aunque haga música experimental, puede tirar hacia adelante. Pero es un país muy grande con otra cultura. Aquí está todo mucho más acotado.

LG: Nosotros estamos con Víctor a muerte. Nos ha dado un impulso muy fuerte, nos ha sacado fuera y confía a ciegas en lo que hacemos y nosotros en él, pero es verdad que para dar ese salto de dejártelo todo por la banda, necesitas a alguien que te mueva mucho y que confíe en ti a muerte y te monte una gira de puta madre aunque pierdas dinero. Pero como dice él [señala a Maestro Gado], también tienes que tener un colchón. Yo, personalmente, me la jugaría. Un año o dos. Intentar hacerlo, no sé.

M: Pero eso es algo que depende de unas circunstancias que ahora mismo no se dan. Ahora mismo cada uno lleva su historia.

MG: Ahora mismo, nuestra meta es poder salir a tocar cada fin de semana. Y que venga mucha gente. Tocar mucho y generar cierta expectación y cierto feedback.

Hace unas semanas nació la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Los músicos no sois un gremio particularmente unido, ¿verdad?

M: No tenía ni puta idea de que había un sindicato de músicos.

LG: Mira, hace unas semanas fuimos a tocar a Orihuela y no tocamos, porque había un rumor de que había una inspección. Multaron hace poco a un garito en Zaragoza con 12.000 pavos por no tener dados de alta a los trabajadores…

MG: Con ‘trabajadores’ se refiere a los músicos que estaban tocando.

LG: Sí. Y creo que, si no hay unión entre los músicos ante ese tipo de situaciones, nunca va a cambiar nada. O te das de alta o corres ese riesgo, ¿pero quién puede darse de alta? En un concierto en el que seguramente palmes pasta…tienes que sumar más dinero por darte de alta y poder tocar. Al final acabas con la música. Yo creo que es necesario.

¿Creéis que es una consecuencia de eso de ‘banda de fin de semana’, del hecho de que tocar en una banda no se vea como un oficio, sino como un pasatiempo?

LG: Sí, igual nos hemos acostumbrado a tener cinco conciertos. O a que la gente diga: ‘Hostias, ¿5 pavos vale la entrada?’ Pues a lo mejor estás viendo a dos bandas, tío.

M: De hecho, luego somos los músicos los que vamos a los conciertos y pagamos la entrada con gusto, porque sabemos lo que cuesta.

LG: Pero eso es algo cultural. En Estados Unidos, por ejemplo, lo que se paga por un concierto es la propina. Y te pasan el bote y…

MG: Sí, hay músicos tocando y pasan un bote cada 15 minutos.

LG: Y al final juntas pasta, que es lo que le pagan a la banda, pero nosotros llegamos allí con nuestra cultura española y decíamos: ‘Yo no voy a dejar más pasta, tío’. Nuestra cultura ratonera de guardarte el dólar para tomarte una caña. Y a lo mejor estás viendo a un grupo que se te caen los huevos al suelo.

MG: El problema de la cultura en España es la subvención. Cuando estatalmente se ha sustentado la cultura a base de subvenciones exclusivamente, cuando esas subvenciones dejan de estar, es imposible hacerle pagar a la gente por algo por lo que nunca ha pagado. Hemos creado un monstruo. La gente cree que el teatro es gratis, que la música es gratis y que una exposición es gratis y que todo tiene que ser gratis como la feria de tu pueblo. Y entonces entra una empresa privada y te dice que tienes que pagar por algo. En ese momento, el español medio dice: ‘No, tío, yo entro gratis. Tú me puedes cobrar 8 pavos por un quinto en un after, pero no me puedes cobrar 5 por un concierto, porque no estoy acostumbrado a pagar por la cultura’. En el teatro es igual. Es difícil cobrar una entrada a diez euros en la que haya doce actores y doce músicos. Te encuentras las salas vacías, tío.

M: Y la cultura jamás debe ser estatalizada. Es una cosa que tiene que ir de abajo hacia arriba. El otro día comentaba con Luiggi que el Funtastic lo montan dos o tres tíos que meten su dinero en eso y no pasan de ahí. Es como debe ser. Y tienen su política de festival. Una vez que está todo estatalizado y que hay millones de subvenciones, pues no me vengas luego llorando, porque el dinero no es gratis. El dinero es de los impuestos de los españoles, ¿sabes? Hay que buscar otras formas de hacerlo.

LG: No te puedes pasar la vida llorando porque el ayuntamiento no te dé dinero. Pues monta otra cosa, tío.

M: Claro, es que ese dinero igual es para algo más importante. Quiero decir que la cultura tiene que ser algo de los que hacemos la cultura. Y claro que hay que pagarla, ese es el gran lastre.

En otros países hay un equilibrio entre la subvención y la iniciativa privada.

MG: Todas las ayudas vienen bien, pero el problema viene con el espectador. Sales a cenar por 20-25 pavos, sales de copas y te gastas algo más, pero esos 5 pavos por ver a  dos bandas, que van a ganar 2,5 por entrada…

M: O menos…

MG: O menos, si el bar se queda con algo, no los pagamos. Y eso es costumbre. Mira, al final te pasas 15 días en Estados Unidos y te sale dejar la propina del 10-15% y cuando vienes aquí cambias el chip porque te sale dejar dos o tres euros.

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También os ha hecho mucho daño el estereotipo de rockero que quema billetes y tiene una limusina en la puerta, ¿no?

M: No lo sé, es que nunca me he planteado eso. No conozco ese mundo.

MG: Ese mundo del que hablas, como nos pilla tan lejos incluso a nivel nacional…no nos lo planteamos.

LG: Eso no se te pasa ni por la cabeza.

MG: No sé si la gente asocia el rock and roll de aquí a eso. Yo nunca lo había hecho. Quizá porque las bandas a las que sigo no van por ese camino. Aunque tengan mucha pasta, pero no van por ahí.

¿Alguna vez os habéis planteado mandar la banda a tomar por culo y dejar la música?

LG: Bueno, hay momentos malos. Vas a un sitio con unas esperanzas que luego no se materializan, por ejemplo. Pero al final somos muy colegas y nos mola mucho lo que hacemos. Lo mismo hemos tocado ante ocho o diez personas y nos pasa lo contrario, nos crecemos. Vamos a tope. A tomar por culo, da igual. Siempre se pasa por la cabeza. Pero hacemos esto con gusto y con ganas. Nunca vamos a tocar embajonados porque no haya ni dios en la sala.

MG: Cuando tocas, lo menos importante es eso. Luego haces balance, pero tocar siempre mola. O sea, y yo he tocado para cero personas. [El Mena se raja y pide disculpas]. No, no, yo he tocado en un bar en el que la camarera se salió a fumar y no había nadie. Encima, vino la Policía y nos echó. Tocar siempre mola. Y a todos nos gusta más tocar para cien personas que para diez, pero ya lo hemos hablado: llevamos dos meses tocando, puedes tener días mejores y peores. Los días buenos por los días malos. Y luego, que a mí se me pasan los males tocando. El mal rollo de no tocar en Orihuela a mí se me fue a tomar por culo después de hacer dos ensayos de la hostia y sacar canciones nuevas. Sentí que era el puto amo y que íbamos a grabar un discazo.

M: En El último Vals hay un momento en que Rick Danko dice que fueron a tocar al garito de Jack Ruby y dice que había dos personas: una bailarina manca y otro individuo. Claro, cuando tú escuchas eso…cuando ves que hasta grandes grupos han empezado tocando en sitios de mierda…pues lo normalizas. Yo creo que es normal. No sé adónde llegaremos, pero muy pocas bandas han empezado petándolo.

MG: sobre todo de las que nos molan.

M: Claro, y si te están diciendo que no tenían dinero ni para una barra de pan, pues te das cuenta de que hay que echarle bastantes cojones. Eso es así.

Fotografías de Diego Montana

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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