Los Wallas y Los Malinches en 12&Medio: En Maastricht no hay rock and roll

Mi colega Dani siempre tiene murgas con su madre. El día que le conocí hacía un calor del copón. Se acercó al viejo Xantia de mi viejo a grandes zancadas y le contó al Merka que había discutido con su madre por unos calcetines que olían a tabaco. ¡A tabaco!, repetía, incrédulo, clamando al cielo. Dejó uno de esos ¡A tabaco! en ¡A taba…! para colocarme la mano en el hombro y decir: Coño, esto que suena es Dinosaur Jr. Tardé unos segundos en responderle porque sentí cómo me acababa de robar el corazón. Me acuerdo de esa historia ahora que estamos en la puerta de la 12&Medio y apuramos un litro de Estrella y Dani nos está contando la última con su vieja. Son las diez y media y esto está más muerto que Manuel Fraga. Dice mi colega que su madre le obligó el otro día a bajarse los pantalones para verle los muslos y que le dijo: Daniel, tú antes tenías otros muslos, ¿qué es, heroína? Es heroína o SIDA, Daniel. Cuando imita a su madre, el cabrón bizquea y aprieta el morro y pone voz aguda y cabecea, demente. Nos partimos el ojete y luego notamos cómo flota en el aire una respuesta: no es heroína ni SIDA, pero no sabemos qué es. Merka saca el móvil y dice que es la hora.

Entramos y los hombros se nos van. Sobre el escenario, Los Malinches han decidido que es momento de borrar 50 años. Entre el público hay sonrisas de alivio y nosotros, que no entendemos casi nada, nos colocamos en primera fila. Lo mejor de esa banda –prima hermana de Galleta Piluda– es el amor reverencial hacia una forma de hacer las cosas. Garage latino sepultado por estetas, mandar a tomar por culo las modas que salen en Mondosonoro, guitarras hartas de tequila de marca blanca, un teclado que separa océanos y un cantante que se coloca frente al micro como tú te (la) colocas cuando vas a mear y escuchas a tus colegas diciendo gilipolleces graciosísimas desde el salón: decidido, contento. Orgulloso. Lo cierto es que es muy difícil no amarles.

Se largan y salimos. Le digo al Checo que allí en Maastricht no habrá mucho rock and roll y él se saca el cigarro de la boca y niega con la cabeza. Joer, fliparías, dice. Le digo que no será para tanto y me contesta que vaya una vuelta a casa le estoy dando. Entonces se oyen guitarras y me agobio y le dejo con la palabra en la boca. Vuelvo adentro. Ahí están: Los Wallas. Tenía ganas de verles. Los descubrí cuando entré a la universidad y me pasé aquel mayo de 18 años colocándole La playa en el muro de Tuenti a cualquiera que fuera un adelantado a su tiempo y publicara una foto en Mazarrón con el título Aquí, sufriendo. Dani, Checho, Merka, el Montana y Lucía entran. Dani está enfadado porque la sala está vacía y nos hacen ir de una barra a otra para pedir tickets. También tiene un problema con el sonido. Dice que la 12&Medio ya no es lo que era. Suena La camisa y dice: Hostias, hostias, vamos a bailar. Y bailamos. Nos empujamos, saltamos, nos abrazamos, bordeamos la homosexualidad y nos damos cuenta y ponemos cara de hombretoneschungosvirilesungaunga. Lucía está obsesionada con Twin Peaks y ve referencias a David Lynch en todos sitios. Ahora mismo me acaba de decir al oído que fijo que la camisa de Juanito Walla es un guiño a la serie. Fijo,  le contesto, y le doy un beso.

El Checo grita ¡¡ESOS WALLAS BUENOS AHÍ!! y le miro y se ríe y me pregunta que si es que no oigo al tío que lleva media hora gritando ¡¡ESOS WALLAS BUENOS AHÍ!! y suena Demasiada presión y me doy cuenta de que esto es el garage: historias de tipos acneicos y pringados y más feos que un ERE que se la pelan como monos, y no esos guapetones que llevan calzoncillos de Calvin Klein y tienen una marmita de Jaggermeister y meten las zapatillas en charcos para que estén sucias.

Explota La playa y Lucía grita y seguimos bailando y me acuerdo de los Fleshtones y de todo lo que les debemos y de lo emocionante que es todo esto, este ritual de humanos sudorosos agitándose y celebrando esto de estar vivo. ¡¡ESOS WALLAS BUENOS AHÍ!! grita el tío, y el Checo se parte y yo le veo y también me parto y cuando vuelvo la vista al escenario Los Wallas se han largado. Larga vida a Los Wallas. Muchas horas más tarde, en Musik, vuelvo de mear y no encuentro a mis colegas. Oigo la voz del Checo gritando ¡¡ESOS WALLAS BUENOS AHÍ!! y, cuando llego, el cabrón está diciéndole a una holandesa que en Maastricht no hay rock and roll.

Fotos de Diego Montana.

Santini Rose
Santini Rose

Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño…ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *