Los Zigarros y The Meatpies: «Lo más hubiese sido terminar en una pelea»

La sala se está poniendo a reventar y todo el mundo viene a ver a Los Zigarros y muy poca gente a los Meatpies. Yo vengo a ver a los Meatpies. No sólo porque me gusten, ni porque los conozca, si no porque en el fondo verlos tocar me pone un poco cachondo. Tienen ese aire inocente de las bandas de rock que buscan emular a grupos como los Beatles. En el escenario son entre inseguros, sarcásticos y chulescos. Creo que así son todas las bandas antes de hacerse viejas y cansarse. Habrá tíos que se cuelguen de muchachas de 16 años porque les mola ver como pierden la inocencia, yo me regodeo en seguir a bandas para ver cómo poco a poco se hacen más buenas y más cínicas. Y los Meatpies se están volviendo mucho más buenos y mucho más cínicos. Juraría que el cantante hace cosas con la boca que antes no. Canta mejor, de eso no hay duda. Como todo el mundo ha venido a los Zigarros nadie tiene cojones a bailar, pero yo bailo, bailo con unos pocos y en primera fila, porque el concierto que es para bailarse entero. Los demás se mueven de un lado para otro rítmicamente y sin levantar los pies.

Fui a este concierto con mi ex novia y, acompañando a mi ex novia, su nuevo novio y su nuevo amigo. Si diera más detalles entenderíais que de tal situación se espera un final propio de un escritor sudamericano, pero cómo no los doy, y el concierto que viene es de los Zigarros, lo más normal hubiese sido asegurar que todo iba a terminar en una pelea, en un par de botellas rotas y en una reconciliación tras el horizonte. La verdad es que llegué el primero y cuando por fin vino todo el mundo yo ya llevaba tres cubatas en el pecho. Lo primero que hice fue quejarme de que en el Garaje Beat Club son unos hijos de puta. Esta gente vil y abyecta te echa el whiskey a la vez que la coca cola, dije. Sólo al nuevo novio de mi ex novia eso le pareció una falta de clase. Con eso vi que la noche podía terminar de otra manera entre él y yo.

Terminan los Meatpies y yo empiezo a drogarme enserio. Cae cerveza, cae algo más de whiskey y fumo más maría de lo que debiera, porque yo nunca fumo maría. Cuando empiezan los Zigarros yo ya no estoy para ser racional. No recuerdo ninguna de las canciones y pasé la mayoría del tiempo con los ojos cerrados, pero dios, qué concierto. Sé que estuve bailando. Pudo acompañarme durante bastante tiempo el cañonazo de mi ex novia que, cuando se mueve al son de la música, es la cosa más guapa del mundo, pero puede que fuese en todo momento un gordo con tupé, no lo tengo claro. Los Zigarros saben mantener el aura de rock and roll, eso está claro. En un momento de optimismo me decidí a ir al baño y al intentar volver, vaya, era imposible. Los Zigarros de verdad habían agotado todas las entradas, allí no cabía un alma y ninguna iba a dejarme volver a primera fila. Podemos resumir todo en que mientras los Zigarros tocaron lento ni dios me dejó avanzar, pero fue que tocasen una rápida y llegué en diez segundos a primera fila. Cuando los Zigarros se ponen intensos a nadie le importa que te cueles.

Al día siguiente en la oficina me sentí como parte del Club de la Lucha. Yo no sé porque tienen que poner conciertos así cuando yo luego tengo que seguir trabajando, seguir con mi vida y seguir con el trasiego de la venta del aluminio. Por Dios, yo quiero ser Meatpies, perder la fe y convertirme en los Zigarros.

Si estuviste en el concierto quizás te acuerdes de mí. Era el tipo tan pasado que cuando el guitarrista se bajó del escenario para pasar entre el público, se comió un empujón porque no se dio cuenta que estaba en mitad de su camino. Yo que sé, yo estaba demasiado ocupado bailando como pararme a mirar donde estaba la banda.

 

Texto de Monsieur le Tupé
Fotografías de Javier Arnedo

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