Crudo Pimento en 12&Medio: «La zanca del diablo»

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Lo que más me gusta de los conciertos de Crudo Pimento es poder hablar con «Paco el de las teles», padre de la criatura que chilla y que se besa la cruz invertida que lleva en el cuello y suegro de la que sierra la zanca izquierda del diablo. El sábado 5 de marzo volvieron a tocar en Murcia tras meses de barbecho. Esta vez Dios no lanzó su lluvia para proteger a las monjas de la misa negra. Lo que más me gusta es poder hablar con «Paco el de las teles» porque solo así logro entender lo que pasa dentro de la sala. Yo fumo cigarros, él cigarros puros. Trae la hoja liada consigo, yo aún tengo que liarla a cada uno que me hago. Y mientras lío y él me echa el humo, aprendo unas cuantas cosas.

Sale Inma. 1 minuto. Sale Paco Frutos. 1 minuto. Sale Raúl. Pasan horas. Están haciendo algo nuevo muy viejo. Paco Frutos, hermano de la criatura, toca osadamente un tres cubano; nada inventado. Hay sabor, hay tierra, pero tierra del valle, de la húmeda que bañan los ríos, como en Ricote, o como pasaba en Ricote. Oigo un ruido grave y sordo, aunque creo que proviene de mi cabeza. Dice «Paco el de las teles» que cuando el río bajaba lleno se avisaban con una especie de conchas o cuernos enormes. No hay lluvia, pero el ánima de algún huertano nos está -o me está- avisando de que la cuenca vuelve a llevar agua y el terruño, que ya no es tormo, corre el peligro de desbordar.

«Paco el de las teles» lo tiene muy claro. Dice que quien tiene un hijo tiene una responsabilidad, y si no la aceptas, mejor que no lo tengas. Me lo dice y a mí, que no tengo padre, se me encoge el pecho y grito por dentro “verdad”. Paco dice que, si lo necesitan, él se va con ellos. Él y todos, creo yo. Joder, lo cantas. Ellos y tú, todos nos vamos con ellos, a corrernos, sí. ¿Se puede decir corrernos? Venga, que en este concierto no hay una puta nota limpia. Las sensaciones no son limpias: el llanto no es limpio, el deseo no es limpio, el odio la rabia el coraje, nada es limpio, lo que es limpio es mentira. El Pimento está Crudo y descompuesto, y aun así, como carroñeros, nos lo metemos a la boca y nos vamos con ellos. No puedo ser más explícito.

Me pregunta «Paco el de las teles» que a qué me dedico, que ya me ha visto un par de veces por ahí y no sabe qué hago. Le digo que soy ingeniero y hablamos un poco de electrónica y de la obsolescencia programada. Paco arreglaba cualquier cacharro, pero ya no, ya nada es lo que era. Su frigorífico tenía 40 años y se rompió porque un gato lo meó. Y digo yo, joder, con tantas letras enfermizas que tiene Crudo Pimento y casi todo el mundo pregunta por Aquí, allí, gato. Yo preguntaría por las cabras, o por Patiño o por qué el fin del mundo es francés. Crudo Pimento toca en base a su filosofía. Todo vale y todo tiene una vuelta. Lo que está roto, se arregla; el cuerpo del muerto vuelve a la vida con esos estertores que sueñas con no escuchar jamás; los gatos están por todos sitios, todo lo mean, y ellos lo arreglan; y si el gato muere chillando y se desmembra, ellos lo recomponen, con una pata aquí, y el rabo allá, y el gato anda, y es otro, y busca en la calle, busca en los contenedores y los demás lo miran porque no es un gato más, parece salido del mismo tártaro.

Lo interesante de Crudo Pimento es que es lo más cerca que vas a estar de comprender la teoría del caos. Como en una película de Lynch, lo mejor que puedes hacer es relajarte y molestar lo menos posible. Buscar lo racional es un ejercicio fútil. Crudo Pimento es música de sensaciones encofrada. Si alguien tuviera el valor/osadía de intentar entenderla acabaría colgado de una lámpara victoriana en algún salón de especias de alguna pedanía huertana. No creo que haya otra posibilidad. Esto lleva a crear momentos en los que el espectador ojiplático asiste al metralleo de un tal Jack Higgins. Un tío de gales que tarda menos en rapear 4 estrofas que el mismísimo Pocholo en encontrar su mochila. ¿Quién cojones iba a entender una sola palabra? No sobreestimemos al público murciano. Higgins tiene 10 pares de claves en la lengua y Crudo Pimento, que es puto ritmo, no duda en explotar esa faceta del galés.

Dice «Paco el de las teles» que está leyendo últimamente sobre la huerta murciana. Hablamos del bando y de los años que se suspendió por la riada de Santa Teresa y cómo aquello, tras la devastación, transmutó y dejó de ser motivo de mofa. La huerta murciana es muy fértil, pero sería estúpido buscarlo todo en ella. Crudo Pimento solo tiene una limitación (o una virtud) y es la exigencia rítmica. Hay algunas jotas que me cago en diez… pero es que ellos presumen de tocar 13:8. Presuman o no, ellos lo tocan y retan a que se baile. Es como si todos se hubieran vuelto zombies. La cuestión es que el público lo intenta. Además tienen espacio de sobra porque la mitad de la sala está vacía. Yo también lo intento y casi lo consigo, ¡y cuando parece que le tengo pillado el truco!… a la mierda, paran. Vuelta al caos. Existe el tópico machista basado en la proporcionalidad de la excitación que provoca una mujer en relación a su bipolaridad. Pues bien, para disfrutar de la genialidad también tienes que detestarla. La banda para una y otra y otra vez. No hay nada que corregir, es comodidad, pero hay que recordar que aquí no hay intimidad. El parón por el parón es exasperante. Tanto que rompen con la voluntad de arrancar un baile a la vuelta del ritmo. Joder, tanto ritmo, tanta complejidad para nada. «Paco el de las teles» se interesa mucho por la historia, y puestos a escrutarla retrospectivamente encontramos que el baile es una de las expresiones más animales. Todo el mundo baila, mejor o peor, pero todos lo hacen. En los ritos, en los festejos haya o no hoguera en medio, no hay nadie que no se exprese a través de su cuerpo. El ritmo primitivo es quien propicia todo eso. Sin embargo nos lo están quitando.

Dice «Paco el de las teles» que todos saben cantar menos él. Raúl Frutos, la criatura de Paco, llama a su hermano Paco Frutos. Un tío del público grita sobre las 50 veces Paco como si le fuera la vida en ello. Juntos cantan Me mataron el gallo. Yo me imagino la tragedia. Joder, como para no hacerlo. Hay tragedia porque hay verdad. No sé si el padre sabrá cantar o no, pero estos dos están enterrando al gallo como un par de flamencas.

Me voy. La gente tiene opiniones muy variadas. Me toca los huevos escucharlas, necesito concentrarme en lo que he visto. Me preguntan que qué me ha parecido. Muchas veces respondo lo mismo. No han estado mal, pero les ha faltado un punto de intensidad. Nunca falla y te dejan en paz. La cuestión es que posiblemente sea el mejor concierto de Crudo Pimento que yo haya visto hasta la fecha, o quizá no. Quizá me equivoque porque los sentimientos (todos subjetivos) varían según la cercanía del evento. Lo que sí es cierto es que ha sido puro caos, y es que ellos son caos. He visto a Inma Gómez serrar una pierna y solo deseaba que la sangre me salpicara en la cara. He visto a Raúl gritar con 13 corazones de cabra en una mano y 8 zancajos de gallo en la otra. He visto cómo esta gente, lejos de tener miedo a ser un gato tullido, siguen transmutando su música y tienen el coraje de traerse a su hermano sacado de entre las matas de habas y mezclarlo con la locura y el ingenio de las calles negras. He visto demasiadas cosas esta noche, todas en la oscuridad del caos, todas cobrando sentido gracias a Paco, «Paco el de las teles». Porque sin la primera sangre no hay quien clasifique el color de la segunda.

Ilustración inédita para la crónica de este concierto de Mellado

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