Alfonso Alfonso (Schwarz): «Yo soy un sacerdote, no puedo renegar de mi fe»

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Pido tres quintos y Alfonso deja un euro encima de la mesa. Le digo que invito yo y se ríe. “En la nación subterránea no nos podemos permitir esas cosas”, suelta. Volvemos a reír. Asier y yo quedamos en el Ocio con el líder de Schwarz, que hace unos meses publicaron Nación subterránea. Nos encontramos a un tipo que lleva un discurso brillante grabado en la piel. Seguramente, Alfonso sea el tío más lúcido con el que he hablado en mi vida. A veces notaba cómo su cabeza bullía y me limitaba a sonreír y afirmar. Lo cierto es que tampoco podía esperarme otra cosa: solo una mente privilegiada puede concebir la música que su banda lleva generando desde hace 18 años. Este es el resultado de un rato hablando con él sobre rock progresivo, Murcia, corrección política, punk, convicciones, patrañas y superficies subterráneas. Silencio: habla Alfonso Alfonso.

Llevas varias décadas en la música, ¿cómo y cuándo empezaste?

Surgió de una forma natural. Nunca dije: voy a ponerme a hacer música. Lo típico: tienes 17 o 18 años y te reúnes con tus colegas y formas un grupo. De una forma totalmente natural. No hay un plan establecido para eso.

¿Con qué disco o canción dijiste: joder, esto es lo mío?

No he tenido una epifanía en concreto, pero ha habido varios grupos que me han marcado mucho. Seguramente, uno de los primeros grupos que me impactó fue King Crimson. Aunque, curiosamente, el primer disco que me compré en mi vida fue de Tangerine Dream. Pero sí, ese tipo de sonidos extraños me llamaban mucho la atención.

¿Llegaban esos sonidos con fluidez a Murcia?

Sí, joder. No estaba Zona, pero…joder, es que esos discos se vendían en El Corte Inglés. Era acojonante. Hostias, yo recuerdo haber visto discos de Killing Joke en El Corte Inglés. Podías ir allí a escucharlos. Tenían una especie de manguera de ducha, te los ponías en los oídos y los escuchabas. Te los ponía la dependienta. Se lo dabas, que estaba allí en una cabina como de dj, y te lo ponía en el plato. Cogías los auriculares y lo escuchabas. Pero ya te digo, había discos raros. Yo me acuerdo que me compré una cinta de Tangerine Dream allí.

Ahora tienes que escribirle el nombre del grupo en la pantalla al dependiente.

Sí, eso me pasa mucho también en la Fnac.

¿Sientes que hay algo de esas raíces en tu música actual?

Supongo que sí. Hombre, cuando era pequeño escuchaba Camilo Sesto en mi casa, no sé si eso estará…[ríe]. Pero sí, de esas bandas seguro que sí. De hecho, muchos de ellos siguen siendo referencias para mí, eso está siempre latente. Quizá no de una forma explícita, pero son bandas que me siguen gustando.

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¿Cómo era aquella Murcia?

Era muy diferente a esta. Yo crecí en este barrio, en Santa Eulalia. Y las calles y tal, las tascas, eran bastante más jodidas que hoy en día. Te encontrabas a los camellos por ahí pasando mandanga, heroína sobre todo. Era un sitio más duro del que es hoy. Hoy tenemos una corrección política asquerosa.

Aquello tuvo sus consecuencias negativas, ¿pero echas de menos algo de aquel espíritu más peligroso?

Hombre, se ha ganado mucho. No quiero ser el abuelo cebolleta, pero es cierto que se han ganado cosas. En el rollo musical, por ejemplo, antes no había ninguna infraestructura. No solo de salas, las nuevas generaciones tienen más conocimiento de la tecnología que están usando. Equipo, amplificadores, guitarras…cuando nosotros empezamos no teníamos ni puta idea de nada. Eso también tenía el rollo de la aventura y el descubrimiento. Por ese lado se ha ganado, pero cierto aire de transgresión se ha perdido. El punk llegó tarde a España. A Murcia, todavía más. Estamos hablando de principios de los 80. 84, 85, y el punk estaba aquí en pleno auge.

¿Te sientes representado en el relato oficial que se hace de aquellos años?

Bueno, el documental este de Murcia Supersónica…a mí no me parece que refleje de ninguna manera lo que estaba sucediendo en aquel momento. Obviamente hay ausencias, pero eso es lo de menos, es inevitable. Lo que sí es verdad es que la Murcia que yo viví en aquella época no está ahí. No hay rastro ni de aquella efervescencia ni del peligro que había a todos los niveles, incluso al de hacer música. No sé, yo no lo veo. Yo ahí veo una sucesión de testimonios buenistas y demasiada corrección política.

¿Qué fue de Sándwich records, el sello que fundaste?

Fue un desastre. Perdimos pasta y tuvimos que echar la persiana. Empezamos con mucha ilusión, pero las cuentas no cuadraron. No teníamos ni puta idea, realmente. Habíamos tenido contactos con la industria, pero era todo muy naif. También nos pilló el momento bisagra entre el viejo modelo y el nuevo, con el cambio de siglo, y no supimos reaccionar. En 2002 fichamos por Astro.

Te he leído por ahí que el rock progresivo es un movimiento mal entendido, ¿a qué te refieres?

Bueno, básicamente me refiero a que un movimiento que se define como progresivo es hoy en día lo más regresivo del mundo. Pero tal y como lo entienden los aficionados casposos del género, ¿eh? Esta gente lo único que quiere es que el rock no progrese y seguir escuchando rock regresivo.  Grupos nuevos que siguen sonando a lo mismo…

A Pink Floyd, a Yes…

Claro, y es una contradicción. ¿Cómo llamas progresivo a algo y luego no quieres que progrese? Desde ese punto de vista es un estilo mucho más reivindicable de lo que parece. Sobre todo por lo que tenía originalmente de búsqueda y experimentación, y porque esos caminos siguen teniendo recorrido hoy en día. Bien entendidos, claro. Lo que no tiene sentido es ponerte a hacer ahora música como la que hacían Genesis o Yes. Ellos lo hicieron en su momento. Algunos mejor y otros peor, pero ya está hecha.

Quizá también haya influido que lo que ha trascendido a otras épocas sea ese estereotipo y no todo lo que había debajo.

Claro, pero es que eso es quedarse en la superficie. A los seguidores inmovilistas, lo que les interesa es la parte cosmética. El recubrimiento, la complejidad rítmica…pero eso es quedarte con lo accesorio. Lo fundamental es hacer que la música progrese.

Eso también pasa con el punk.

Es que yo creo que punk es la palabra más sobrevalorada del mundo.

Parece que si no llevas cresta no puedes ser punk.

La  sociedad biempensante acaba fagocitando cualquier movimiento que se le oponga. Eso ha pasado con el punk. Ya lo cantaron La Polla Records con aquel Moda punky en Galerías. Lo vieron claro hace muchísimos años. Ya te digo, esa palabra está muy sobrevalorada. Parece que, con decir punk, ya todo vale.

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¿Qué es la nación subterránea? He leído por ahí que es una referencia a The ArchDrude.

Sí, toda la movida de Julian Cope. Tiene un disco de finales de los 80 [1988] que se llama My nation Underground. Es el que menos me gusta, pero me gusta mucho el título y el concepto. Básicamente, la nación subterránea viene de relacionarme con gente en muchos sitios. Gente a la que yo reconozco como compatriotas. Por mucho que no pertenezcamos a la misma nación desde el punto de vista político, sí que lo hacemos desde otra óptica. Hablamos el mismo lenguaje. Gente con la que te entiendes muy fácilmente. Hay un territorio común. No es físico, pero está ahí. Lo más evidente es el underground, aunque esa es una palabra peligrosa, porque debajo de ella, debajo del malditismo y demás, se esconde mucha patraña. Pero sí, underground en el sentido de que es una nación no oficial.

Alternativa.

Efectivamente, y además la puedes encontrar en todas partes. En todos sitios hay nación subterránea. La encuentras y la reconoces. Los ves y a las tres palabras ya sabes que son de la nación subterránea.

En este disco hay mucho de aquello que dijiste al publicar Arty-Party, una música menos electrónica, en el sentido que se le da a la electrónica en el pop, pero más tecnológica.

Sí, piensa que ese disco salió en 2004. En aquel contexto, me refería a esas bandas de pop que estaban utilizando la electrónica como una especie de coartada moderna. Seguían haciendo lo mismo, pero metían elementos electrónicos para ser modernos. A mí eso siempre me pareció completamente falso. La electrónica tiene que tener su razón de ser en la propia canción. Tiene que ser algo sin lo cual la canción no funciona. Un elemento de peso. Si es algo cosmético, acabas en el esteticismo. Nosotros empezamos a samplear y demás, pero intentamos que todo estuviera muy integrado en la canción. Era parte de la canción. Este es un disco de cambio, ha cambiado la formación [el batería César Verdú dejó la banda y entró Fran del Valle, de Perro] y la instrumentación. Hay una tecnología diferente, y quizá eso haya hecho que esté más presente. Me apetecía.

Tus discos suelen ser reacciones a lo anterior, ¿pero solo son reacciones a tu propia trayectoria artística, o algo más?

Bueno, yo no soy una isla. Intento tener un discurso propio a la hora de crear, pero claro que cojo cosas de aquí y de allá. Luego las interpreto a mi manera, pero eso me pasa. Y no solo con música, también me influyen otras cosas. Otro tipo de artes, o influencias sociopolíticas.

Fran en la batería suena totalmente acompasado al rollo Schwarz, ¿cómo ha sido la adaptación?

Muy fácil. El tipo conocía los discos al dedillo, y ha sido muy fácil. En este disco ha aportado algo de su rollo, pero es que las viejas las clava. Se conoce el repertorio. No ha habido que hacerle entender de qué va el rollo musical de la banda, ya lo conocía.

¿Pensaste en él cuando salió César del grupo?

No. Mucha gente cree que el origen de lo de César es que surgiera León Benavente [César Verdú toca la batería en esta banda], pero no. El origen es que se fue a vivir a Barcelona. Y era inviable. Pero no, yo empecé Farniente y Juanma [Martínez, bajista] empezó a tocar con Lebowski. No había ningún plan con Schwartz. Ni de hacer música ni de disolver la banda. Fue el propio Fran, tomando una cerveza después de un concierto de Fasenuova en Alicante, el que me dijo que contara con él si necesitaba a un batería.

Las mejores decisiones se toman en bares.

Joder, de toda la vida. [Ríe]. La cantidad de bandas que se han hecho y deshecho en bares…sí, las decisiones se toman en bares.

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 En todo lo que he leído y escuchado a gente sobre Schwarz siempre se pronuncia la palabra intensidad. ¿Es algo ineludible para ti transmitir esa sensación?

Sí, y eso no significa que la música tenga que ser acelerada. Tío, poner toda la carne en el asador es totalmente necesario cuando quieres hacer algo creativo. Y que sea convincente, sobre todo para ti. Porque si tú no te crees lo que haces, nadie se lo va a creer. La intensidad es una inmersión. Tú tienes que sumergirte completamente en lo que estás haciendo. De ahí surge todo.

¿Siempre has conseguido que tu música sea convincente para ti mismo?

Tenemos reputación de tener un directo potente, pero después de tantos años también ha habido alguna noche horrible. En el caso de las grabaciones, cuando terminas un disco tienes que generar un compromiso contigo mismo, entre lo que querías hacer y lo que has conseguido. Al menos, si el resultado no es exactamente lo que tenías en la cabeza, que hayas puesto todo de tu parte para que lo sea. Creo que nos pasa a todos los músicos, y es algo que uno tiene que asumir para no llevarse desengaños. En la mente, los discos son ideales. Cuando lo llevas a la práctica hay muchos factores que no puedes controlar.

Hablas siempre de discos. Cuando te pones a escribir, ¿tienes todo el disco en la cabeza?

Qué va. Los discos tienen una unidad estilística porque se hacen en un tiempo relativamente breve, pero yo jamás he compuesto un disco pensando en algo rollo ópera rock. Todos los discos son colecciones de canciones. Todo eso de hacer una obra magna me parece muy pretencioso. No tengo ningún gran mensaje que comunicar al mundo.

Sí, de hecho siempre se habla de vosotros como algo muy intelectual, pero también hay un componente muy primario, vuestra música casi obliga a moverse. ¿Juegas un poco a conjugar esos dos extremos?

La gente que nos conoce sabe cómo somos. No pretendemos transmitir ningún rollo intelectual. El rollo es pasarlo bien, primero. Luego, bueno, precisamente ahora esto va a sonar un poco intelectual. Pero, mira, para mí el ideal sería poder aunar lo que las teorías de Gurdjieff, el Cuarto Camino y demás, defendían. Un desarrollo armonioso del hombre en todos los sentidos. Un avance paralelo del apartado físico, emocional e intelectual. Si yo pudiera hacer una música que apelara por igual a esos tres elementos, habría alcanzado el ideal.

De partida se podría pensar que tu música es escapista, pero si lo piensas bien se antoja una banda sonora del caos y la falta de armonía y la oscuridad en la que vivimos.

No sé si nuestra música es escapista. Hay muchos críticos sesudos obsesionados con que las bandas hagan comentarios políticos, cosa que me parece muy bien, yo a veces también los hago, pero es que hasta las maniobras de evasión son una declaración política. Parece que si no estás hablando de la situación en Siria no tienes compromiso político. Tío, el escapismo es una declaración política. En el sentido de decir: esto no me mola un duro.

Claro, realmente es tan político Bisbal como el cantautor que va a manifestaciones.

Exacto. Bisbal apela a los valores más conservadores de la sociedad española, con lo cual eso es una declaración política.

Siempre se os mete en el saco de la música experimental. Me parece una etiqueta tan absurda como la de novela de ideas. ¿No debería ser toda la música, en mayor o menor grado, experimental?

Sí, es verdad. A mí siempre me ha hecho mucha gracia que me digan que hacemos música experimental. El que piensa eso solo demuestra su pobreza musical. Joder, experimental es La Monte Young. Nosotros hacemos rock. Vale que hay algún compás un poco más extraño, pero nosotros hacemos rock.

Nik Cohn dice que, desde 1968, el rock ha avanzado como industria, pero formalmente no ha evolucionado nada. ¿Se puede seguir innovando?

Joder, claro. El que opine lo contrario es el abuelo cebolleta. Eso de cualquier tiempo pasado fue mejor…ya, tío, cualquier tiempo pasado fue mejor porque tú eras más joven. Claro que se sigue innovando. Lo que pasa es que algunos piensan que se debe avanzar siempre en una determinada dirección, y no. Si coges el pop y el rock y piensas que con la misma forma de pensar de siempre se puede innovar, pues vas a tener problemas. Pero con la instrumentación básica del rock se han seguido haciendo muchas cosas. El que dice que desde el 68 no se ha hecho nada nuevo es que no ha escuchado nada desde el 68.

Es como esa gente que dice que no hay buen rock desde que murió Kurt Cobain, y luego resulta que no han escuchado nada desde que murió Kurt Cobain.

Efectivamente. O el que dice que ya no se hacen películas como las de antes. Claro, tío, ¿cuándo fue la última vez que fuiste al cine?

Schwarz es una de las bandas más valoradas en el underground de este país y, seguramente, de Europa. ¿Cambiarías ese reconocimiento por un poco de atención mediática de la superficie?

No me lo planteo. No tengo vocación underground, pero tampoco de lo contrario. Sigo mi camino a sangre y fuego. Hago algo en lo que creo y que me apetece. Ya está. Si a través de eso viene algo mayor, de puta madre, pero vamos, me da igual.  Nosotros no nos podemos quejar de reconocimiento aquí en Murcia, porque hasta cierto punto funcionamos. Pero soy consciente de que somos una rara avis. Hay grupos como Second que, en cierto sentido, han creado escuela. Hay un cierto tipo de grupos que se miran en ese espejo. Con nosotros no ha pasado.

Pero tampoco aspiras a eso, ¿no?

No, no, con nosotros no ha pasado ni falta que hace. Lo que está claro es que no tenemos nada que ver con la música que se está apoyando, que va toda en una dirección, buscando la viabilidad comercial por encima de la creatividad. Yo no estoy nada de acuerdo con eso, por supuesto.

Supongo que para seguir ese camino propio es básico estar muy convencido de lo que haces.

Claro, si no hubiéramos tenido las cosas claras ya habríamos tirado la toalla. Hace años. Lo que pasa es que, para mí, tirar la toalla no es una opción. Como bien me dijo un amigo hace tiempo, esto es un sacerdocio. Yo soy un sacerdote, no puedo renegar de mi fe.

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Está establecido que este tipo de música es minoritaria. Al final, son patrones culturales, ¿crees que eso podría cambiar?

No me lo planteo. Es algo que yo no puedo cambiar, así que no me quita el sueño. Hombre, ojalá, pero no por nosotros, sino para que se abriera un poco el abanico de músicas interesantes. Joder, yo sería el primero en agradecer poder ir a buenos conciertos. Porque, joder, tío, yo veo que aquí hay muchísimos conciertos, pero miro la agenda y es que no iría a ninguno.

Antes hablábamos de que César se ha ido a Barcelona. ¿Alguna vez te has planteado seguir con la banda en una ciudad con más recorrido underground?

No, es que no se puede saber. Y yo qué sé, la respuesta que hemos tenido en Murcia no ha sido mala. Jamás he pensado en irme por eso. Hace muchos años le escuché algo muy certero a Nacho [Álvarez], bajista de Manta Ray. Le preguntaban por qué Manta Ray seguían en Gijón y no se habían ido a Madrid, y el tipo respondió que a él siempre le había parecido muy paleto eso de irse a triunfar a Madrid. Joder, es que Los Planetas nunca se fueron de Granada, y Surfin’ Bichos nunca se fueron de Albacete. Yo creo que el rollo de Madrid y Barcelona está sobrevalorado. Hay más infraestructura, pero al fin y al cabo está internet. Es más fácil hacerte escuchar, porque se requiere poca tecnología, pero también más difícil, porque hay millones de bandas por ahí.

¿En la nación subterránea se está mejor que en la superficie?

Hombre, yo vivo en la nación subterránea. No sé cómo se estará en la superficie, pero yo estoy muy a gusto en la nación subterránea.

Asier Ganuzaren argazkiak.

Santini Rose
Santini Rose
Soy periodista. A veces me meso la barba y las personas a mi alrededor creen que estoy pensando en algo muy profundo. Cuando hay personas a mi alrededor, quiero decir. Por cierto, están guapas esas presentaciones en las que uno habla de sí mismo en tercera persona, ¿sabes cómo te digo? rollo: Santini nació en la murciana aldea de Fuente Librilla allá por 1992. Hijo de maestros, demostró desde muy pequeño...ese rollo. Qué risas. Otra cosa: si sabes algo de Pedro, el pescador mellado de La Manga al que no dejan entrar en ningún bar, ponte en contacto conmigo. Le echo de menos.

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