Maria Arnal i Marcel Bagés + Eliane Elias en el festival de jazz de Cartagena: «Dormir y beber, básicamente»

Texto escrito por Monsieur le Tupé

El festival de Jazz de Cartagena te jode y te jode bien. Habría que aceptar ciertas cosas en la vida. Trabajas durante la semana en algo duro, que no te gusta mucho, que te llena de orgullo pero que te envilece, porque no hay trabajo que no manche, para dedicarte al olvido en los fines de semana. Tienes que dormir y beber, básicamente. Eso te prepara para una semana más. Pero alguien te convence para ir a un concierto, ves a  Maria Arnal i Marcel Bagés, luego a Eliane Elias, y algo se trastoca.

A Maria Arnal y Marcel Bagés en cada concierto alguien les va a recordar que se parecen a Silvia Perez Cruz y Refree, que buscan algo similar, que no son tan buenos. Lo último quizás sólo se lo digan con la mirada. Quizás haya algo de cierto en ello, pero a mí no me parece justo. Son muy buenos, tienen algo que decir y, algo que no suele verse muy a menudo, tienen una verdadera teatralidad sobre el escenario. Marcel Bagés, el guitarrista –el guitarrista no, ese hombre actúa en las tablas como si fuese un esclavo sin lengua, sólo en el oficio de tocar las cuerdas y trastear los loopers– transpira oscuridad, concentración e indiferencia. Es un contraste perfecto para María, que se come el escenario con su sonrisa. Esa chica canta el jazz y el flamenco con las raíces más antiguas del folclore que le ha enseñado Lomax, pero realmente ha nacido para recitar a Edgar Allan Poe en el escenario. Susurros, cambios en la intensidad de la voz, una incapacidad total para estarse quieta mientras la guitarra suena. Es nerviosa, profunda, quebrada y con un mensaje en cada canción y entre cada canción. A Maria Arnal y Marcel Bagés les gusta introducir todas sus canciones con una historia, porque todas sus canciones tienen una historia que contar. María habla de la misma manera que habla Javi Arnedo –mi fotógrafo– en las noches que le da por actuar en un micro abierto. Eso hace que le tenga cariño. Me gustaría escuchar como dice la frase: never more.

Son tradicionales en el canto, a veces en las guitarras, pero dura poco la calma cuando Marcel machaca los potenciómetros de sus aparatos. Y Maria, que con cierta luz, cultura, humor negro, torpe y nerviosismo atacado ha presentado la siguiente canción que todo el mundo debería escuchar en la vida, se desgañita todo lo que su voz le deja. Es cierto que está ahí, a un añitos, dos quizá, de templarla, pero si eso te hace daño a día de hoy puedes fijarte en las técnicas microfónicas que usa, en cómo se aleja del micro con un delay exquisito, en cómo pasa su voz a través de los pedales de Marcel y nos casca una canción con bases y arreglos de voz sobre y bajo voz melódica. Y luego Marecel, que cuando no acaricia la acústica en el velatori nos imaginamos por qué Maria cuenta que “una vez”, quizá cien, tuvo que hablar de más mientras Marcel le cambiaba una cuerda que le había roto a la eléctrica loco perdío.

Foto de Eliane Elias desde a tomar por culo, cortesía de la propia Eliane Elias que dijo «Aquí se viene a escuchar, no a mirar», pero oye, los 30 focos de luz apuntando a ella que le queman el rostro, sí

Luego llega Eliane Elias al escenario y te dice que ha ganado un Grammy. La mujer presenta la calma de quien sabe que tiene el reconocimiento de sus pares. Es el segundo que gana, ha tardado en llegar, dice. Todos nos reímos como opulentos ingleses. Arnedo y yo buscamos qué tipo de gente gana ese premio y vemos que Alejandro Sanz ha ganado unos cuantos, junto a Bieber, al tipo del despacito, etc. Eliane Elias se merece un Grammy. Toca la bossa nova norteamericana jazzera cool melosa y, en fin, yo en directo lo resumí como música para blancos. Bien ejecutada, linda y cara. No transmite mucho, pero  sigue siendo bossa. Al final del concierto sólo estoy pensando en beber y eso me pone triste. María Arnal y Marcel Bagés siguen resonando en mis oídos. Me apetecía encontrarme con ellos y tomarme una copa. Quería abrir la boca del guitarrista para comprobar que tenía lengua. Pero desde una perspectiva no muy sexual.

Y resulta que me encontré con Marcel  y me tome una copa. Dos copas. Varias copas. Arnedo le abordó diciendo marcas de aparatos de música que yo no comprendo, dos horas después yo me sume a la conversación llorando porque gracias a los catalanes los del PP gobernarán para siempre en Murcia. No me pareció que mis gritos desentonaran. Resulta que el tío mola muchísimo, que entiende bastante de flamenco y que es más raro que un perro verde. Hubo una mujer contoneándose a nuestros alrededor desde el principio. Se sabía todas las letras.

Ahora estoy en el trabajo escribiendo esto y menos mal que no hay Jazz todas las semanas. No aguantaría esto. El festival tiene dos conciertos geniales aún y los días se me están pasando como clavos por la garganta. Quiero mandar a la mierda este jueves, que llegue el fin de semana. Doy gracias a que eso termine para que los fines de semana vuelvan a ser aburridos y los lunes no tan cansados.

 

Texto de Monsieur le Tupé con alguna triste frase del Conde Chócula
Fotografías de Javier Arnedo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *