Agitad y bebed todos del rock & roll porque todos somos Pepsicolos

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Llego tarde, como siempre.  Aparco el coche todo lo rápido que puedo.  Me dirijo a 12&Medio a ver por fin a Novedades Carminha,  pienso en que no llegaré a los 60. En la puerta Rafa y Adrián me tranquilizan, -va todo con retraso, ahora mismo están los teloneros-. ¿Cigarro en la calle o concierto? Al fin entro. Hay mucha gente y se escuchan guitarras y gritos. ¡Ahí va, pero si los teloneros son punkys! La noche promete. Un tipo con barba no para de cambiarse de gorra; “somos Los Pepsicolos, nosotros somos el rock & roll”, el público no deja de mirarlos como si de un viral se tratase. Siguen tocando y efectivamente hacen rock & roll, hablan de El Palmar, se meten con la banda a la que telonean y les da todo igual. ¿Estoy ante una banda autentica o es un espejismo? Suena “Brazo Robot” y me quedo embobada ante tal sugestión, ya no hay vuelta atrás. El estribillo me persigue…”cambios, cambios, David Bowie maricón”…  Estoy ante el Frank Zappa murciano y quiero conocerlo.

Pasan unas semanas y conozco al Zappa en una feria de fanzines. Se llama Nacho, o como a él le gusta llamarse “Ignacio del Espacio”. Lo felicito por dejarme boquiabierta en el concierto mencionado. Me habla de una nueva forma de hacer las cosas, del resurgimiento de la actitud del rock & roll: “Queremos que nuestra banda sea la más grande del mundo y que quien quiera ser Pepsicolo pueda serlo. ¿Qué sabes hacer tú? Pues lo haces en nuestros conciertos. Nosotros queremos cambiar el mundo”.

Pienso que todas las bandas son pretenciosas pero su entusiasmo es contagioso. Nacho del Espacio parece un tipo humilde y feliz, con grandes esperanzas y sueños, quizá eso es lo más revolucionario que puedes encontrar hoy en día. En una industria musical encorsetada, más pendiente de crear productos, que en encontrar autenticidad, Los Pepsicolos con cuatro conciertos a sus espaldas, no intentan nada, solo disfrutan de su felicidad y creen que la música es un medio para difundir su mensaje.

Aunque la humanidad puede formar parte de Los Pepsicolos, en el escenario son tres: Long York Silver (bajo, coros y chicle), Muhamar al Habib (batería y coros) y Nacho Space (vocalista y guitarra), todo comenzó cuando el último se compró un ukelele en Amsterdam y versionaron el “Feelgood In” de Gorillaz.  “Los tres somos anarquista cósmicos, además de ser felices. Creemos que el rock & roll existe desde antes de que naciera humanidad. Cualquier acto de subversión es rock & roll. Es una lucha contra la realidad. Tu mente tiene claustrofobia, lo quiere controlar todo. La realidad se escapa”. Me comenta Nacho mientras apunto tantos titulares en una hoja como puedo.

entrevista-los-pepsicolos“Respirar, abrir el pecho, estar abierto a la belleza sutil. Creemos en los espejos, si tú ves a alguien siendo feliz, sin pensar puedes recordar cuando eras inocente. El problema principal es que no se usa la imaginación, la verdadera libertad es la imaginación”, me dispara. Le pregunto por la escena murciana, si existe o que le parece… Pasa totalmente de eso. Le hablo de mi experiencia en 12 & Medio: “cuando nos ves en directo te quedas con la sensación de, ¿qué ha pasado aquí? Es incatalogable, no importa lo que ha pasado, lo que importa es que ha ocurrido y tú ahora formas parte de la banda. Lo que decía Metallica –you are Metallica, we are Metallica- es mentira. Dime que estás contento pensando en Los Pepsicolos. Es una casa okupa sin representación física”.

Me siento Pepsicola. Respiro, ¿cómo me entrevisto a mí misma? Despierto del breve lapsus: ¿Pensáis editar algo? “Todo nos va llegando rodado, vamos a grabar 16 videoclip” ¿16?, joder. “Ahora mismo lo más grande es que siento que estoy en contacto con una fuente verdadera que nos hace sentir mejor. Para protegernos de fuentes conformistas pedimos ayuda a Jimi Hendrix y a Rosendo Mercado. Tengo la esperanza de que el nuevo rock & roll resurja y de que pueda volver a congregar un estadio”.

Si todo esto está muy bien, pero si editáis en algún momento os van a…”¿ A meter en una caja?” me corta con una sonrisa. “Hay una canción de Malvina Reinolds que se llama Little Boxes y habla de pequeñas cajas en las que se quiere meter la gente. Todos quieren meterse en una caja y nosotros no queremos cajas. No queremos vivir de esto, queremos vivir con esto”.

Nacho me confiesa que les haría mucha ilusión tocar en las fiestas de Vistabella, en su barrio, en el festival Pink Pop y en la estación espacial de Houston, Texas. En la NASA. Sería brutal. También me dice que quiere que David Bowie les produzca un tema. Como ahora ha vuelto a Marte y si tocan en la NASA se podría intentar.

Le comento a Nacho por qué no usan ni tiene perfil la banda enredes sociales para promocionarse: ”no somos un grupo convencional, y no queremos ser convencionales. Hay unas estructuras discográficas que no nos molan” …Volvemos a las cajas… “Si quieres los temas, pídemelos y yo te los paso. Nuestros ensayos están abiertos”. ¡Vais a ser la banda más grande del planeta!, exclamo a Nacho del Espacio. “Si la gente no sonríe, no hay iniciativa”.

Enredada en su epifanía espacial, me pregunto si estamos ante un nuevo orden o si Los Pepsicolos seguirán siendo una rara avis perseguidos por muchas estrellas de la muerte. En un mundo decadente su refresco promete inyectar altas dosis de rock & roll, con una genuina dosis de frescura. Es una vuelta a lo robado en la adolescencia, una forma de vida que abusa de la imaginación, sin aditivos y sin ningún tipo de complejo.

Es quizá un clamor a ese espíritu aventurero de la búsqueda de la autenticidad que se fraguó en los años sesenta. A mí de momento me han convencido, viven lo que hacen. Porque sentir lo que estás haciendo, también está muy bien, pero vivirlo es lo coherente, y en pleno siglo virtual ser Pepsicolo no está de más. “No te enseño a darte un masaje, yo te doy un masaje. Vivir es ganar y somos campeones de la suerte. Arriba Los Pepsicolos”. Y levanté mi vaso y desperté rodeada de guitarras y cola cao. Alguien me había escrito en el brazo “Today your love, tomorrow the world”.

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Carrie Palmer
Carrie Palmer
Amante de la música, devota de la estética de la cultura pop. Saganiana, melómana, bailarina y mitómana.

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