Los misterios de Laura Nyro

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A los aficionados a la música hay cosas que nos duelen más que otras. Una de las que nos producen más tristeza es saber que Laura Nyro nunca obtuvo el reconocimiento que merecía. ¿Quién? Si, Laura. Esa cantante del Bronx  que creció en la caldera multirracial de la Gran manzana de los postreros 50 y tempranos 60, y fue una de las primeras en dar cumplida respuesta a una gran cuestión, apenas esbozada antes. ¿Cómo te enfrentas a la vida si eres una mujer cabal en una sociedad tan pujante e innovadora como era entonces la neoyorquina? Pues salvaguardando tu sensibilidad. Laura fue educada en un estricto hogar católico, pero se acostumbró a leer entre líneas cuando, día sí y día también, la obligaban a digerir la Biblia. Lanzó su primer disco en 1966 a la muy tierna edad de 19 años; se retiró a los 24 por falta de respuesta. ¿Todo puede suceder tan rápido? Bueno, parece que sí, sobre todo si lo que te importa es expresar tu interno carrusel emocional y te traen ‘al pairo’ otra consideraciones comerciales que no sean las puramente artísticas. Mientras tanto,  artistas de lo más diverso hacían millones versionando sus composiciones. Su cancionero se convirtió en uno de los más cotizados de la época, tanto que su manager vendió los derechos comerciales a sus espaldas, ante la falta de éxito personal de su protegida.

Poseedora de un fraseo completamente inusual, capaz de citar al soul en una línea, al pop en la siguiente, y al góspel en la última sin que dichos estilos entrasen en conflicto. Laura solía presentarse en sus actuaciones vestida de negro, con el único aditamento de sus labios pintados de lila y adornos navideños como pendientes.

La belleza la esquivó, es cierto, pero solo la física. No la que vuela alto en las notas sostenidas de una voz que se proyectaba libre y convocaba escenas en las que se planteaban los misterios de un día a día que, por cotidiano, no resultaba menos enigmático para un alma sensible como la suya. Prestar atención a sus temas, si se hace en el momento adecuado, puede depararte la sensación de estar asistiendo a una fiesta a la que ha asistido poca gente. Quizás no es la que esperabas, cierto, pero me temo que, cuando escuchamos música, solemos sacar todo hacia fuera y no estamos acostumbrados a  tener que mirar en nuestro interior para reconocernos. Hay veces que merece la pena.

P.D. Estos días se ha reeditado su, para mí, mejor álbum, «Eli & the Thirteenth Confession», en un prístino formato híbrido multicanal. Laura murió de cáncer de ovarios a los 49 años en 1997. Tres años antes había vuelto por sus fueros con un último disco original, «Walk the dog and light the light», y también había tomado parte activa en la preparación de un doble recopilatorio, «Stoned Soul Picnic», que perseguía una resurrección de su legado, lanzado solo dos meses antes de su fallecimiento.

Ignacio Benedicto
Ignacio Benedicto
Periodista errante y agente patrimonial, volcado desde siempre en la cultura popular del siglo XX, esa que empezó ya en el XIX con los cuentos de fantasmas, las aventuras de Sherlock Holmes y las novelas de Julio Verne y que terminó ampliándose con artes secuenciales como el cómic y el cine. Dentro de todas esas querencias, la música es la que le suministra el combustible necesario para levantarse cada día y afrontar con ánimo renovado cada jornada, buceando en los rincones de su inagotable oferta para darles una vuelta de tuerca y transmitirlos con pasión.

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