Él Mató A Un Policía Motorizado en sala REM: A estos payos

Dice Dani que es más sencillo de lo que parece. Le paso el porro. Se estira y encoge los hombros: Tío, hay bandas que están guapas, bandas que están muy guapas y bandas que hacen que te sientas culpable por no estar montando una banda. Yo, hecho una braga en el otro sofá, con un cante de las minas en cada sobaco, los calcetines más negros que el tizón, asiento. Supongo que es parte del misterio. De un tiempo a esta parte, me paso los miércoles rellenando folios con excusas para no ir a conciertos. No sé qué ha pasado. Estoy saturado. Quizá solo sea otro ámbito en el que esta ciudad se me hace cada vez más previsible. Gente a la que respeto, me refiero a gente por la que partiría pescuezos si yo tuviera unos brazos para partir pescuezos, trae bandas a las que respeto, que incluso me gustan. Pero no voy a los conciertos. Siempre hubo algo más que eso, ¿no? El concierto era más importante que el evento. Me niego a pensar que los discos del año pasado fueran mejores. Y que esas bandas decían entonces algo que ya no. Sin dramatizar demasiado, asumo la culpa. Supongo que solo estoy acojonado ante la posibilidad de perder el entusiasmo por esas secuencias de dos o tres minutos que siempre me han explicado lo que me pasa. Hace meses que no zarandeo a ningún colega al borde de la derrota –siempre tengo alguno coqueteando con el descenso- mientras le grito ¡Las canciones y tú, tío! No, no. Y es raro, porque esta noche lo vuelvo a sentir.

Se lo digo a Dani: Las canciones y tú, tío. No contesta. Lo repito. Giro el cuello y me encuentro al cabrón con el cuello quebrado y la boca abierta. Falta poco para que empiece La Sinfonía Del Jabalí. Me miro los calcetines. Hay una explicación para todo esto.

Ha terminado hace un rato. En la REM. Él Mató A Un Policía Motorizado. La Mati me ha preguntado si no le faltaba un poco de volumen al bajo. Yo me he encogido de hombros. Le he dicho que qué me estaba contando. Creo que he sido brusco. Le debo una disculpa. He pensado que sí, que yo debería estar observando ese tipo de movidas: ¿puesta en escena? ¿Puntualidad? ¿Repertorio? ¿Coordinación? ¿Volúmenes? Eres periodista, idiota, me he gritado mentalmente. El caso es que estaba cruzándome de brazos cuando Diego Miñano me ha cogido por el pecho y me ha levantado como si fuera un paquete de pan Bimbo y he estado un rato pallá y pacá y luego he vuelto al suelo y una chica me ha espetado que siempre tengo que ser el protagonista y yo le he dicho que no y ella ha dicho que siempre, siempre, siempre el protagonista y yo le he dicho que qué voy a hacer si peso 60 kilos y mis amigos aprovechan cualquier rayo de sol para levantarme como si fuera un Jesucristo desorientado y la chica ha bufado.

Me he dado cuenta de que hoy tampoco sería capaz de responder a esas mierdas de la pirámide invertida y todo lo demás.

Tocan Nuevos discos y Nacho se quita la camiseta y mira a su alrededor y dice que cómo puede ser que casi nadie se dé cuenta de que esta es una banda para pegarse hostias. Tiene una teoría: son igual de rápidos que los Ramones, pero su concepto de velocidad es otro. Chacho, dice, el corazón también se le va a salir por la boca a estos payos. Tiene razón. Los argentinos llevan años dando forma a un discurso glorioso: escuela Matador, los Ramones en el corazón, épica de lo cotidiano, pantalones de equipos de media tabla, exaltación de la amistad, bromas privadas, sentido del humor, emocionalidad apabullante…Lo cierto es que, a estas alturas, no se me ocurre una banda más especial.

Y suena Chica rutera. Pienso en Mazarrón. Verano de 2012. El viejo Xantia de mi viejo. Esta canción. El salpicadero vibrando, del volumen. Yo la grito. Ella, en el asiento del copiloto, brazos cruzados, ríe. De mí. Del espectáculo. Me pregunta cómo puedo perder la garganta por una canción de cuatro minutos en la que solo hay una frase. Me río por no llorar. En una esquina de la escena empiezo a ver que ya hay síntomas de que todo se va a la mierda. Veo las decisiones de después. Cómo esta banda, más que ninguna otra, me enseñó eso de las personas que vienen y se van y las canciones siempre se quedan. Siempre. Cuando le pregunté a Santiago en la gasolinera de Mariano Rojas si volvió la chica rutera y él agachó la cabeza y soltó una risa tímida y dijo No, no volvió. Aquella vez en el Día de Bullas, el Perico y yo gritando esto en el pasillo de los Doritos. Luego nos echaron del recinto ferial. Estuvo bien. La vuelta a Murcia. Cómo esta banda convirtió a mi mayor enemigo potencial en una de las personas más importantes de mi vida. El verano pasado, el Ángel vomitando una depresión con esto de fondo. El viaje a Granada. El acústico que les reventamos. El abrazo de Santiago. Y ahí lo siento, sí, ahí recuerdo por qué empecé a escribir de música, por qué lo voy a seguir haciendo hasta que consiga desentrañar qué coño pasa dentro de mí para dejarme los gemelos y la garganta y colocar el cartel de Temporada Alta en todas mis glándulas. Lo de las canciones y yo. Las canciones y yo, y no estoy solo. No necesito nada más.

-¡Me caaaago en Dios me cago!

Es Dani. Se ha despertado justo en el preludio de La Sinfonía del Jabalí. El porro se le ha caído de la mano y casi le quema la barba. Estira las piernas y derrama un quinto sobre el mantel. El mantel de plástico. Rayas rojas y blancas. Mi madre me dijo que lo tiráramos. Que está pegajoso y que ella compra uno. Le dije que no hacía falta. Pero es cierto,  hay que limpiarlo ahora. Si no, se queda pegajoso. No es plan.

Retratos de Sergio Merka.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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