King Gizzard & The Lizard Wizard en Joy Eslava: vivimos tiempos violentos

No tenemos fotos del concierto, así que vamos a poner las portadas de los discos de KGLW. Sería cutre si las portadas no fueran tan molonas. 

 

Estamos casi al final de Juan Carlos I cuando Dani pega un frenazo  y nos dice: A riesgo de parecer el más viejo de los tres, que lo soy, decidme: ¿Qué coño es Apache? Lucía agarra los hierros negros que sostienen el cabezal de los asientos de delante y coloca su cabeza entre las nuestras y dice Pues, tío…Yo, que siempre oigo una voz en mi cerebro que dice que deje de andarme por las ramas, muevo los brazos al ritmo del ¡NA! ¡NA NA NA! ¡NA NA! DANCIIING TO THE… Lucía asiente y Dani dice ¡Ah, coño! y yo supongo que es alivio eso que sale de su boca, porque quita el freno de mano y mete primera.

Devuelve el Corsa plateado a la carretera y llegamos a otra rotonda. Lucía sigue explicando la movida: anoche sonó Apache en Revólver y ella bailó la mítica coreografía. Hasta ahí, todo iba como siempre. Yo completo la escena: jarras de cerveza tan grandes que es imposible fliparte de más y apoyarte en la barra y mirar dentro de ellas y decir gilipolleces como Aquí estoy, buscando la solución en el fondo de la jarra, el negro que se llama Ahmed y todo Dios me dice que es una excelente persona cuando digo que me recuerda a Claude Makélélé, Mick Jagger en la pared, amistades que duran lo que dura una meada, vasos de palomitas y cuencos de cascaruja que devoran zagales que dicen que esa es la cena de esta noche y los del billar jugando como si les hubieran dicho que van a hacer un remake de El buscavidas. Mientras, me pregunto si ese es el secreto de no rayarse con tanta frecuencia en Murcia: no salir y buscar a alguien que sepa contarte qué pasó anoche.

El tema es que una colega le dijo a Lucía que lo único más mainstream que Apache es bailar Apache con la coreografía de Apache. Y Lucía no entiende nada. Solo quería divertirse, joder. Levanto los hombros y digo: si algo mola, mola. Lucía me conoce y sabe que ese giro Rajoyiano implica retranca, así que añado: A Dani le mola Café Quijano y no pasa nada…Dani dice claro y ahora el que respira aliviado soy yo, porque he visualizado otro frenazo y a mi colega gritándome a un centímetro de la cara: ¿QUÉ COÑO PASA CON CAFÉ QUIJANO? Pero no, no. Lucía dice que no es eso. Sé que no es eso, pero estoy demasiado emocionado para hablar de ayer: en menos de seis horas estaremos viendo a King Gizzard & The Lizard Wizard. Una de las cinco mejores bandas del mundo. No sé si hay solo cuatro bandas mejores que ellos, pero siento cuándo hay que decir esa frase.

Lucía arruga el morro y niega con la cabeza y gira las palmas de las manos hacia arriba al mismo tiempo. Lo que no entiende es esa necesidad de juzgar algo cuando ese algo te provoca saltar hacia adelante y hacia atrás y hacia los lados mientras alguien junta la N con la A.  Son las dos y media y no sé si alguien nos va a parar.

Alguien que no fuera El Hambre, quería decir.

 Tuvimos que parar en Pozo Cañada, frente al Restaurante Rosendo. Nos sentamos en la verja empedrada de una casa que debería pertenecer a un barrio residencial y repasamos el plan: Madrid-recoger a la misericordiosa amiga de Dani, que nos permitirá dormir bajo un techo y seguramente sobre un colchón-metro a Sol-cerveza-concierto-loquepidaelcuerpoypermitaelbolsillo.

Ahora estamos a diez minutos de Madrid. Lucía está durmiendo. Dani lleva toda la semana diciendo Lo que también va a estar guapo va a ser ir comentando los discos de KGLW en el coche, los llevo todos en el mp3. Se lo ha dejado en casa, claro, así que he tenido que recurrir a mi pen de las urgencias. Cuando lo conecté a la radio, le dije: Que sepas que esta es de las pocas cosas en las que siempre podrás confiar en mí. Dani se ríe, como diciendo que no será para tanto. Suena Get up morning. Movemos la cabeza y Dani le mete una hostia al volante y dice ¿Por qué no hay nadie en Murcia que quiera hacer una cosa así? Está hasta los huevos de acordes menores y arpegios que provocan que  empieces pensando Hostias, qué profundo y a los cinco minutos, con la progresión aún a medias, te estés preguntando si el kebab con picante o sin picante.

Subo el volumen y saco medio cuerpo por la ventana del copiloto y grito WHAT HAPPENED TO MEEEEEEE??? Y Dani toma un desvío para no estamparme con un muro y Lucía se despierta sobresaltada y tenemos que volver a dar otra vuelta en ese velódromo que es la entrada a Madrid desde cualquier puto sitio pero estamos contentos porque estamos vivBUENO, NO, LO ADMITO: la cosa no ha sido así.

Yo era el encargado del GPS. Lo llevaba en el regazo. Lo apretaba con las manos, pensando, como creo que piensan las viejas cuando aprietan algo con las manos, que solo con la fuerza se puede llegar a algún sitio. No había distracción posible. Éramos él y yo. Ella y yo, en realidad. El tema es que, además de ser una persona con el sentido de la  orientación guardado en algún sitio al que no sé cómo llegar, tengo un problema con los GPS: me jode la vida que la voz anticipe lo que pasa en la pantalla. Cuando La Señora dice gire a la derecha y en el mapa solo hay una leve desviación, mi cabeza se llena de dudas. ¿Se refiere girar aquí? ¿No será mejor ir recto? ¿Hay algún refrán que diga que, en caso de duda, recto? ¿Podré decirlo si me equivoco? ¿Esta desviación es suficientemente gorda como para que La Señora diga gire? Pues sí, Idiota. Había que girar ahí. Dani saca el pen y lo tira al salpicadero y dice No hay más música mientras te sigas equivocando. Mi padre nunca ha llegado tan lejos.

Se lo digo a Dani: Mi padre nunca ha llegado tan lejos, rey. Él se ríe. Al final, Lucía y la misericordiosa amiga de Dani me ayudaron y llegamos al sitio. Yo me he tirado la última media hora buscando excusas estúpidas. He culpado al madrugón, a la polinización, al cambio climático, a Zapatero, a Opel, a Amancio Ortega (este tuvo algo que ver, fijo), al jet-lag entre Murcia y Madrid…pero ahora todo se me ha pasado. En diez minutos vamos a ver a King Gizzard & The Lizard Wizard. Estamos en la cola de la Joy Eslava y nos estamos bebiendo una lata de Mahou a tragaloperro. Lucía se está encargando, como siempre, de que todo salga bien a nivel logístico: cerveza, plan b, plan c, afabailidad con los desconocidos con los desconocidos…yo llevaba pasta para pillarme una camiseta de KGLW, pero mientras hundo la mano en el bolsillo del pantalón para contar las monedas de euro, veo al de Los Nastys y a un colega suyo que dice: Mira qué guapa la cami, tío. Dani me dice al oído ¿Has visto? Va mirando hacia los lados como diciendo: Sí, sí, soy yo, el de Los Nastys. Yo me río y le pregunto si se acuerda del vídeo de los tíos de Los Parrots hablando una supuesta jerga callejera. Los huevones explicaban lo que significa la palabra gincho. Decido que no quiero tener nada en común con esta gente y me convenzo a mí mismo de que ese dinero estará mejor invertido en cerveza. Dani dice que tampoco tengo que rayarme, que es normal que una banda tan acojonante le guste a un puñado de idiotas. Asiento. Apuramos la lata y entramos.

La sala está petada. Lucía dice que cree que por el lateral se pueden avanzar posiciones más rápido. Yo pienso en Jesús Navas e intento colarme entre codos, caderas y rodillas. Me topo con un tío que tiene un bíceps más grande que todo lo que yo haré en mi vida. Me dice que adónde voy. Le digo que quiero ir hacia adelante, para saltar y tal. Dice que eso es lo que queremos todos. Yo no sé qué decir. Me golpeo la cabeza con el puño, como buscando algo, al darme cuenta de que se me ha vuelto a olvidar hacer pesas para ser algo más que un pasillo en un concierto. Busco complicidad en el tío que hay a su lado. El tío que hay a su lado me saca siete cabezas y niega con sonrisa de Guardia Civil: nada.

Así que vuelvo al punto de encuentro y Dani dice que solo tenemos una baza: vociferar, exagerar nuestro acento murciano, decir las cosas que los madrileños suponen que decimos, ser como piensan que somos. Lucía le dice a una chica que hemos venido desde Murcia al concierto, aunque ella lo que quiere es cenar en un chino vegano que hay en la Gran Vía. Yo pienso en personas a las que odio y digo ¡¡DIEEEEEH, CUATRO HORAH DE COCHE PA NO VEH NA, NEEEEENE!! Dani va un poco más allá y grita ¡¡MURCIA SOTERRADA!! El tío que me saca siete cabezas sonríe como si se hubiera dado cuenta de que no es superior a mí solo físicamente.

Entonces suena el punteo de Rattlesnake y los tres gritamos y levantamos los brazos. Cojo a Dani y a Lucía de la mano y los arrastro hacia adelante. Llego al Señor Bíceps Monumental y le grito ¡¡Rattlesnaaake!! y cuando creo que va a alargar el brazo para romperme el esternón yo ya estoy a diez metros de él y nos separan 50 personas. Cuando llegamos a las primeras filas está sonando Nuclear Fusion. Es extraño: seguimos saltando, y esta canción es una bajada de pistón. Pienso en eso que dice Kiko Amat en Rompepistas sobre los tiempos de drogas estimulantes. Sí: también son tiempos de música estimulante. Puede ser que estemos tan necesitados de ella que hayamos alzado a los altares a un grupo que quizá no sea tan bueno, como cuando tienes ganas de querer a un jugador y le aplaudes todo lo que no sea un gol en propia puerta. Pero claro, suena Robot Stop y esta idea se desliza por mi piel sudorosa y cae al suelo y salto sobre ella. Dani abre los brazos y aprieta los puños y parece que él solo va a reventar a palos a los dos millones de personas que hay metidas aquí. La banda pasa de una melodía a otra, pero no las ahoga, las deja flotando en el ambiente, sobre nuestras cabezas, y las recupera cuatro canciones más tarde, cuando tú ya estás pidiendo tregua.

Quizá su imprevisiblidad esté cerca de esfumarse en el estudio. En directo, van por otro lado. Son conscientes de que a guitarrazos hay gente como Thee Oh Sees que se los folla por todos lados, así que apuestan por un equilibrio perfecto entre el garaje, la psicodelia y la unión de los devaneos exóticos que se permiten en cada disco. A ratos devastadores, a ratos jodidamente preciosistas: el resultado es una puta locura. Ha llegado ese momento en los Conciertos De Hostias en los que mi supervivencia consiste en trazar algún tipo de camaradería con los tíos más fuertes de la sala. A un gigantón se le caen las gafas y él solo crea un círculo para buscarlas y yo hago como que las estoy buscando, pero solo estoy pensando en levantarme y poner cara de fastidio y decirle: Qué pena, tío, que sepas que estamos aquí pa ti. El gigantón lo agradece. Sigo saltando. Llego a Dani y le digo que King Gizzard & The Lizard Wizard son potenciales colegas nuestros. Él asiente y sonríe. Creo que no me ha oído. Me rodea con el brazo y saltamos y gritamos la melodía de Cellophane en clave de lo (lolololooololoo) y Dani me dice algo y yo asiento y sonrío sin saber qué ha dicho pero decido pensar que ha dicho: ¡NO CAMBIES NUNCA, TÍO!

Enlazan con  The River y la monumental I´m in heaven y se largan. Coloco los brazos en jarras, mitad Figo antes de tirar una falta, mitad Napoleón después de reventar a algún ejército. Dani se exprime el flequillo y me dice: Tío, ¿cuando salgamos podemos hacer como que yo me he desmayado y le pedimos agua a la gente? Asiento. Salimos y encontramos a Lucía y a una amiga suya. La amiga se agobió hace un rato y salieron. También está la misericordiosa amiga de Dani. Le dice a Dani: ¡Joder, tío, cómo vas! Se refiere al sudor y tal. Me mira a mí y dice: Bueno, tú vas mejor. Dani niega con el dedo y dice: Qué va, es que normalmente ya va mal, así que no se nota tanto. Y al final no simulamos su desmayo.

Luego pasaron muchas cosas: fuimos al chino vegano y Lucía casi llora de emoción, conseguimos reunir pasta entre todos para sufragar una copa tamaño Champions League en un bar en el que había posters de The Barracudas, fuimos a un bar en el que pedí una de Lou Reed y el tío me dijo que no pero que iba a poner algo de rock n´roll y resulta que va y pone un remix de Sympathy for the devil que consiste en un golpe de caja ochentero cada dos de Charlie Watts o algo así y se me acercó un portero tan fornido como afable a decirme que por lo que más quisiera dejara de corretear por los sillones y las mesas, le gritamos en medio de -¡puaj!- Malasaña a un tío que nos dejara en paz que éramos de Balsicas y resulta que el tío era de Torre-Pacheco, fuimos a otro bar en el que Dani se cruzó con un colega suyo y había famosillos rollo el de Los Nastys cuidando en el espejo su aspecto desaliñado y el colega de Dani hablaba de lo emocionante que era ir a comprar el pan y pisar una baldosa que pisó una vez Mario Vaquerizo y Dani dijo: Algo va muy mal cuando en la conversación hay más cameos que acción y yo asentí y al final tuvimos que largarnos.

Yo no me lo tomé mal, ¿eh? Simplemente acepté que a veces es necesario volver al infierno para entender que hace un rato estabas en el cielo.

Santini Rose
Santini Rose

Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño…ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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