Fumar, pasear, escuchar, tocar con Bruno Laencina

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Fotografía de Andrea González

Conozco un tío al que nadie conoce y muchos tratan de conocer. Tiene gesto serio, suda camisas, la barba le come la cara que la huida del pelo deja en mantillas, tiene los ojos muy juntos, cada 3 meses que pasan se rasga más la voz y en cada puto concierto acaba afónico. Le han entrevistado en LaOpinión, en decenas de blogs, en la radio e incluso en La7 Región de Murcia. Todos de buena fe, todos como suelen hacer los entrevistadores de este país «Cuáles son vuestras grandes influencias? ¿The Beatles?». Él, conteniendo el “me cago en tus muertos, ¿otra vez?” sonríe serio y dice que sí, que se la casca todos los días con ellos. Ojalá; ojalá lo dijera, porque se mostraría tal y como es. Bruno Laencina se tiró 2 años de su vida escuchando únicamente a los Beatles y cuando acabó, empezó a ser otro; dejó de ser un necio y dio su primer paso hacia la ¿genialidad?

Subimos por los montes de Murcia en coche. Hemos quedado para escuchar el Animals de Pink Floyd y fumar maría. Nada inusual, pues somos como las tres cuartas partes de imbéciles que se drogan para escuchar psicodelia. Mientras conduce, sin que lo sepa, intento indagar en su alter ego musical, pero yerro. Estoy siendo predecible, como el resto. La complicación reside en llegar al epicentro de la motivación de un artista. Los entrevistadores esperan el titular de una revelación tipo «vi a mi padre morir embestido por su cabestro más querido» o «aquel viaje a India me cambió la vida» y de ahí nació todo. Aparcamos. Cogemos la guitarra de su padre (que nunca murió) y nos plantamos en la roca más fría. Bruno, con las manos congeladas, toca cualquier cosa.

Cualquier cosa.

Hace un tiempo le dio, como a mí, por el swing, el cual se puede ver perfectamente en Ready For You, el primer EP que editó con The Meatpies.

Cualquier cosa.

Tiene esa facilidad. Rock & roll, blues, algo de fingerpicking, pop, o yo qué sé, el Dark Side Of The Moon entero. Le pregunto que por qué ahora Pink Floyd. Me dice que no lo sabe, que se aburre y lo toca. A priori parece una mierda de respuesta, pero encierra algo más. Bruno nunca ha dejado de ser un niño hiperactivo, y como tal, como todo niño, se aburre y reclama atención. Unos malos padres apagarían esa iniciativa de imaginar y buscar. Los niños, y toda persona, para evolucionar, DEBEN aburrirse, solo así pueden tener, a saber, la impronta de coger una obra musical completa habiéndola escuchado solo tres veces,  plantarse delante del piano –el cual ni siquiera es su instrumento– y tocarla del tirón. Jo-der.

Volvemos al coche. Hace demasiado frío. Nos liamos uno y ponemos el Animals. Empieza un tema con una sola guitarra folk. Nos miramos diciendo «joder, esto no era lo esperado». Leemos el libreto. El tema se llama ‘Pigs on the Wing’. El segundo ‘Dogs’ y el tercero ‘Pigs (Three Different Ones)’. Parecen estar de coña; parece importarles tres pares de narices que te importe un título si no te va a importar lo de dentro; parecen decir basta de dar importancia a la presentación. También parece una llamada de atención estúpida llevada al marketing. Pink Floyd siempre ha tratado eso, ¿no? Trascender en la forma, cambiar registros, métricas, estructuras, alejarse, en fin, de aquello llamado rock.

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Fotografía de Diana Barbosa

A penas veo, pero distingo al fondo las nubes que, junto con la contaminación, han dejado un paisaje sombrío. Me pregunto si esto es inédito, si la belleza armónica, química y natural es solo perceptible desde este preciso instante. No lo creo. Esto es reproducible con reggaetón de fondo y supongo que el disfrute de esos seres que lo consumen camina por la misma senda. Sigo pensando en lo manido de nuestra propuesta: fumar para escuchar aquello que los rockeros calificaron como amaneramiento, alejamiento y traición a los principios del rock. Estoy alerta. Le digo a Bruno que si ha oído que el cerdo de la segunda canción ha corrido hasta la cuarta. A penas podemos hablar, la transición rítmica es tan sutil que nuestro cerebro brega por salir de ella sin éxito. ‘Pigs (Three Different Ones)’ tiene el bajo y la locura de ‘One Of These Days’ con un desarrollo mucho más luminoso, guitarrero y en definitiva propicio para que dos tontos acaben pegando guitarrazos al aire en 2 metros cuadrados de coche paterno. El disco termina y Bruno arguye una crítica todo lo elaborada que puede alguien fumado. Parte de la revelación subyacente se codifica en lo que se fija un músico cuando escucha música de otros. El soberbio, por lo general, trata de cambiar la obra bajo su visión; el aprendiz pasa de amedrentarse a maquillarla sutilmente. Bruno es un conejo encandilado por la luz. Se ha estado fijando en composición, melodías y armonías vocales (que manda cojones porque son bien pocas). Se está adaptando. Bruno aprendió lo que era la psicodelia en el Revolver y el progresivo en ‘Happinnes Is A Warm Gun’ (White album). Antes, por ignorancia, lo desestimaba. Ahora, con una carrera musical más amplia y sin la necedad de la primera juventud, está abierto a todo y flipa. Tanto que ya empieza a empapar su música. ¿Falta de criterio? Creo que esto va más allá.

Los dos meses que vivimos juntos solo confirmaron mis sospechas: Bruno está jodidamente enfermo. Esto es así. Lo van a leer él, sus padres y el resto de su familia. Me da igual. No es normal. Sufre insomnio, lo que le hace parecer un drogadicto cansado de tener mono gran parte del día. Un día estuvimos hasta las 4 de la mañana grabando unos cantos gregorianos. Agotado, lo dejé en el salón y a las 12.30 del mediodía, cuando amanecí, seguía en la misma posición sin haber pasado por cama. La mayor parte de la obra de Bruno está compuesta de madrugada, cuando se queda completamente solo y ausente de estímulos externos. Trabaja demasiado deprisa como para trabajar con otras personas. Ha compuesto tantas canciones en un año que su banda no puede gestionarlas. Tantas que en un proceso de selección, eliminando quizá la mitad de temas, daría para un par de largos. En tan solo unos minutos ha llegado a versionarme a mí mismo, y lo mejor, temas de Alex Tired, New Jungle o The Purple Elephants durante la participación de estas bandas en el Big Up calle! simplemente porque la música para él es otra forma de jugar.

Arrancamos y nos vamos al mirador de la Cresta del gallo. El Animals nos ha dejado hambrientos. Por suerte nos queda marihuana y el Dark Side Of The Moon. Bruno me cuenta a través de las letras su interpretación del disco como obra conceptual. Acaba diciendo que le jode saber que jamás podrá hacer algo igual. Y sin acabar de quejarse suena Time; ambos nos quitamos el polvo de encima y le agrego que ¡sí, joder!, que es casi imposible superar esto, pero que el artista no puede vivir tratando de vencer las grandes obras. Entonces llega ‘The great gig in the sky’. Bruno me cuenta que fue la primera toma fruto de una improvisación y que la cantante Clare Torry quiso demandarlos –aunque creo que solo se trató de su inseguridad y la creencia de poder haberlo hecho mejor–. Bruno la imita. Es demasiado aguda. No sabe hacer falsetes. Es tan ridículo como ver a un pato intentando tener eco. Bruno se ríe, pero tiene unos pensamientos parecidos a los de Clare. Existe en su cabeza una autoexigencia que le impide fracasar creándole un estado de ánimo cíclico y explosivo. Pasa de la motivación a la desesperación en cuestión de días. Pero esa insatisfacción dañina, cuando recupera la luz, le hace crecer a pasos de gigante. Le he oído decir cientos de veces que se deja la música, que no vale. ¿Qué sentido tiene sonar bien cuando no te puedes ni acercar a ningún ídolo? Sin embargo nunca abandonará.

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He visto a Bruno en muchas situaciones: dando su primer concierto en formato cantautor concursando en un bar de jazz donde rompió una cuerda de su acústica y no le importó seguir el resto del concierto con una Fender Stratocaster (perdió); formando su primera banda, The Bigspins para la cual escribiría los temas que presentó al Creajoven de canción de autor (perdió); con The Meatpies, cogiendo a un grupo con sus bases y arengándolo hacia un nuevo camino (perdieron el Creamurcia y el TalentoSOS); en parques con un círculo de gente a su alrededor que durante horas no han dejado de escucharle tocar porque es una puñetera gramola humana y no solo eso, con pensar en una canción junta acordes y la canta (se los gana a todos). Parece llevar una maldición tras de sí aunque si lo pensamos bien no suele ganar el más talentoso sino el que se encuentra en la época y el lugar adecuado. Cuando lo conocí no sabía ni tocar. Yo no podía alquilar un piso, él me daba cobijo en el salón de su casa y a cambio grabábamos cosas. Nunca fue individualista. Crea su música para que sea tocada. Coge hasta al más inútil y le inventa una armonía que pueda cantar, y siempre, sin orgullo, aprende de los demás. También es celoso. Si en los Beatles se turnaban, uno componía y el resto arreglaba, Bruno a veces siente que su obra se pierde.

Bajamos a su casa. Hablamos sobre sus canciones, sobre la temática amorosa que impregna casi toda su obra. Siempre me pareció pueril. Se tatuó «All You Need Is Love» y le va a acompañar el resto de su vida. Me acuerdo del disco de Spiritualized Ladies and gentlemen we are floating in space, una obra salida del amor y la ruptura. Distinta, excitante, repleta de influencias y fusión de sonidos. Salvando las distancias, me imagino a un Bruno insomne y ansioso creando en base a la desesperación, a su incapacidad de amar, a su capacidad de amar, a su capacidad de absorber lo que otros han dado al mundo, a la incapacidad de alcanzarlos; lo veo sudar, despedirse con tristeza volviendo a su cueva a martillarse con todo aquello que lo hace infeliz. Siempre me preocupa, pero me voy tranquilo porque sé que hay un bote salvavidas que cada mes que pasa se convierte en una goleta que le permitirá, si puede, dejarse vencer por la locura y perder la vida en alta mar.

Conozco a un tío que nadie conoce. Es ingenioso, estúpido, y ríe más que habla. Se sube a un escenario y no es nada de eso, habla con los medios, y no es nada de eso, es un pánfilo. Sirva este texto para conocerlo, sirva para que aprenda de una puta vez que el único personaje que debe existir es él mismo.

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