Día 9| Mulatu Astatke, Estrella-Kiki-Soleá Morente: «Ríos de plata» [La Mar de Músicas 2019]

Llevábamos dos horas durmiendo hasta que Diego se levantó y se fue. Intenté dormir, pero no pude. Pulso acelerado, taquicardias y un «me voy a morir» rondando la cabeza. Se juntaba con el de «van a leer las crónicas y nadie va a estar aquí para defenderme o dejar este mundo junto a mí». Así que me levanto y busco al casero. Me pide que le mueva el andamio porque está harto de bajar y subirse. No es el mejor momento, tengo los párpados pegados a los ojos, voy descalzo y el suelo está lleno de clavos, y sobre todo, hay un hombre encima a 3 metros de altura sin arnés. Aunque esto lo he pensado luego. Creo que me he mimetizado demasiado con el ambiente…

El casero es el mejor cocinero que haya conocido nunca. Hasta Diego que solo come patatas fritas rebaña los platos. Tienen seis hijos y de costumbre hacen ollas enormes. Por eso no hay día que no nos inviten a su mesa. Hoy estoy yo solo, frente a ellos y una olla de habichuelas. Cuando trabajaba de monitor en escuelas de verano conocí a un hombre sin dientes que fue pinche de cocina en el campo de Cartagena. No sé qué clase de clientes tendrían –había uno que se llevaba un toro chico al bar hasta que le creció y ya no “cogía” por la puerta–, pero me explicó con detalle más de diez formas de cocinar unas habichuelas. Aun así me juego la vida a que ninguna supera las que me estoy comiendo.

Han pasado dos horas desde que terminamos. La mujer del casero se sorprende en voz alta de no haber recogido los platos, jamás lo hace. Me dice que soy como de la familia. Ellos me cuentan sus historias y yo los escucho. El casero me saca una caja llena de fotos. Era un hombre atractivo. Me dice: aquí tenía 15 años. Mira qué tías. Como me dejé los estudios empecé a enlazar un trabajo con otro y tenía pasta para comprarme buena ropa. Un día el jefe de sección de Galerías Preciado se presentó en la puerta de mi casa y me ofreció ser encargado de mi sección. La anterior había muerto de un infarto. Pasaba de 2500 ptas a 7300. Mi madre ya le estaba besando los pies cuando una voz se apoderó de mí y dijo, ¿y las vacaciones? 21 días, me dijo, y lo mandé a la mierda. Mira, Pedro, yo me he dejado trabajos con hijos y mujer, y siempre he encontrado otra oportunidad. Yo me peleo con todo el mundo, pero de un solo trabajo no se aprende a vivir. De repente alcanzo un grado de comunión inmenso con él. Empecé esta serie de crónicas diciendo que estaba de vacaciones. Bueno, no es así, me he despedido de mi trabajo. Una de las razones tiene que ver con que me las hayan robado. Aunque eso, como le ocurrió al casero, tan solo ha sido una excusa. Él, con lo que sabe, se ha construido seis casas. Yo espero poder construir una algún día. 

Es un día un tanto extraño. Tendría que haberme ido ya de aquí, pero creo que debo terminar lo que empecé en el mismo lugar. El último día de La Mar de Músicas 2019 no se parece en nada a lo que reza la tesis de Paco Martín. Ni un solo portugués a la vista. Aunque llegue tarde puedo decir que ninguno de los componentes de Kyekyeku & Ghanalogue Highlife tiene pinta de luso. Son morenos. Por racismo también digo que tienen ritmo y saben bailar. Y ahora como dato de valor os digo que no suena al mismo proyecto de siempre que coge la Gibson, hace un blues y lo mezcla durante 15 minutos infumables con las raíces africanas que pudiera tener. Me dicen que Fra! ayer fue otro caballo llamado Emilio por el que nadie compraba una papeleta y acabó rompiendo la meta. En los festivales ocurre esto. Los romanos los echan al coliseo y ellos demuestran si su vida merece la pena.

Mulatu Astatke. Astatke Mulatu. Creo que se puede escribir al revés. Si le diéramos la vuelta a alguno de sus temas sonarían como el Canon Cangrejo de Bach: Igual de bien. No sé si es consciente de ello, pero manejar la armonía de este modo me parece tan improbable como cualquier cosa que haya pasado estos nueve días. A él le sale, quizá porque las notas base son dos, como mucho cuatro. Los temas quieren tener un buen final pero no pueden. Durante los 5 ó 7 minutos que viven, hacen el amago de buscarlo, pero no nace la gacela para comerse al león. Ellos giran y giran sobre sí mismos en una digestión eterna. El contrabajo es como el estómago de una serpiente en un cuento de Borges. Eterna y larga como el conocimiento. Nos está tragando lentamente. Solo pueden definirse los espasmos de los músculos al deglutirnos. No sé cuánto hay de improvisación y cuánto de partitura. A juzgar por los fraseos reconocibles que pueden repetirse como mucho dos veces durante un tema, imagino que poca falta les hace memorizar. Imaginación también tuve que echarle a la forma física de los músicos y del escenario en general, pues los encerraron en una barricada de monitores y mesas negras. Parecía Mulatu un conejillo asomando la cabeza por una madriguera cuando se acercaba al vibráfono. Paco me pregunta irónicamente si lo han sonorizado. Le han cascado una batería de 5 micrófonos dinámicos. A juzgar por cómo suena tiene que estar plagado de cancelaciones de fase. Los flamencos le gritarían al técnico no se oye nada, payo, dale cuerpo pero esta gente es tan buena que podría tocar hasta con un acúfeno y sin monitores –ojala sin monitores–.

Dibujo un rato y enseguida me levanto a bailar. María me dice señalando al bailongo de La Mar de Músicas que ojalá no tuviera vergüenza para hacer lo mismo que él. Yo, que la perdí casi toda ayer, vuelvo a bailar porque este jazz tiene tal groove que aun estando en la digestión de la serpiente, te permite bailar. Por suerte siempre nos avisan del final los vientos, con fraseos racionales que se han dejado para el final, no las improvisaciones. Mención especial a la colaboración del guitarrista cartagenero, José Antonio Artnoutse que dio la talla con músicos de metro noventa.

Kiki Morente. Morente Kiki. A este nombre también puede dársele la vuelta. De hecho lo importante es darle la vuelta. Enrique Morente, el padre de la criatura, ya se sabe, hizo mucho, dejó Pablo de Málaga como epitafio. Dice Paco que no fue más que la condensación de todas sus aportaciones al flamenco. Su Kiki le está homenajeando. Tiene una voz bonita cuando le tocan, pero se nota que va acabar colgándose la guitarra acústica al cuello y cantando como un pringao. Me gusta el flamenco, aunque diferencio pocos palos. Igual no debería decir nada malo del muchacho, pero es mu blandito, mu suavecito… mu poquita cosa para haber llegado aquí sin presentarse como en la guía telefónica. Se dirige poco a nosotros, pero cuando lo hace tiene mala suerte: «Estamos en Murcia, las lechugas… los tomates… las huevas…». Uno entre el público, de Cartagena, se ríe: «lo estás arreglando, hijo…».Un exaltado le saca burla cantando y una mujer le planta cara. Parece que a los Morente uno no sabe si buscarlos por el nombre o por el segundo apellido.

La tierra más desconocida siempre es la tierra de uno. Hemos pasado tanto tiempo escuchando al casero que no nos hemos dado cuenta de que la casera tenía mucho que contar. Hoy arrastra los pies más de la cuenta y no tiene fuerzas ni para reñir con su marido. Una amiga se la llevó al concierto de Estrella Morente y dice que los cubatas que echan en las barras son criminales. Claro… acostumbrada a una uña de alcohol que se echa ella. Aunque puede que tenga algo que ver algo esta frase: agustito estábamos, nuestro cubatita, nuestros cigarritos, nuestro fresquito… –puntualizo que ella a los porros de medio palmo que se hacen con tabaco de contrabando los llama cigarritos–.  La casera es gaditana y aprecia el flamenco. Me cuenta que su padre vivía en la misma calle que Lola Flores y eran amigos. Por eso el concierto de Coplas que nos está metiendo doblado Estrella Morente, aunque no le gusta, le entretiene una chispa, porque las conoce, porque a caballo regalado no le mires el diente… Mírale los pasos y compáralos con los de la reina de la casa bajo las cortinas que algún decorador de interiores le ha diseñado. Me recuerda a Jesús, el tipo más divertido de la Chirigota de Beniaján que tiene como número estrella los pasos de un caballo español amaestrado. Exagera todos los movimientos mientras el público se muere de risa. Esto, de no haber estado descontextualizado, sería diferente, pero vendernos la moto con un audio de un narrador con la voz de Gandalf sobre la renovación de la copla en 2019. Que le den a usted por donde amargan los pepinos. Hemos estado escuchando fado, morna, y otras músicas portuguesas actualizadas, renovadas, arriesgadas, ¿y el último día nos estamos tragando el cumpleaños de la familia Morente con un lag de 50 años?

«Ella es muuuu contemporaaanea, ¡hace lo que le sale de la seta!» dice un muchacho muy salao para justificar su confusión. La copla tiene un valor innegable, y la orquesta que lleva es maravillosa, sobre todo cuando le hace un repaso a los grandes compositores españoles. Pero precisamente ese es el fallo, homenajear interpretando. Estos dos últimos días La Mar de Músicas ha desacralizado este templo. El asunto no es cambiarle el nombre, es no convertirlo a otra religión. Lo único interesante es cuando Estrella sale por cuarta vez a cambiar de cortinas y se arma jaleo sobre una mesa y tres nudillos golpeándose contra ella. Me voy y oye, Kiki no estuvo tan mal, ¿no?

Último concierto del festival. Desde el Castillo Árabe se ven los fuegos de artificio de vicio. Este año no ha habido muchos, pero sin quererlo fueron premonitorios. Era el turno de la tercera en discordia, Soleá Morente. A esta ni le doy voy a dar la vuelta. Vino al auditorio de Murcia con Los Evangelistas. Tuvimos que irnos, pero corriendo. Escribí algo así: bueno, el proyecto es horrible, pero al menos tiene tiempo de aprender a cantar… Es de esas cosas que esperas que no se vuelvan a cruzar en tu camino y menos en un festival como este, pero nos empitonó a todos. No sabe cantar. Ni flamenco ni pop. Desafina. Una mantis religiosa se mueve con más gracia. Y hostia, todo eso está bien, no pasa nada, las personas son como son, nadie tiene la culpa. Los que hacen daño a la música en directo son los sinvergüenzas que dejan salir estos proyectos a la calle sin ponerles un saco en la cabeza. Cientos de músicos se parten la cara por llegar a algo. Cientos no llegan a nadie porque el ecosistema musical regula la falta de talento. Aquí no sucede. Se le permite fusilar todas y cada una de las canciones que le apetezca coger de su padre. De Pablo de Málaga solo se distinguen las baterías. De Despegando la letra y ni eso, es preferible taparse los oídos. Por momentos tengo flashes de un concierto de Camela en el que trabajé. Aunque aquello era mejor porque son garrulos, no pretendían serlo. Soleá está empeñada en ser tan moderna como choni y eso, aunque cada vez es más fácil, tiene su intríngulis. Lo peor, si es que hay algo peor que quedarse hasta el final, es ver a toda la familia sobre el escenario bailando, cantando. Hasta un padre hace de Michael Jackson zarandeando a su hijo en volandas. Miguel Tébar, última frase que te robo: le estamos pagando el cumpleaños a la familia Morente. Pues eso. Me sobra tanto este concierto como esta crónica.

Estoy pegándole el primer sorbo al café cuando el casero me dice: Pedro, ¿tienes algo que hacer ahora? Voy a salir a dar una vuelta por los contenedores. Hoy es el mejor día. Ya verás como encuentras algo. Jamás pensé que subirme en un coche sin ITV, ni sello, ni seguro, ni cinturones –bueno, cinturones sí tenía, pero el casero no me deja ponérmelo–, y dar vueltas rebuscando en los contenedores de un polígono industrial, sería mi plan de domingo veraniego. Sería mejor plan si el casero no hubiera perdido uno de los cristales de las gafas y el otro se le cayera cada dos por tres bajo los pedales. Estamos varias veces a punto de salirnos de la carretera y él solo suelta un normalito: joe, macho con el punto ciego. Mientras me explica cómo los pastores le pegaron fuego a los montes cartageneros de donde luego brotaron ríos de plata, me da las gracias por cogerle el volante hasta tres veces. No sé cómo sigue vivo, pero a mí gustaría volver para escribir la última crónica.

El casero será un loco, un borracho, un fumao, un inconsciente, pero creo que es el mayor ecologista que conozco. Si compras plástico te dice que eres gilipollas; si compras agua embotellada, que si eres un subnormal; si compras algo que podías haber cogido de la basura, te pone el puño en la cara.  Nos hemos metido a varios contenedores a coger maderas, azulejos y sacos de hormigón. Mira, Diego –ahora me llama Diego–, con esto y Pinterest te haces una casa y luego a luego consigues un oficio. Y si tienes frío, leña. Dos gallinas, una hilera de patatas y a vivir. Estoy deseando que llegue la crisis y mande a tomar por culo a todos los posturetas. Se queja mucho de la corrupción, pero estuvo a punto de ser el candidato a Murcia por el partido de Ruiz Mateos. No pudo ser, pero consiguió llegar a los murcianos en una entrevista que exigió concedió a la televisión pública. Llegó y pidió música. «¡Ponedme esta cinta, me cago en Dios, lo que sea, que sino no sé hablar! »Sonaba la misma pieza de Vangelis que ahora mismo tararea a pulmón sobre los restos de las habichuelas. Pedro, tú que eres periodista, me haría ilusión que la consiguieras. Desde aquí hago un llamamiento por si alguien que trabajó en la televisión murciana en el año 96 me ayudara a rescatar esa mina de plata que debe ser el casero arengando a la población a destruirlo todo.

Luego me enseña un artículo de La Opinión en el que sale posando junto a la matrícula de su coche. El titular reza: El cartagenero (el casero) podría ir a la cárcel por cambiar CT por MU en la matrícula de su coche. La causa fue archivada cosa que, por supuesto, el casero no podía permitir. El día que fue al juzgado a pedir que la reabrieran salió a hombros de la Guardia Civil. En la puerta lo esperaban sus hijas. Y… Dios, ya no puedo contar más cosas de él. Es infinito.

Pero son las 20.30 del domingo y aquí sigo. ¿Es esto síndrome de Estocolmo? Se me va a hacer raro no tener una historia que contaros, un concierto que describiros. Es la primera vez que me enfrento a una crónica de aproximadamente 20.000 palabras en tan solo 9 días viendo conciertos y a la vez bregando con una familia de locos, derribos de palmeras, labores de construcción e intentos de robo. La culpa la han tenido los sucesos, pero, ¿cómo darles la espalda? Yo, que quería despedirme de Cartagena y La Mar de Músicas con las mejores poesías… Y… joder, cuántas vueltas estoy dando… estoy saboteando el final, no puedo cerrar el texto, se me rebela. Quiero que acabe aquí ya, pero está bajando el sol y no veo el final. No lo hay, ¿verdad? Bueno… esperad.

«Mi marido enfermó de nervios y a mí me diagnosticaron un cáncer. Lo único que queremos es pasar nuestros últimos días con tranquilidad. Que construyan lo que quieran, que hagan el polideportivo, no nos oponemos a pesar de que nadie ha pagado por nuestras tierras, pero por favor, les rogamos que nos dejen estar, nuestra casa no estorba. No tenemos ni salud ni adónde ir. Solo nos queda por decir que, cuando manden a la policía a echarnos, nos lleven a la Rambla y nos den con una piedra en la cabeza. Así terminará nuestro calvario. »

Encarnación Sánchez Linares fue desalojada por la fuerza. Falleció poco después. Del Polideportivo nunca más se supo. Un día el casero se encontró al concejal de urbanismo en una gasolinera y casi lo mata. Hay convicciones que echan raíces más profundas de lo que podamos entender nosotros, ciudadanos cosmopolitas que viven en alto y no en suelo. Eso me han hecho comprender los caseros a base de comidas. La identidad de los pueblos se rebela contra el despojo de su memoria. Cartagena guarda un algo. Aún no sé qué es. Quizá Paco Martín sí y decidió incluir La Mar de Músicas en la memoria de sus calles. ¿La escribiremos?

En fin… voy a enganchar mis bártulos a la moto y a ponerme la cazadora. A esta hora en Los Mateos siempre hace frío.


Por cierto, con este texto me despido.

Fotografías del generosísimo Paco Frutos

2 comentarios en “Día 9| Mulatu Astatke, Estrella-Kiki-Soleá Morente: «Ríos de plata» [La Mar de Músicas 2019]”

  1. gracias javi si viernes y sabado infumable,. mejor ir a pirineo sur o maceo parker a san javier para ser 25 aniversario entre que empezo mal y termino peor y algo bueno en medio
    en fin paco martin te hechamos de menos
    nos vemos en alguna melodia saltona

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