LOS 21 MEJORES DISCOS DE 2019

Este año, exigencias del guión, la cosa ha salido así: (más) corta y (más) al pie. 21 discos con el prospecto de siempre: mis filias, mis fobias, mi querencia por el azogue y la urgencia y el jaleo y la melodía y la gente que canta con el corazón en la boca y por todo lo contrario.

Everybody Split (Hobbies Galore) – Possible Humans: Una miaja de jangle, otra de postpunk y el toquecico maestro que tienen los australianos para estos menesteres. Si piensas escucharlo en el coche, ponle un refuerzo de esos modernos al volante. Ya me lo agradecerás.

In the shape of a storm (Loose) – Damien Jurado: Marcado inevitablemente por la muerte de su compadre del alma Richard Swift (el tipo junto al que pergeñó el universo Maraqopa, sus época más sofisticada), Damien Jurado se ha cascado un disco austero, doloroso y oscuro. Ahí, ya lo demostró hace 20 años, también es un maestro.

Jeanines (Slumberland) – Jeanines: Huye de este disco como de la peste si la palabra pop te da cagalera. Melodías por los aires, guitarras de sota, caballo y rey, solo tres canciones de más de dos minutos. Hijos de Marine Girls y The Flatmates, pero también, ojo, con un pie puesto en Dolly Mixture.

Motel in Saginaw (Drag city) – Stumpwater: Se les llamó durante un rato El Orgullo de Illinois, pero de estos pequeños CSN&Y se conocía poco más que un par de singles. Este año se ha editado el que hubiera sido su primer disco y, la virgen santa, si no es un clásico perdido, poco le falta.

Post Earth (Wichita recordings)- Feels: En algún punto medio entre el punk neoyorquino, la paranoia psicodélica angelina y el riot grrrl, Feels han acabado encontrando una personalidad. En su tercer disco suenan más atinadas, más concretas que nunca. Y eso no es ninguna tontería.

Francotirador – Mena: El código moral de Peckinpah, el aullido de los personajes de Harry Crews, esos que gritan por no reventarse la cabeza contra un muro, el guante de seda que viste a un puño de hierro: posiblemente el Mena jamás se siente al lado de Tim Buckley, pero es seguro que, en el camino, dejará discos para el recuerdo. Como este.

Dogrel (Partisan) – Fontaines DC: De vez en cuando (con menos frecuencia de la que ellos pregonan) surge de las entrañas de Reino Unido una banda de guitarras que se sabe a Sillitoe de memoria, con todo lo que eso (rabia, espíritu romántico, insolencia) implica. Fontaines DC son los últimos.

House of sugar (Domino) – (Sandy) Alex G: Con 26 años, Alex Giannascoli ya ha demostrado que no le asusta grabar discos fuera de su habitación, que es algo más que un zagal talentoso que creció escuchando a Neil Young y Built to spill y que se le caen las canciones acojonantes de los bolsillos. Que levante la mano el que pueda decir lo mismo.

What chaos is imaginary (Anti-) – Girlpool: No he escuchado un disco más doloroso este año.

Inferno (Tapete)- Robert Forster: En su tercer disco en este siglo, Robert Forster se adentra definitivamente en una madurez envidiable. Sin que madurez, ojo, signifique más oscuridad de la cuenta o turra-mientras-crujen-las-rodillas. La revolución de los viejos, que dice Romu López cuando está esperando a que el camarero reponga los refrescos.

Ave Muñón (BCore) – Sandré: Jaleo, ironía, velocidad. Se agradece un disco así cuando la música supuestamente contestataria se pone tan estética que se deja cosas en el tintero.

Downer Edn (Alter) – Low life: Si te mola el postpunk pero piensas que su revival está llevando la homogeneidad demasiado lejos, aquí tienes un menú de tres platos.

Shepherd in a sheepskin vest (Drag city)- Bill Callahan: Solo Bill Callahan puede hacer que un disco tan a contracorriente de estos tiempos (denso, largo, sutil, reposado, no-fragmentario) resulte tan pertinente.

Tristes Hits – Juan Gris: Tras el fulgurante EP Brillante, Juan Gris entregan un primer LP en el que siguen ahondando en la depresión gritada, en ese emo que habla de chavales dañados. Algo menos expansivos (menos Cap n’ jazz y más Appleseed Cast, para entendernos), siguen resultando devastadores.

All in Good Time (Castle Face) – Eddy Current Suppression Ring: Qué forma de cantar, qué gracia para mezclar el garage y el postpunk: solo para que La Banda Del Azogue vuelva después de nueve años, ya ha merecido la pena sobrevivir a este infausto 2019.

El Grajo (Sonido muchacho) – El Grajo: Porque, ay, vendrán más años malos y tiene pinta de que nos harán más fríos, más secos, más gordos y más tristes.

Trapezoide (Verlag System) – Espiricom: Dice Alfonso Alfonso, que además de escuchar ha leído, que persigue una música que apele a lo emocional, lo físico y lo intelectual al mismo tiempo. Digo yo que en el primer disco de Espiricom (según él, la continuación lógica de Schwarz), está más cerca que nunca de alcanzar ese ideal.

Then I try some more (Team Love)- Joanna Sternberg: El primer disco de Joanna Sternberg es lo que pasaría si Karen Dalton hubiera crecido escuchando demos de Yo La Tengo y tuviera un amor propio inversamente proporcional a su brillante sentido de la melodía. Si no suspiras, eres un alien.

KIWANUKA (Polydor) – Michael Kiwanuka: De la mano del mago Danger Mouse, Michael Kiwanuka ha acabado puliendo el soul total: clásico, moderno, contestatario y romántico, suave y crujiente. Una puta maravilla.

Memory (Polyvinyl) – Vivian Girls: En su primer disco en ocho años, las Vivian Girls se muestran más oscuras y con menos ganas de tonterías que nunca, pero igual de inteligentes y certeras que siempre. Por si acaso Sleater Kinney necesitaban un relevo.

Do it better again (Zenith / Anti Fade) – Gonzo: A partir de la mitad de la década, cuando el revival del postpunk comenzaba a adolecer de homogeneidad, se vio claramente que la vía de escape era apostar más por el punk que por el post. Más Gang of four! que Joy Division: menos plomo y más azogue. Gonzo van por ahí y van a toda hostia. Lo de que Jack Kong cante como el mismísimo Colin Newman a finales de los 70 ya lo hablamos por ahí. Si nos cruzamos.

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