Día 8| Fumaça Preta, El Niño de Elche, Los Hermanos Cubero y Amaia: «Por fin, sangre» [La Mar de Músicas 2019]

Desde que conozco a Diego ha sido como un hermano para mí. Estos días se ha convertido en algo más, quizá porque la habitación en la que nos alojamos tiene como puerta del baño cuatro cañas de bambú y un trapo. Hoy es nuestro último día juntos, y aunque está empeñado en perderse el último concierto para madrugar mañana, sé que no lo va a hacer. Tengo poderosas razones para convencerlo. La más importante: alguien tendrá que salvarme la vida si estoy a punto de perderla.

Hoy han venido a comer los fundadores del partido Humanista que, junto al casero,  concurrieron a las elecciones. Uno es el que vino a soldar la viga y a amaestrar a las fieras; el otro es calvo, tonto y odia a Simon Bolívar. Está empeñado en resucitar el partido y que el casero vuelva a liderarlos. Dicen que ahora con las redes sociales todo es mucho más fácil. Yo creo que sería más fácil si no fueran putos locos. El salón está lleno de carteles antimurcianistas, una estampa de Bin Laden y otra de nuestro cataléptico dictador. Nos hacen leerlas. Reímos nerviosamente. Al casero se le cae la botella de vino encima y la amenaza con el puño. Dicen sus hijos que jamás se ha atrevido a pegarle a nadie, su única dieta son gritos. Nos estaba contando cómo le vendió un coche robado al cantaor gaditano Pansequito. Aquí quiero hacer un alto para enumerar algunas de las profesiones del casero:

  • Repartidor de pan en urbanizaciones de lujo
  • Capataz ganadero
  • Aprendiz de sastre
  • Proveedor de la casa real
  • Jefe de marcaje en Galerías Preciado
  • Inspector de la SGAE
  • Cantautor
  • Albañil
  • Encuestador Mistery shopping
  • Candidato a la Alcaldía de Cartagena
  • Traficante de coches
  • Terrorista legal

El tema del tráfico de coches consistía en agenciarlos en Francia, ponerles una matrícula falsa y venderlos en España. Hizo negocio, pero a veces el casero no es tan inteligente como pueda parecer, ya que le puso matrícula a un BMW con letra de la misma ciudad en la que lo vendió. Pansequito, tras pararlo la Guardia Civil, lo llamó para amenazarlo de muerte como se amenaza a la gente por teléfono. Tampoco fue a más el día en que le robaron la moto al hijo de Frontela, el forense de las niñas de Alcasser. Si no fuera tan detallista y absurdo pensaría que es el delirio de un mal viaje de setas, pero ese detalle lo hace verosímil. Aunque no todo es diversión en el edén. El casero está muy nervioso porque mientras pinta el techo le cae pintura en los ojos. A veces lo acaba pagando con su mujer porque no le ayuda lo que quisiera. Durante el desayuno se nos acerca y nos pide disculpas por los gritos: Leí nosédónde que un viejo artrítico de ochenta años le trincó 32 puñaladas a su mujer. ¡¡¡Treinta y dos!!! Cómo de hasta los huevos tendría que estar. Eso no es asesinato, ¡es un acto de justicia!

¿Héroe o villano?

Antes de ir a ver a El Niño de Elche teníamos que pasar por la Unión, por empaparnos de las minas y su cante, pero descubrimos que a las 5 de la tarde de un viernes de julio no hay mucho que ver. Las minas están cerradas y, oye, que no hay flamencos cantando mineras en cada esquina. Nuestra casera, que ha escrito un libro sobre la historia del arte en Cartagena, nos dice que visitemos el Mercado, sede central del Cante de las minas y obra de Victor Beltrí, discípulo de Gaudí. Impresiona ver cómo en un pueblo con unas vibraciones tan negativas se alza algo tan vanguardista.

En lo alto de la bandera el casero

No es suficiente para que nos quite el mal fario y volvemos al mar de plomo a mojarnos para llegar frescos a Francisco Contreras, aka El Niño de Elche. Ha anunciado que actuará esta noche en el cantón de Cartagena. Si lo lee mi casero le hunde la nariz, ya que odia tanto a cartageneros como a listillos. Él y un grupo de regionalistas, que no cantonalistas, cada 12 de julio se suben al castillo de San Julián e izan una bandera de Turquía sobre un poste de la luz en defensa de la memoria histórica, no de su reclamación. Pero bueno, llamémosle Cantón.

Corre el año 1874 en Cartagena. El festival La Mar de Músicas celebra su edición -115 y ha invitado al polifacético Niño de Elche. Adelantado a su época, viene presentado un disco de pizarra que medio siglo después se instauraría como el medio de expansión musical más innovador. Nos enseña su último tallado llamado Colombia. Aunque en 1873 firmara un disco tan interesante como la Antología del cante flamenco heterodoxo o en 1869 hiciera unas colaboraciones fabulosas con Rocío Márquez, parece haberse desviado del sendero de la experimentación, ese bien inmaterial que no es patrimonio de la Unesco. ¿Recitar a Antonio Escohotado y después repetir Ayahuasca 100 veces? Recordemos que estamos en el s.XIX y este público ha visto mucho. Desde los anales de la civilización se han hecho mantras y esto se queda en eslogan de televisión pública regional. Hay algún tema chingón, pero no recuerdo ni uno. Bueno, El Muermo, pero volvemos a lo mismo. No controla el espiritualismo ni el canto coral, y eso que se ha traído el púlpito para orar. Mira, Cabales Americanas es una especie de guajira musicalmente interesante, pero a la hora de volver a la repetición de un ábrase la tierra yo le recomendaría escuchar a Paco Frutos en la colaboración que hace en La Tierra te Trague del LP Pantame (Crudo Pimento). En un solo clic te puedes hacer una idea de qué es una broma y qué un mandamiento. Y no estamos hablando de flamenco, no sea que nos pongamos a llorar, hablamos de renovar, explorar, divertirse. Fíjate que para que este proyecto tuviera algo de valor la diversión es esencial, pero los profetas no sonríen más que cuando levitan y el Niño no levanta un palmo del suelo.

Contra estos personajes no hay nada que hacer. Utilizan las críticas como boomerang. Lloran ante su público y le dicen que quien se mete con él se mete con ellos. El victimismo del falso mártir. Da miedo, aunque si te abstraes de la llama santa que le corona la cabeza, es bastante cutre. Pero ni las gaviotas han venido hoy a la ceremonia. Será porque sabían que no había nada que llevarse al pico. No quiero acabar sin mencionar que es un espectáculo teatral y cómico interesante de ver. Añado performance para que Google nos indexe a nosotros también, no solo a las cien revistas que hacen reseñas de Paco. Suerte allá en la cima del Gólgota, si te sigues quedando a derecha o izquierda nunca llegarás al centro.

Delante de mí tengo a las tres personas más gordas del festival consumiendo todo el oxígeno a mi alrededor. Uno de ellos con las orejas tan pegadas al cuello que dudo si podrá escuchar algo. Detrás nos escoltan unas niñas que imagino tendrán una madre, pero no una que esté con ellas ni les enseñe a escuchar en silencio. Poca gente habrá venido a disfrutar de un recital de música tradicional fusionada con folk americano. Mucho menos a ver cómo un hombre le canta a su esposa fallecida sobre música tradicional fusionada con country. Tocan Los Hermanos Cubero esquinados por los instrumentos de Amaia que luego cantaría un tema con ellos, el único momento en el que un Parque Torres asolado por el fenómeno fan, guardaría silencio y me dejaría llorar en paz. Tenerte a mi lado, una oda, una despedida con sabor a reencuentro. Cuando toque. Este Quique Dibuja la Tristeza es el disco que un adolescente debería escuchar para llegar a la mayoría de edad con alguna grieta en su alma y no una capa de cromos alrededor.

¿Amaia compone sus propias canciones? Yo apuesto que sí, aunque no lo sé, para eso hay que tener una carrera de periodismo. Me la juego porque la he visto hablar entre canción y canción: ayyy, me encanta cuando cantáis mis cancionesss. Ouch… No me lo dejes tan a tiro. Ok, vale. Vamos a pasarla. Amaia: es super guay porque estáis todos como sentados. ¿de verdad alguien que se expresa como la puta mierda puede escribir buenas canciones? En la comida, el soldador del casero le ha dicho a Diego que utiliza nuestra tan socorrida expresión esta puta mierda porque nadie le ha corregido ese mal hablar. Diego le responde que los insultos esconden más inteligencia y agilidad comunicativa que cualquier abalorio lingüístico. De momento sabemos que a Amaia le gusta el mundo, la gente sentada y la que canta también. Imagino que el festival no la habría contratado de haber escuchado algo antes, pero no podía ser, era una casa sobre plano. Tres canciones y un par de conciertos estos dos últimos meses, pero cerrado desde hace nueve. Canta y toca el piano mejor que Marcelo Criminal, aunque un manco en mitad de un proceso de narcolepsia no lo haría mucho peor. Amaia le está cogiendo prestada Perdona, y aunque se haya puesto de moda democratizar la mediocridad, al menos si le hace un puñado de canciones igual de pegadizas podría llegar a alguien que no juegue con muñecas por las mañanas y tontee con los cigarrillos por las noches. Dicho esto, me largo a beber, que las tomaduras de pelo dan sed suben la tensión.

Aquí empezó la crónica

No siento el cuerpo ni la mente. Estoy extasiado, puede que drogado. No sé dónde empieza la licencia poética ni dónde acaba. Dulce confusión que me despoja del raciocinio. Si huele como un borracho, tiene forma de borracho y sabe como un borracho, ¿qué es? Yo seguro que no, pero previendo la futura inconexión de mis palabras podría serlo. Y es que he perdido la cabeza. Hace dos años estuve en el Vida Festival. El festival de música más civilizado que haya pisado jamás. Para que nos entendamos: puro europeísmo. Parejas con carricoche, poca distorsión, gente sonriente separando la basura en contenedores y olor a pino en los baños. Como ahora mismo, yo estaba sobrio. Mi compañera, novia, confidente y entendedora de la astrología que me convierte en Géminis, sabía que, una melodía que sonaba a lo lejos me atraía como el polen a la abeja y me iba a sacar la otra cara. Tocaba un grupo de ¿portugueses? ¿costarricenses? ¿ingleses? ¿putos locos? La dejé sentada y me fui de cabeza, como el niño que se mete al mar mientras su madre no le quita ojo. Había bandera roja y me metí hasta el fondo. Bailé hasta que, por un extraño impulsivo que de vez en cuando se apodera de mí, me lancé contra un samoano de siete metros de altura y dos de ancho. Obviamente salí rebotado como un dibujo animado, pero el bigardo me tendió la mano, me levantó y me dijo: AHORA VAMOS A BAILAR. No recuerdo mucho más, solamente kilos de tierra y barro de haberme revolcado por el suelo. Llevo dos meses diciendo que este y Dead Combo son los conciertos de La Mar de Músicas 2019. Con Dead Combo me equivoqué y si lo hago con Fumaça Preta, decenas de personas que inconscientemente confían en mí, me van a rajar hasta las pestañas.

Todos me siguen, me siento el flautista de Hamelin. Aunque esto no lo lea ni Dios todavía quedan almas encomendadas al azar. Diego está en su mundo, me imagino que él tampoco está borracho, y me pregunta: ¿de verdad? Y le respondo: no dudes. Ya llevan una canción. Me siento en un banco para tomar el aire que luego no voy a poder respirar. Y cuando estoy preparado me sitúo en el centro de la cancha. Suelo tomar notas, pero en este concierto la única vez que lo hecho Diego me ha dicho que parezco un loco desquiciado.  Así que no sé cómo voy a escribir todo esto que estoy escribiendo ahora mismo. Pero ¿quién puede preocuparse de eso? Lo único que tengo que hacer es conservar mi integridad física intacta. Fumaça Preta es la disonancia hecha ritmo. Psicodelia encubierta. Tienen la actitud del punk, la furia del punk, el marranismo del punk, pero con buenas composiciones. No de minuto y medio de descarga. De dosis grandes que aceleran el sistema nervioso, que nublan la vista, que relajan los músculos, suavizan la piel y se apoderan de absolutamente todo. Sangre de mi sangre. Sangre que podría brotar del choque de dos cabezas desconocidas que se lamen la una a la otra. Yo, que no sé fumar, querría haberlo hecho, para que los golpes no me dolieran y para poder acercarme con la menor distancia a las sinapsis que crean este desconcierto celado. ¿Por qué siento rabia? ¿Por qué al instante siguiente amor? Aquí hay humanidad arriesgando su exclusión de la comunidad civilizada. ¿Cómo no ir a despedirlos? Que nos escriban adónde los desterraron. Allí, aquí y ahora somos un público al que han drogado.

De verdad, no he visto nada, no he analizado nada. No hay un siguiente párrafo que defina sesudamente quienes son Fumaça Preta. Como mucho os puedo decir que uno vive en Amsterdam y los otros en Inglaterra y que cuando se juntan lo hacen en marte. ¿Por qué comparten día con Amaia? Chi lo sa… Para pensar estoy yo ahora…Tengo a una muchacha delante, y en mi ponderosa timidez le digo: ¿inventamos un baile? No sé ni por qué lo he dicho, no sé bailar. Pero accede y un segundo después estamos improvisando con los ojos entornados los peores pasos que una orquesta pueda desear. Estoy convencido de que las canciones no pueden ser tan buenas, pero confluyen tres cosas: ritmo, actitud y disonancia. Un ser humano no necesita más para colapsar. Nada de circo, nada de atmósferas infantiles ni serie B, ni imbecilidades ni pasatiempos de cuba libre y cadera. Su proyecto es serio aunque James (bajo) vista un pijama de nubes. Stuart (guitarra y piano) es un coloso que no consigo enfocar con la vista. En realidad a ninguno. ¿Me han drogado? ¿Por qué Alex (batería y voz) me habla directamente a mí? ¿Por qué me dice que me mueva como un diablo cachondo, que me descoyunte hasta ver alguna estrella? Diego me vigila, tiene miedo de que me pase algo. Lo siento en mi espalda. Pero Diego grita como yo, y su amigo Jokin, y todos los que me siguieron. He acertado. Lo he hecho. Me siento ligero como una pluma, liberado. El trópico está en mí, sus ritmos y sus plantas. Estamos más que vivos, estamos cachondos. Han pasado 4 horas desde el concierto y sigo lleno de energía. Tengo que dejar de escribir o me voy a volver loco. Creí que no lo diría, pero el concierto de Fumaça Preta ha sido mejor que el viaje a Eslovaquia del casero.

Fotografías de Diego Montana

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