La soledad es el peor asesino: Lower Plenty y las cosas hermosas

Cuatro colegas en cuatro bandas. A veces se juntan en una cocina, alrededor de una mesa, y se cuentan sus cosas. Siempre hay uno que saca el tema de la otra banda. Ah, sí, contesta otro, pues tendremos que escribir más canciones. El resto asiente. Se llaman Lower Plenty y ya lo han hecho cuatro veces. No es mucho ni poco. Es, como todo lo que hacen, lo que es. Encogerse de hombros y decir Esto es lo que es. Lower Plenty también es una ciudad dormitorio situada a 16 km del centro de Melbourne y, en el último censo, que data de 2016, tenía una población de 3.891 habitantes. Pero aquí no vamos a hablar de eso.

Lower Plenty es esa banda que solo surge donde hay una escena. Miembros de varios grupos comparten giras y birras y discos. Van a una. Se juntan y deciden jugar a otra cosa. Acuérdate de Minuteflag, por ejemplo. Aquí tienes a Jensen Tjhung (guitarra y voz, miembro de Deaf Wish y Tri-State Lovers), Al Montfort (guitarra y voz,  bajo en los brillantes Dick Diver, guitarra en Total Control y UV Race), Sarah Heyward (percusión y voz, también en Magnetics) y Daniel Twomey (percusión, aquí y en Deaf Wish y Tri-State Lovers). Amparados por el sello Bedroom Suck -punta de lanza de lo guapo que está pasando en Australia junto, entre otros, a Rice is nice Records y Chapter Music-, Lower Plenty han editado cuatro discos gloriosos.

No vas a encontrar el azogue de UV Race ni la oscuridad de Total Control. Tampoco el escándalo de Deaf Wish ni la Herencia Matador de Dick Diver. Lo que Lower Plenty facturan está entre el folk y el pop. Parten del lo-fi y llegan al cielo. Suenan a la Velvet sin Warhol dando la murga, al primer Will Oldham, a los Woods menos psicodélicos o a unos Beat Happening que hubieran nacido en una ciudad en la que hay muchas horas de sol. Como si Chuck & Mary Perrin se hubieran enterado de que la movida hippie se fue a tomar por culo. Hace mucho.

 Ah, los discos. El primero –Mean (Radio Records, 2010)- es una toma de contacto, como si necesitaran convencerse de que podían hacer algo juntos. El primer mantecón llega dos años más tarde. Se llama Hard Rubbish (Fire, 2012) y recoge el punto justo entre la producción casera, una banda más o menos compenetrada y unas canciones redondas. Los dos últimos –Life/Thrills (Bedroom Suck, 2014) y Sister Sister (Bedroom Suck, 2016) molan un capazo y contienen Canciones-Para-Escuchar-En-Bucle del calibre de Cursed by numbers, pero son variaciones en la cocción –ahora más eléctrico, ahora más limpio- de una fórmula que encontraron en Hard Rubbish. Así que volvamos a este pepino, por Dios.

 

 

Joder, un disco que empieza con una canción como Work in the morning –eterno ese You talk much nonsense, don´t you know I´ve got work in the morning? no te va a fallar jamás. Además, este segundo álbum recoge la que seguramente sea su canción más representativa, Strange Beast. Aquí está todo: melancolía, una melodía preciosista cantada a dúo como si fuera un milagro que todos estuvieran pensando en la misma canción, épica de lo cotidiano –Loneliness is the biggest killer of them all–, charlas de bar, cero murgas, intimidad, birras con colegas, olvídate de la afectación, sentimos las cosas y saltamos y vibramos o nos duelen y sangramos, pero somos bastante ridículos y, venga, ríete, interrogantes gigantes en la cabeza y ese tipo de emociones que te impiden caminar por la calle sin que te tiemblen las piernas. Buscando el horizonte de la ciudad. Soltando todo lo que te cabe en los pulmones. Bajando la cabeza, harto de toparte con edificios. Tus zapatillas. Suena otra canción, otra razón para levantar la cabeza. Y luego, otra. Así todo el rato.

 Tú mira lo que respondió Al Monfort cuando le preguntaron qué momento vivido con la banda le había emocionado más:

No podría elegir uno, cada vez que tenemos la opción de tocar juntos es emocionante. Cada vez que sacamos una canción es emocionante. Cada vez que escucho a Sarah cantar es emocionante. Cada vez que escucho a Jensen tocar un solo es emocionante. Cada vez que me giro y caigo a tiempo con Daniel es emocionante. Cada vez que nos pagan es emocionante. Cada vez que tenemos a alguien ayudándonos es emocionante. Cada vez que diseño un flyer es emocionante. Los amigos son emocionantes. La música es emocionante.  La humanidad es emocionante. Ablett es emocionante. Bowie es emocionante. Briggs es emocionante. Sandy Denny es emocionante. Wirrpanda es emocionante. Malcolm X es emocionante. Goodes es emocionante. Freeman es emocionante. Link Wray es emocionante. El violin de Cale es emocionante. Patsy Cline es emocionante. Alice Coltrane es emocionante. La vida es emocionante.

Y sí, yo sé que tú lees esto y piensas que vaya flipado-motivado-intenso, que qué hace ese tío que no está los miércoles en el Ítaca, que quién me está pasando hierba, que si es que he tenido un accidente y he vuelto a nacer. Y no. Tú escúchalos. Escúchalos. Esúchalos y, si no te emociona la música hecha por cuatro tipos justo en el momento en el que perciben la belleza de algunas cosas, tienes licencia para darme un guantazo. Quedamos en eso.

Santini Rose
Santini Rose

Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño…ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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