Garaje Florida en Musik: VISIONES DEL GENIO

Esta crónica lleva cuatro meses en mi cabeza. Tenía dos frases para empezarla. La primera era: Tío, ¿acaso Lester Bangs llevaba la cuenta de las veces que vio a Lou Reed? La otra decía: A mí me pasa como a Louis CK, tío, me puedes encontrar en cuatro o cinco sitios, y uno de esos sitios es dondequiera que toque Garaje Florida. Como puedes observar, he empezado con otra. Creo que la razón es que ninguna se me ocurrió cuando Javi me dijo: ¿Vas a volver a escribir sobre ellos? Me limité a decir y a levantar los hombros, como diciendo Claro, ¿qué otra cosa voy a hacer? Como, duermo y voy a conciertos de Garaje Florida. Las respuestas con referencias gloriosas se me ocurrieron, como siempre, de vuelta a casa.

Pienso en eso ahora que Lucía y yo llegamos Musik y ella me pregunta si creo que tocarán la de (voz en falsete) parará raaaaa y yo le digo que sí. Entramos y nos encontramos al Luiggi, batería de Garaje Florida. Sonríe y nos pregunta: ¿Qué pasa, es que no os cansáis? Lucía se ríe y encoge los hombros y pone su cara de niña pequeña y dice: No…Yo le digo que nos cansaremos cuando empiecen a hacer música de mierda. Bajamos la rampa que comunica el pasillo con la sala y Lucía pone las palmas de las manos hacia arriba y me pregunta: ¿Cómo nos vamos a cansar? No sé qué responderle, así que le sonrío. Tiene razón: ¿Cómo nos vamos a cansar? ¿Cómo vamos a renunciar a la banda más emocionante que hay en esta ciudad? ¿Cómo vamos a dejar de decirle al otro Cariño, el sábado es lo de Garaje Florida como si dijéramos Cariño, el sábado tengo cita con el oncólogo? It makes no sense, como cantaron ellos mismos en otra vida. Ella niega con la cabeza.

Pedimos un par de cervezas. Ellos suben al escenario. Miro hacia atrás y observo cómo gotean personas con brazos en jarras. Maestro Gado (teclados) dispara Rodrigo y El Mena y Luiggi giran el cuello y le sonríen. Levanto la vista y la detengo en el techo. Lo único bueno de los conciertos en Musik es que a veces piensas en el pub-rock y en Wilko Johnson y en gente gritando y en bandas que se partirían la crisma contra el suelo antes de pedir silencio. Sí: bandas curtidas a base de conciertos para 30 personas que, simplemente, tocarían más fuerte. Vuelvo al escenario y me encuentro al Mena vibrando. Literalmente, quiero decir. Acaba de cantar No quiero que nadie sepa que me paso todo el tiempo arreglando el mundo sin saber y noto cómo la canción se le está saliendo del cuerpo. Durante unos segundos me angustia observar su cara. Está rojo, los ojos y la boca se le unen en el centro de la cara y no para de soltar más palabras de las que hace dos segundos hubiera jurado que cabían entre esos dos acordes. La canción termina y todos respiramos, aliviados. Él parece desconcertado. Se presenta. Dice: Somos Garaje Florida y aquí estamos con lo mismo de siempre. Con lo mismo de siempre, el cabrón se refiere a canciones redondas, energía, fugacidad y romanticismo. Mala hostia, urgencia, épica bien entendida y clase. Se refiere a Música Gloriosa. Joder, si alguien me hubiera preguntado por mi banda ideal y yo fuera el Dr. Frankestein, me hubiera dejado de Prometeos modernos y de hostias. Habría creado algo muy parecido a Garaje Florida: un batería que es incapaz de no pronunciar  el rollo del 77, tío cada tres frases, un superdotado de la melodía a los teclados y un tío carismático -¿en serio, quién está a la altura de El Mena en este país?- y con una Voz al micrófono y a la guitarra.

Suena Genio y figura. Hace un rato que desataron sobre el escenario algo que no se ve y que ni siquiera sé cómo se llama. Solo se siente. Y no hablo de mierdas hippies. Esto va de descargas, de apretar los puños y las mandíbulas, de sentir vértigo en cada célula del cuerpo, de girar el cuello a ambos lados y decirle hasta a los putos ladrillos: ¡¡QUÉ  PASADA!! ¿¿NO?? ¿¿NO?? Decid que sí, me cago en Dios. Aquí lo tenéis: una banda de rock and roll. Miradla. Tienen todo lo que sigue convirtiendo en mágico el sonido de un trozo de madera enchufado a la electricidad y unos palos golpeados contra unas membranas y unas teclas que activan un extraño mecanismo. El Mena vuelve a vibrar y levanta la vista cuando canta Cada vez que miro hacia arriba, el cielo tiende a posponer mis condolencias que se fijan en un segundo de placer y, al final, el genio viene hacia mí para darme de comer y yo sé que está viendo más allá de los muros de Musik y de todos los de esta ciudad. Luiggi está haciendo un conciertazo. El cabrón le está metiendo a la batería las hostias que le metería a todos los que le dicen: Es que claro, con un rollo más comercial… Le noto más rabioso que nunca. Al otro lado, Maestro Gado, principal perjudicado por la sonoridad de Musik –poco dada a los matices, justamente donde él se hace grande-, baila sobre el teclado y yo entiendo que ahí, justo en esa imagen, la de un tío que sabe que lo que hace no se está escuchando como debiera pero que sigue tocando con el mismo arrojo, está el secreto que hace tan grande a esta banda:  ESTO NO PUEDE SER DE OTRA MANERA. No hay otro camino, no hay Plan B, no hay concesiones. Se juegan demasiado como para que sea de otra manera.

Entonces se despiden y resoplamos y le pido a Lucía que tomemos un poco el aire. Salimos y pedimos otra birra.  Después tocan El Imperio del Perro, pero yo no estoy preparado para ver otro concierto. Lucía dice que se parecen más a Miss Cafeína que a Garaje Florida. El Yagüe dice que son el AM de los Arctic Monkeys en versión Semana Santa. Yo no sé qué pienso, solo sé que no me gustan y que tengo que respirar. Salimos. Ya en la calle, camino del Plan 9, noto a Lucía más contenta de lo habitual. Cariño, dice, es que creo que cada vez me gustan más, sigo encontrando detalles nuevos. Yo le doy un beso, porque sé lo reconfortante que es encontrar una respuesta.

Fotografías de Beatrix García Ros

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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