Josele Santiago en el Villegas: tenemos titular

 

Luis Calvo conoce a todo Dios. Ángel, su hijo, mi amigo, dice que muchos le han contado que su viejo fue el tío más molón de esta ciudad. Siempre que alguien dice que alguien es el más algo de Murcia me acuerdo de aquel vacile de los Housemartins. Se autoproclamaban la tercera mejor banda de Hull, rollo: ¿a quién coño le importa? Esto es Hull. Esto es Murcia. Pero sí, es difícil no ver que Luis Calvo habría sido el más molón en Madrid, Barcelona, Londres y, en fin, en cualquier núcleo urbano en el que alguien conjugase el verbo molar. El caso es que me separo del grupo. Llamo al Montana. Es el tío alto con chupa vaquera y mochila naranja que sonríe tanto que parece que ya te está violando. Nos hace las fotos. Seguro que te lo has cruzado en la puerta de alguna sala de conciertos. Y no: sonríe porque es buena persona. Luis y Ángel se acercan. Hago las presentaciones. El Montana dice que no sabe qué se va a encontrar, que no ha podido escuchar el disco. Luis baja la mirada y se acaricia la barbilla. Mira al Montana a los ojos: Vamos a ver cómo te lo explico, en este país no hay nadie con la clase de este tío. El Montana asiente, porque, además de buena persona, es educado.

Es difícil no ver una estampa familiar en los albores de un concierto de Josele Santiago. Hace años que esta gente no pronuncia el apellido del madrileño. Es Josele. A veces hasta le ponen cubierto y le reprochan que vaya a comerse el guisao sin camiseta. Es extraño notar esa sensación hogareña justo en el centro de la sala Miguel Ángel Clares del Villegas, también conocida como La Sala Más Inhóspita Quitando El Sanatorio de Sierra Espuña. La historia es que Josele pega cuatro guitarrazos y ya no hace frío. Suena Prestao. Se le ve contento. Con ganas. Presenta las canciones dubitativo. Este es el primer concierto de la gira de Transilvania, el discazo que acaba de sacar. Está Socarrón. Habla de sus músicos. Tiene razones para estar orgulloso: después de defender gran parte de su repertorio en solitario con una guitarra y una botella de agua, ha dado con una banda del copón.

Suena Magia Negra. Es cierto que esto es un temazo tras otro y que Josele está cantando como nunca, pero tiene detrás a cuatro tíos que engrandecen todo esto. Lo hacen, y aquí viene lo importante, a través de la mesura. Las formas son clásicas, claro, pero no pisan ni un tópico sonoro. Y mira que es fácil. Esto no va de pirotecnia ni capullos: desprenden clase y oficio –te juro que no es brocha gorda: desprenden eso- y tú acabas sintiendo algo en el bajo vientre que te sale por la boca en forma de suspiro. Esta banda es ir ganando 2-0 en el minuto 20 y ponerte a tocarla hasta el 90. Podrían meterte ocho, pero, bah, no es necesario.

Esta es un guardia civil, dice. Presenta a sus canciones como si fueran seres vivos. Como si hubiera colocado frente a nosotros un muestrario de animales salvajes que le pertenecen. Los va presentando: Esta es un guardia civil, es buena, no necesita cuidados especiales, te tratará bien, créeme, los versos son fuertes, pero te harán sabio, ¿te interesa? ¿Sí? Pues claro, Josele, ¿a quién no le va a gustar?

Toca Ole, papá y yo pienso que nadie escribe en este país como este tío. Nadie ha hecho del rock and roll algo tan –llámalo ibérico, mediterráneo, español, hispano- nuestro. El tío te habla de boinas y te demuestra que tú, sí, tú, perteneces a una especie que lleva años campando y danzando por este mundo. Así que no te rayes con el postmoderneo. La vírgen: dan ganas de fundar un movimiento solo para decirle: Eh, Josele, sé nuestro gurú. Al poco, se largan. Así que salimos. En la calle, Luis Calvo agita los brazos y levanta las cejas mientras dice que pobreticos los que no han venido, que veremos a ver cuándo hay otra de estas. A la altura del bar Los Pequeños para. Nos agarra. Paramos. Levanta el índice de la mano izquierda y dice: Tenemos titular, ¿sabéis cómo llamo a esto? ¡Rock expresionista! Yo asiento y Ángel se ríe. Repite: Rock expresionista, papá…Luis sigue caminando. Sí, sí, dice, El Grito, de Munch. ¡El grito! Y el grito se me mete en los sesos. Seguimos caminando. En silencio.

Foto del intrépido Diego Montana.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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